Atlántida de Manuel de Falla (1876-1946)

Publicado: marzo 2, 2017 Última Modificación marzo 2, 2017 Por: adminmusica

El último gran sueño de Manuel de Falla

 

Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo, dirige Josep Pons

 

En septiembre de 1920 Manuel de Falla se instaló en Granada donde residió hasta el 28 de septiembre de 1939, día en que viajó a Barcelona para embarcar con rumbo a Argentina, su último destino. Esta vida en Granada, a proximidad de la Alhambra, el mítico monumento que había inspirado sus Noches en los jardines de España y que estará presente en la tercera parte de Atlántida, permitió la eclosión de una nueva

etapa de su evolución creadora que se tradujo, fundamentalmente, en un desprendimiento progresivo del material folclórico en beneficio de las fuentes históricas y en una mayor claridad, concisión y objetividad en la escritura y en la forma. A lo largo de sus seis primeros años de estancia en Granada compuso dos obras que constituyen dos de los máximos logros de la música española del siglo XX: El retablo de maese Pedro y el Concerto para clave y cinco instrumentos.

 

Falla dedicó tres años a la composición del Concerto, apenas catorce minutos de una música quintaesenciada que alcanza los límites de la tonalidad. Se encontró ante un callejón sin salida y renunció a seguir un camino que le hubiese conducido a la atonalidad y a las microformas. Decidió entonces componer una obra monumental: Atlántida, su proyecto más ambicioso al que dedicaría sus últimos veinte años de vida sin lograr terminarlo. Durante este largo período casi todos sus trabajos, desde la música incidental para El gran teatro del mundo de Calderón hasta las “interpretaciones expresivas” de obras polifónicas del Renacimiento español, pueden considerarse como estudios preparatorios para la composición de Atlántida.

 

Veamos ahora las circunstancias precisas en las que se desarrolló la génesis de la obra.

 

En 1926, Falla, que ya había oído hablar del poema L’Atlàntida de Verdaguer, hizo un viaje en compañía de su amigo Juan Gisbert Padró que cuenta así el nacimiento del gran proyecto del compositor: “Cuando se celebró, en el año 1926, en Zurich, el festival de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea, al terminarse nos trasladamos a Milán. En el tren hablamos de un sinfín de cosas, y entre ellas me dijo

que como había hecho La vida breve y El amor brujo, para Andalucía; El sombrero de tres picos, para Aragón; y El retablo de maese Pedro, para Castilla, tenía un enorme interés en hacer algo para Cataluña, a la que quería muchísimo, por las

continuas demostraciones de afecto y cariño que había recibido en Barcelona […]. Entonces fue cuando le insinué que hiciera la Atlántida […] Transcurridos unos cuatro meses, fuimos a París, con motivo de celebrarse el 50 aniversario de don

Manuel. […] Cuando estábamos comiendo en un restaurante, Falla nos dijo que ya tenía principiada la Atlántida”.

 

Según el testimonio de Juan Gisbert, Falla ya había iniciado la composición de Atlántida en la primavera de 1927 y sabemos que en esa época esperaba poder terminar la obra para la exposición ibero-americana de Sevilla de 1929. Sin embargo, en la fecha prevista, Falla sólo estaba iniciando la transformación del poema de Verdaguer en libreto y la investigación de fuentes de inspiración y de modelos musicales. De hecho, el más antiguo de los manuscritos musicales relacionados con Atlántida conservados en el Archivo Manuel de Falla está fechado el 9 de diciembre de 1928: se trata de un esbozo de los primeros compases del “Prólogo”.

 

Los elementos simbólicos y alegóricos son muy importantes en el poema de Verdaguer. Frédéric Mistral escribió el 18 de julio de 1877 al poeta catalán: “Después de Milton (en su Paradise lost) y después de Lamartine (en su Chute d’un

ange), nadie había tratado las primordiales tradiciones del mundo con tanta grandiosidad y potencia”. Como muy bien sugiere el escritor francés, estamos ante una nueva versión de El paraíso perdido de John Milton (1667): el hombre, usando mal su libre albedrío, perturba la armonía de un mundo perfecto y cae, pero el género humano será salvado por la Encarnación, Muerte y Resurrección de Cristo. Sin embargo, estas nociones judeocristianas de pecado y redención se conjugan aquí con la mitología griega y con la evocación de la figura de Colón: en la conclusión de la obra, la reina Isabel de Castilla da sus joyas para que Colón pueda comprar naves

y haga “rebrotar en otro hemisferio, junto con la española pujanza, el árbol de la Cruz […]”.

