Bach en la historia: la Ilustración

Publicado: agosto 12, 2015 Última Modificación agosto 31, 2016 Por: adminmusica

por Francesco Milella

Felix Mendelssohn Bartholdy tenía tan solo veinte años cuando en 1829 presentó en Berlín “La pasión según San Mateo”, de Johann Sebastian Bach. Habían pasado casi ochenta años de la muerte del gran compositor alemán; pero esa noche el clima que se respiraba era el de un estreno mundial: se iba a presentar una música totalmente nueva, que nadie realmente conocía.

¿Qué había pasado en los ochenta años después de la muerte del gran genio alemán? ¿Por qué la música de Bach resultaba completamente desconocida a la misma sociedad europea que en Londres, en Weimar, en Milán había aplaudido a sus hijos?

Bach muere el 28 de julio de 1750, una década en donde la música barroca tradicional estaba dejando rápida y drásticamente su lugar a la estética del clasicismo y, por lo tanto, de la sinfonía, reina de la música en la segunda mitad del siglo. En Milán, con los hermanos Sammartini, y en Mannheim, con Johann Stamitz y Christian Cannabich, esta forma musical logrará alcanzar una forma estable y sólida que Haydn y Mozart entregarían definitivamente a la historia.

Pero había algo más que en esos años estaba radicalmente cambiando el mundo musical: la ópera. Abandonando la rígida y geométrica estética de Pietro Metastasio, que por casi un siglo había dominado el mundo teatral europeo, la ópera estaba cediendo frente a una dramaturgia más libre y elástica, que Gluck y su libretista Calzabigi extremizarán con “Orfeo y Eurídice” en 1762. Rossini nacerá solamente treinta años después.

Frente a un cambio tan rápido y drástico, Bach desaparece por completo. Su música profundamente espiritual y compleja ya no logra encontrar un público interesado ya que las nuevas instancias filosóficas de la ilustración estaban cambiando totalmente el gusto de las élites.

La nueva burguesía europea, que a partir de 1789 tomará lentamente el control de la cultura occidental, ya no es capaz de apreciar el misticismo de una cantata o la belleza contrapuntística de una partita de Bach.

Son pocos los intelectuales que a finales del siglo XVIII entienden el valor de su música. Entre ellos el barón holandés Gottfried van Swieten (1733-1803) se da a la tarea de archivar en su biblioteca de Viena una cantidad impresionante de partituras de Handel y sobre todo de Bach, dando así la oportunidad a compositores y músicos de estudiarlas y difundirlas. Gracias a él, Haydn, Mozart y, más tarde, Beethoven tendrán el privilegio de acercarse al arte de Bach.

Y así, por mérito de estos finos y cultos intelectuales, el nombre de Bach logra superar las revoluciones culturales del siglo XVIII y entrar finalmente en el siglo XIX, el siglo del romanticismo, pero sobre todo del historicismo y del nacionalismo.

Con el Congreso de Viena en 1814 nace una nueva Europa: los nuevos estados necesitan una nueva identidad, una nueva sociedad, una nueva cultura. Comienzan a mirar a su pasado, a sus tradiciones, a aquellos artistas que hicieron grande su historia. Alemania descubre así a Bach, artista de altísimo nivel, luterano paradigmático, enemigo de la ópera italiana y francesa, fiel a a su familia y a su religión. En fin un perfecto alemán capaz de representar todos aquellos valores que el romanticismo y el nacionalismo alemán querían difundir.

Fueron estos los elementos que dieron vida a la “Bach-Renaissance” que llevará en 1829 a presentar “La pasión según San Mateo”, con la instrumentación y bajo la dirección de Felix Mendelssohn Bartholdy y, finalmente, en 1850 a la Bach-Ausgabe, la primera edición crítica de todas sus obras conocidas en ese momento.

 

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