La Mélodie française (III)

noviembre 19, 2016 1:43 pm

Gabriel Fauré (1845 – 1924) y Ernest Chausson (1855 – 1899)  

La musa simbolista

Claire de lune de Gabriel Fauré

Louis Landuyt, barítono y Catherine Van Loo, piano

Clair de lune representa una de las primeras incursiones de Fauré en el ámbito vocal al que retornaría tantas veces como el maestro absoluto de la mélodie –entre sus canciones destacan Mélodies de Venise, Op. 58 (1891), La Bonne Chanson, Op. 61 (1892-1894) y el fantástico divertimento Masques et bergamasques, Op. 112 (1919), en la que Clair de lune halló su sitio predestinado. Es inevitable la comparación con la música de Debussy inspirada en el mismo texto, misma que aparece como en la primera colección de Fêtes galantes (1891) y como un movimiento de la célebre Suite Bergamasque para piano.

Spleen de Gabriel Fauré

Philippe Jaroussky, contratenor y Jérôme Ducros, piano

La segunda de las canciones de Ariettes oubliées de Debussy titulada Il pleure dans mon cœur (texto de Verlaine) fue publicada en 1888. No hay evidencia de que Fauré, quien uso ese mismo poema bajo el título Spleen, fuera influenciado por la versión del joven compositor quien seguía bajo el “hechizo” de Massenet, con suntuosas líneas vocales de amplio rango y armonías pensadas para deleitar al escucha. En cambio, Fauré apunta a un carácter  verista oscuro e intenso. Spleen es mucho más dramática; evoca con efectividad la caída de la lluvia en la miserable habitación que Verlaine compartía con Rimbaud en Camden Town, en el norte de Londres, en el otoño de 1872. La construcción de Fauré es muy lograda, quizá más que la de Debussy. El verso ‘Quoi! nulle trahison’ en Debussy aparece como un recitativo; en Fauré esta exclamación desesperada se inserta amenazante en el movimiento continuo de la canción. El diminuendo, así como el estático movimiento armónico en el piano luego de ‘Sans amour et sans haine’, lo dice todo. ‘Mon cœur a tant de peine’ ocurre como una escala descendente, desprovista de toda confianza; podemos imaginar al poeta mirando desolado la pared. El postludio de siete compases es poco demostrativo, la depresión desamparada se hunde en una profunda infelicidad.

Automne de Gabriel Fauré

Philippe Jaroussky, contratenor y Jérôme Ducros, piano

Con toda justicia Automne es una canción que pertenece a un selecto grupo de favoritas en el repertorio. Este es el segundo de tres textos de Silvestre que fueron musicalizados por Fauré, obra que opta por el drama antes que el encanto; los otros dos son Le voyageur y Fleur jetée. Cuando fue compuesta, Fauré tenía 35 años, apenas lo suficientemente maduro para juzgar su producción juvenil con una mirada crítica. Dicha madurez se observa en el calmo y dulce interludio pianístico que florece como una introducción del verso intermedio de la estructura ABA. Esta sección conduce al ‘Mes vingts ans avaient oubliées!’ que culmina con uno de los clímax vocales más poderosos de la mélodie francesa –un fa sostenido alto- en el final de la frase. El postludio encuentra una culpa acusadora, primero con vehemencia y luego con indiferente frialdad.

Chanson perpetuelle de Ernest Chausson

Felicity Lott, soprano, Christophe Poiget, Jean-Claude Bouveresse, violines; Philippe Dussol, viola; Hugh Mackenzie, cello; Stéphane Petitjean, piano. Dirige Armin Jordan.

Chausson estaba familiarizado con las obras de Schubert, Schumann, Mendelssohn, Beethoven y Bach antes de heredar el espíritu feliz de Jules Massenet y un entendimiento de la riqueza armónica y la forma cíclica de Cesar Franck, con quienes estudió en el Conservatorio de Paris. Habiendo completado sus estudios de abogacía, el inicio tardío de Chausson en el entrenamiento musical formal requirió muchos años de persistencia para alcanzar refinación. De hecho, fue hasta poco antes de su muerte que Chausson inicio su tercer y más exitoso periodo compositivo (1894-1899) durante el cual dominó la técnica y adoptó nuevas maneras de pensar sobre la escritura musical. La música de sus primeros dos periodos, con líneas melódicas definidas, armonías elegantes y estilo elaborado y dramático mostraban la influencia de Wagner y Massenet, mientras que el tercer periodo gana en sutilezas sonoras y armónicas.

Chanson Perpetuelle (1898) es un ejemplo de la dirección en donde Chausson llevaba a su música. La obra tiene un aire de desencanto y evoca el mundo post-romántico de Chausson. El texto es una declaración de amor al amado ausente escrito por Charles Cros. Escrito para voz, piano y orquesta (o cuarteto de cuerdas), Chausson hace explícita la recurrencia perpetua del título en los compases introductorios , una frase en modo menor, que se levanta a una quinta y cae a la tercera y luego a la tónica, una figura predominante de la delicada línea vocal casi enteramente silábica. La única repetición formal de la pieza se encuentra en el séptimo verso, cuando la música del verso 1 reaparece.

Chausson es considerado como uno de los más prominentes e influyentes miembros del círculo de Franck, y luego de un periodo de depuración de sus influencias musicales tempranas, Chausson se interesó en las formas puras y el clasicismo. Chanson Perpetuelle, es un ejemplo del tipo de música que ese grupo de compositores valoraba, es la evolución madura llena de claridad y consciencia de un estilo que inició con formas caprichosas y una suerte de lenguaje wagneriano incomprensible que se encuentra en su música temprana.

Fuente:

  • allmusic.com
  • hyperion-records.co.uk
Etiquetas , , , ,

Categorías