 

La complejidad del poema de Verdaguer, del que podría extraerse la materia de varias óperas, explica la gran diversidad de fuentes de inspiración y de documentos de toda índole a los que recurrió Falla para escribir la obra. Durante la larga gestación de Atlántida reunió y estudió una impresionante documentación: a título de ejemplo, se conservan en su biblioteca personal 16 ejemplares del poema de Verdaguer en diferentes ediciones, obras de filósofos de la Antigüedad clásica, libros relacionados con el mito de la Atlántida, la historia de Cádiz, Cristóbal Colón, la conquista del Nuevo Mundo, la civilización y la cultura de América latina, la lengua

catalana… En cuanto a la documentación musical, Falla manejó un sinfín de fuentes: música de la Antigüedad griega, música de los Incas, música popular india, música popular italiana, música popular catalana, música de Oriente próximo, música japonesa, china e indochina, música de los siglos XIII y XIV, música española del siglo XVI…

 

Al comienzo Falla se lanzó en el proyecto con entusiasmo, si bien tuvo que enfrentarse de inmediato a un delicado problema: Darius Milhaud y Paul Claudel también trabajaban en ese momento en una ópera sobre Colón de la que José María

Sert debía realizar los decorados y el vestuario. Pero todo se arregló porque Sert sólo colaboró con Falla a quien Milhaud dedicó su ópera Cristóbal Colón que se estrenó el 5 de mayo de 1930 en la Staatsoper de Berlín.

 

Sin embargo, a partir de los años 1930, la enfermedad y las obligaciones de su vida diaria redujeron considerablemente el ritmo de trabajo de Falla. Hemos visto que el primer manuscrito musical de Atlántida data de 1928; durante cerca de veinte años

redactó innumerables borradores y contempló muy diversos lugares y circunstancias para su representación, pero al morir, el 14 de noviembre de 1946, dejó su obra en gran parte inacabada. Sergio de Castro, que tuvo numerosos encuentros con Falla en su último año y medio de vida, nos ofrece informaciones preciosas sobre los esfuerzos que dedicó casi hasta el último momento para realizar su gran proyecto: “Soy testigo de que Falla trabajó sin descanso en Atlántida hasta el

final, con el ardiente deseo de tener salud y tiempo suficientes para terminarla”. Y el último manuscrito de la obra está fechado el 8 de julio de 1946: se trata de un borrador del aria de Pirene.

 

El dossier de los manuscritos musicales de Atlántida es muy variado: desde simples apuntes preparatorios hasta la orquestación de secciones enteras. En síntesis, la situación es la siguiente: el “Prólogo”, cuya composición inició Falla en diciembre de 1928, está completamente terminado y orquestado, a excepción de algunos compases del “Hymnus Hispanicus”; la 1a  Parte está bastante avanzada, pero no orquestada; Falla sólo ha dejado borradores parciales de la 2a Parte –la más larga– así como numerosos apuntes de trabajo; existen borradores muy avanzados de la 3a  Parte, que contienen incluso indicaciones para la orquestación.

 

Ernesto Halffter, su discípulo, se encontró pues ante una tarea extremadamente difícil y delicada, y dedicó a la terminación de Atlántida seis años de trabajo, desde agosto de 1954 hasta septiembre de 1960. El estreno tuvo lugar en versión de concierto el 24 de noviembre de 1961 en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, bajo la dirección de Eduardo Toldrá, y en versión escénica el 18 de junio de 1962 en el Teatro alla Scala de Milán, bajo la batuta de Thomas Schippers. La versión definitiva, considerablemente aligerada, se estrenó el 9 de septiembre de 1976 en el marco del Festival de Lucerna, dirigida por Jesús López Cobos.

 

¿Por qué no terminó Falla Atlántida? Propondremos tres clases de razones: los problemas vitales, las dificultades musicales y la organización de su trabajo compositivo.

