Achúcarro toca este fin de semana con la OSN

Publicado: febrero 11, 2014 Última Modificación febrero 11, 2014 Por: adminmusica

Joaquín Achúcarro (1932), pianista vasco, estudia no menos de cuatro horas diarias –“a ser posible, seis – , natación bici, clases en su cátedra de la Southern Methodist University de Dallas, y conciertos por buena parte del mundo; todo esto lo mantiene activo a sus 82 años, y más de 50 de carrera junto al piano. Este viernes 14 a las 20:00 hs. y el domingo 16, a las 12:15, disfrute de este magnífico pianista tocando el cuarto concierto para piano de Beethoven, con la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Carlos Miguel Prieto.

Además, el programa ofrece unas piezas de Gabrieli (1558-1613), compositor rara vez escuchado en México, y la quinta sinfonía de Beethoven. La siguiente entrevista realizada por Jesús Ruiz Mantilla al pianista, se celebró en Madrid en noviembre, 2013.


Pregunta. Visto con distancia, ¿cometió errores de juventud?
Respuesta. ¿Estupideces? Pues sí, como por ejemplo que me ofrecieran tocar Noches en los jardines de España, de Falla, con una gran orquesta y decir que no para que no me tomaran por el típico pianista de repertorio español. Luego las he hecho 180 veces, textual, aunque Emma, mi mujer cree que es poco… O rechazar un contrato con Philips para grabar Saint Saëns… Me aburriría.

P. ¿Se arrepiente?
R. Pues, no. Aunque fueran oportunidades desaprovechadas, más si se ve ahora que nos encontramos una avalancha de promesas y también de payasos y charlatanes para un solo mercado que no crece ni ha crecido. P. Pero ustedes, los pianistas, siempre han sido aparte. Raros. R. Ahora más, quizás se multiplica el tópico.

P. Como usted, que es un vasco que monta en bici. Típico.
R. Tengo una, monto y también nado. En Dallas soy tan importante -25 años llevo allí- que me dejan entrenar cuando lo hace el equipo de natación. Yo me entero cuando a mi lado pasa un torpedo y es una cría de 16 años haciendo pies. No me acomplejo, eh. Lo que pienso es si al pasar los 80 seguirá nadando.

P. ¿Tenemos idealizado el pasado musical en cuanto a rigor?
R. Creo que sí, yo me pregunto cómo saldría el cuarto concierto de Beethoven el día que lo estrenó, con un frío terrible y cuando por la tarde no habían llegado las partituras. Tuvo que ser una mierda. Desde que grabamos discos tenemos un gran hermano que nos vigila y nos ayuda a ser más rigurosos, más rápidos o más cursis…

P. El piano y usted, ¿todavía se quieren?
R. Vivimos una relación de amor odio, pero es amor… Hay tres tipos de pianos: el amigo, el enemigo y el traidor. Uno da lo que le pidas, con el otro sólo te queda luchar y el tercero, en el momento supremo, te falla.

P. El viernes dos etarras abrazaban a la mujer de un ertzaina asesinado, ¿vamos bien?
R. Hombre, eso espero, quisiera ver el final de ese conflicto, desde luego.

P. Cuando está en Dallas, ¿qué echa de menos de Bilbao?
R. Mi casa, el desorden de mi estudio y cosas con diminutivo: habitas con tropiezos, merlucita cocida, el bacaladito al pil pil…

P. ¿Qué compositor es el que más le ha sacado de sus casillas?
R. El jodido sordo —Beethoven— por su forma de componer. Si hay que describirle con una palabra es energía. Todas aquellas estridencias se debían a que no oía. Así como Mozart, cuando escribe la entrada de un concierto de piano dice: “Hola, buenos días”, este otro te suelta un tratado de filosofía. Lo hace como si quisiera torcerle el cuello al destino. Tengo tantas preguntas…

P. ¿Cuáles?
R. ¿Por qué cuando alguien quiere evocar la luz de la luna lo hace con las teclas negras? ¿Por qué? Chopin, Debussy, Ravel, trazan sonidos como azules. Cuando miro hacia
adentro me encuentro con una cantidad de enigmas que me dan ganas de cerrar la
persiana.

P. Pero si usted es expansivo y extensivo.
R. Ya, pero me pregunto. Sobre el karma, por ejemplo, que para mí es el código genético, la materia negra del universo, preguntas que generan más preguntas…

P. ¿Cuál es la que más le agobia de todas?
R. Qué hay detrás de acabar mi carrera con preguntas sin respuesta, eso. Pero no me ha tirao el caballo. Voy a tocar en el Festival de Verbier, en Suiza, ahora llega el Festival Achúcarro en Bilbao y en Dallas, cuando anuncié que quizás me retiraba, me dijeron: “no way” y han montado una fundación. Hay críticos que me ven más débil, pero sigo subiendo la cuesta de mi casa en bici con un desnivel entre el 8 y el 10%.

P. Sano y guapo.
R. Últimamente me lo dicen más, pero el guapo era mi hermano. Yo soy bajito y el último que se vistió con pantalón largo en séptimo de bachiller.

P. ¿Qué hubiese querido ser de no convertirse en pianista?
R. Buzo, piloto, tener una relación grande con el mar, pero he dejado de hacer tantas cosas porque tengo que estudiar. Y eso, que Emma, se ocupa…

Fuente: Jesús Ruiz Mantilla, en El País


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