Satie, Ravel y Poulenc

diciembre 10, 2016 8:52 pm

Entre el burlesque y lo sagrado

Je te veux de Erik Satie

Patricia Petibon, soprano

Je te veux es la canción más conocida de Erik Satie. Esta obra, con texto de Henry Pacory, pudiera estar conectada, según los especialistas, con Paulette Darty, una cantante de burlesque parisino. Se trata de un vals cantado que coincide con la reputación de Darty como “la reina del vals lento”. Satie le compuso a Darty un puñado de canciones e incluso llegaron a interpretarlas juntos alrededor de 1909.  

Como sus otras canciones de cabaret, Je te veux fue arreglada para piano solo, así como una serie de combinaciones instrumentales, incluyendo voz y orquesta de cámara, gran orquesta y voz sola. La música también puede interpretarse apropiadamente por una banda de cabaret. La estructura de la canción es refrán – verso – refrán, aunque otras versiones incluyen un trío. La estridencia y liviandad de la pieza la hizo interesante y entretenida para las audiencias de música de salón parisinas. Es importante señalar, sin embargo, que el texto podía considerarse demasiado atrevido antes de que Satie lo endulzara, haciéndolo presentable para su versión publica.

Alexander Carpenter para allmusic.com

Deux mélodies hébraïques de Maurice Ravel

Na’ama Goldman – mezzosoprano

Giulio Zappa – piano

Este par de canciones fueron escritas por Ravel en Saint-Jean-de-Luz en 1914. Kaddisch, la primera de ellas, tiene un texto en arameo del libro de oraciones judías; L’Énigme éternelle está basado en un verso yiddish tradicional. Ambas fueron estrenadas en junio de 1914 por Alvina Alvi (quien las comisionó) y Ravel en el piano. Ravel las orquestó entre 1919 y 1920. Su cualidad melódica característica ha derivado diferentes versiones instrumentales, en especial para violín y cello.  

Raviel había hecho antes otra canción con tema hebreo, Chanson hébraique, que es un número de sus Chants populaires.

Boaz Tarsi comenta sobre el texto  y su función litúrgica del tradicional Kaddish:

“Escrito en una combinación de hebreo y arameo el Kaddish es un texto de alrededor de media página, que básicamente magnifica y glorifica a Dios, y que expresa el deseo por el arribo del Mesías. Es recitado en general en el servicio de la sinagoga luego de las secciones principales de la liturgia o al inicio de dichas secciones. Hay cuatro tipos principales de Kaddish sinagógico, cada uno contiene una versión ligeramente diferente del texto. En la mayoría de las ocasiones el oficiante canta el Kaddish, con algunas respuestas de la congregación. Las dos excepciones principales son el Kaddish recitado para el duelo o el aniversario de difuntos (Kaddish Yatom) y el Kaddish recitado después de una sesión de estudio (Kaddish Derabannan). En estas ocasiones el Kaddish no es cantado sino hablado.”

Fuente: maurice-ravel.net

Les chemins de l’amour de Francis Poulenc

Patricia Petibon, soprano

Tal vez la canción de Poulenc más se escuchada hoy en día, Les chemins de l’amour tiene una letra de Jean Anouilh (1910-1987). La canción es instantáneamente comprensible, simplemente un canto al amor. Al escribir la música de la obra teatral  Léocadia  de Jean Anouilh , Poulenc escribió a Nora Auric en enero de 1941: “la composición de esta obra levanta mi espíritu a pesar de la amenaza de la ocupación alemana en Francia.” Anouilh era un dramaturgo burgués, excelente hombre de teatro interesado en ganar audiencias, apolítico, aunque su famosa Antigone se puede leer como una crítica de mariscal Philippe Pétain y su Francia de Vichy. Léocadia fue una de las obras ligeras de Anouilh escrita como vehículo para la talentosa actriz  Yvonne Printemps.

En su contribución en Léocadia, Poulenc  realizó unos veinte minutos de música, la mayor parte oberturas orquestales a cinco diferentes “cuadros”, Les chemins de l’Amour estaba incluida. Se trata de un valse chantée que lo cautivó desde su juventud en conciertos de compositores como Hahn, Christiné, Messager, Yvain. Es una pieza con una memorable y gustosa melodía. Las sopranos que no han sido formadas eneste repertorio invariablemente hacen de un delicioso vals francés uno vienés, con un tempo chicloso y empalagoso. Printemps grabó esta canción en una orquestación ahora perdida; una característica deliciosa de esa grabación fue el molto più mosso del postludio, todo en la moda de la época. Aunque no estaba escrito en la partitura de piano, se adopta aquí la velocidad de ese fugaz final.

Graham Johnson para Hyperion records

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