10 de marzo de 2018

Las primeras tres sinfonías de Tchaikovsky no tienen las características autobiográficas indiscutibles de las tres posteriores. En cambio, hay un pronunciado sentido de expresión popular que parece estar más relacionado con sus espléndidas partituras de ballet. La Segunda sinfonía representa quizá el mayor acercamiento con la filosofía artística de sus compatriotas declaradamente nacionalistas (hay citas de canciones folclóricas en los cuatro movimientos), es también la más declaradamente alegre; en ninguna parte entre todas sus obras de conciertos se muestra en tal abundancia de buen humor.

Cuando Tchaikovsky completó la versión original de esta pieza en noviembre de 1872 había compuesto tres óperas, pero muy poca música orquestal además de su Primera Sinfonía y la Obertura-fantasía a Romeo y Julieta. Ambas obras habían sido revisadas para entonces y cada una de ellas iba a ser sometida a una nueva revisión algunos años más tarde; la Segunda Sinfonía fue especialmente importante para él como un esfuerzo consciente y en buena medida exitoso para fortalecer su comprensión de la forma sinfónica.