 

En lo que se refiere a los aspectos humanos, destacaremos la salud frágil de Falla y las obligaciones a las que tenía que enfrentarse cada día, en particular la de contestar personalmente numerosas cartas. Por otra parte, el filósofo Luis Jiménez, que conoció muy bien a Falla, subraya los problemas existenciales del compositor y nos ofrece una descripción psicológica de lo difícil que era para él vivir en el mundo en el que le había tocado vivir: “[…] en el fondo, no la podía terminar. Era su compensación, su asidero y su viático, en un mundo en el que se experimentaba radicalmente alienado; a pesar de la solícita comprensión de los amigos que le rodearon hasta última hora, la hosca presencia de ese mundo circundante –de nuestro mundo de hoy– le perseguía con su presión incoercible”.

 

Consideremos ahora los aspectos musicales. Nuestra hipótesis es que Falla se enfrentó a un problema considerable: el de la gran forma. En efecto, su obra acabada más larga es el drama lírico La vida breve, que dura apenas una hora, y después su trabajo creador se materializó en pequeñas formas o agrupaciones de pequeñas formas. La última obra que terminó antes de dedicarse a la composición de Atlántida, el Soneto a Córdoba de Luis de Góngora (1927), dura unos tres minutos, y durante el largo proceso creativo de Atlántida sólo compuso tres obras originales: la Fanfare sobre el nombre de Arbós (1934, 1’10’’), Pour le Tombeau de Paul Dukas (1935, 3’30’’) y “Pedrelliana”, núm. 4 de la suite Homenajes (1938-1939,

10’).

 

Por fin, el último elemento de explicación se desprende de la manera de trabajar de Falla. En efecto, cuando abordaba la composición de una obra, consultaba numerosos libros y partituras de los que extraía ideas, sensaciones y modelos musicales cuya esencia integraba a su discurso. A escala de un proyecto de la envergadura de Atlántida este planteamiento se volvió, como hemos visto, enciclopédico y constituyó un serio obstáculo en la progresión de la escritura de la obra. Falla quiso que una multiplicidad de formas y de expresiones del arte musical, desde la Antigüedad griega hasta los procedimientos del siglo XX, estuvieran representadas en Atlántida. Y esta búsqueda de sincretismo musical es lo que

consideramos el mensaje más importante de este gran esfuerzo artístico. Sin embargo, este sueño fue una trampa porque el tema escogido y la monumentalidad del proyecto le llevaron a seguir múltiples pistas y, en consecuencia, a redactar innumerables borradores que no logró reunir en un todo coherente.

 

¿A qué género musical pertenece Atlántida? En la partitura terminada por Ernesto Halffter y editada por la casa Ricordi la obra es presentada como una “Cantata escénica en un Prólogo y tres partes”. Sin embargo, Falla no empleó el término “Cantata” sino, en distintas ocasiones, el de oratorio. Así, por ejemplo, escribió el 5 de julio de 1928 a Sert: “[…] se me ocurre, querido Sert, como mejor solución por el momento, hacer las primeras audiciones de la obra sin representación (como un Oratorio) dejando para un poco más tarde la realización escénica”. En efecto, el carácter monumental de la obra, el papel atribuido al coro y al corifeo, que narran la acción y expresan sólo sentimientos colectivos, hacen de Atlántida una especie de inmensa ópera-oratorio que mezcla lo sagrado y lo profano, los textos litúrgicos, la historia y la leyenda, y trata de establecer un puente entre dos mundos: el mito platónico de una ciudad sumergida a causa de su avidez y de su sed de poder, y la idea cristiana de la redención y de la salvación. No olvidemos, por otra parte, que a partir de 1920 ciertos compositores restablecieron la tradición del oratorio haendeliano y esto orientó ciertamente a Falla en su decisión de componer Atlántida, tanto más cuanto que dos compositores con los que estaba en relación renovaron el género del oratorio: Honneger (El Rey David, 1921) y Stravinsky (Œdipus Rex, 1926-1927).

 

Falla no logró terminar Atlántida, pero sus manuscritos nos transmiten la idea, el sueño y el programa de una música sincrética que busca sus fuentes a escala planetaria, y quiere realizar la síntesis del mundo antiguo y del mundo moderno, del Mediterráneo y del Atlántico, de Oriente y Occidente, del mito platónico y de los mitos hispánicos, amalgamados en una extraordinaria sucesión de cuadros legendarios y proféticos.

 

Fuente: Yvan Nommick para la Orquesta y Coro Nacionales de España

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