Brilla el ‘bel canto’ nacional en el mundo

marzo 30, 2015

Las voces mexicanas de la ópera que se presentan en el extranjero viven un boom inusitado. Estos son algunos de los cantantes que ahora hacen historia en los máximos teatros de ópera en todo el mundo, un mapa donde Excélsior muestra un esbozo con 20 artistas que han acaparado la atención por estar entre las mejores voces o ser consideradas como apuestas sólidas.

Y aunque no es un mapa total, sí una muestra del talento mexicano, con cinco testimonios de intérpretes de distintas generaciones que han probado el éxito en otras latitudes, inspirados quizá por Ángela Peralta, la primera mexicana en pisar el Teatro alla Scala de Milán en 1862, a los 17 años, o de figuras como Fanny Anitúa, Oralia Domínguez, Gilda-Cruz Romo, de los barítonos Guillermo Sarabia, Roberto Bañuelas y el tenor Francisco Araiza, quien es considerado una leyenda viviente.

Hace poco Javier Camarena pisó el Metropolitan Opera de Nueva York y la crítica lo bautizó como el “Príncipe de los tenores”, pero desde 2007 su talento ya lo había colocado como solista principal en la Opernhaus Zürich. Sin embargo, él sólo es el cuadro más visible de este mosaico que conforma la élite de la música mexicana.

Alfredo Daza es uno de esos rostros poco visibles, pero actualmente es barítono residente de la Deutsche Staatsoper Berlin, quien luego de ocho años de ausencia en los escenarios volvió a México esta semana. Sin embargo, él mismo considera que hoy no existen barreras para que las voces mexicanas triunfen en el extranjero.

Lo cierto es que en este mapa debería figurar una veintena más de nombres, como los tenores Emilio Ruggiero, Rafael Rojas, Óscar de la Torre y Roberto Ortiz —que trabaja como freelance entre Zúrich y Stuttgart—, el ya conocido Josué Cerón y las sopranos Rosa María Hernández, Marcela Chacón y Verónica Lelo de Larrea, o las mezzo Amelia Sierra, Carla López Speziale y Carla Dirlikov, que viven en Estados Unidos, por mencionar algunos nombres.

Sin barreras

“El mundo de la ópera hoy está abierto para todos y no veo barreras de algún tipo por el hecho de ser mexicanos”, asegura el barítono Alfredo Daza. “Humildemente he hecho este trabajo desde hace casi 20 años y no es algo que mucha gente se haya enterado; es más, en Puebla ni me conocen, pero es algo que siempre ha existido”.

¿Qué limitantes enfrentan hoy los intérpretes?, se le cuestiona. “Las mismas de siempre: la dificultad para obtener el pasaporte, pues millones de mexicanos deben salir a buscar trabajo, aunque sea volteando hamburguesas, y eso puede provocar que algunos pierdan más de una oportunidad. A mí me sucedió: perdí cuatro papeles grandes por no conseguir la visa a tiempo”.

¿Le han abierto las puertas otros mexicanos? “No. Pienso que las puertas se las abre uno mismo, como sea posible, aunque a veces ni siquiera la calidad importa, porque a veces te vuelves amigo de alguien y aunque tengas un cacho de voz sigues cantando por todos lados”, lamenta.

En el caso de la soprano María Katzarava, de raíces georgeanas, no sólo reconoce que ha sido la disciplina la que ha forjado su carrera en los escenarios, sino los siete años de carrera internacional donde ha enfrentado una crítica muy severa.

“Te puedo decir que, obviamente, al ser extranjera, la crítica y las casas de ópera son muy estrictas, porque esperan mucho de ti como artista; las críticas siempre son muy fuertes. En Italia lo es. Pero eso me ha permitido ser mucho más perfeccionista y me ha ayudado en mi crecimiento como cantante y artista”, asegura.

Hacer historia

Un caso distinto es el de la soprano Rebeca Olvera, quien forma parte del Ensamble de Solistas de la Casa de Ópera de Zúrich, quien asegura que para llegar a ese lugar necesitó mucho esfuerzo y trabajo, pero también un poco de azar.

“Claro, siempre hay que estar preparados para cuando la oportunidad se presente. En mi caso fue poco lo que planee, pues sabía que quería cantar en el extranjero, pero no cómo ni cuándo. La oportunidad llegó sola, cuando hice mi debut en Bellas Artes, hace poco más de 10 años, cuando Luis Gutiérrez me sugirió que audicionara en el Opera Studio de Zurich”. La solista envió sus papeles, audicionó en Londres y fue elegida entre un grupo de 450 cantantes de todo el mundo.

Ahí empezó su aventura.

¿Qué recomendaría a los jóvenes?, se le pregunta. “Que creen su propia historia. Al principio traté de imitar las carreras más ejemplares del canto, pero en realidad cada solista encuentra el éxito de una manera distinta a los demás”.

En otro extremo se encuentra Rodrigo Garciarroyo, quien este año tuvo un “debut tardío” en el extranjero, el 30 de enero, pero no por eso menos provechoso, asegura. “En esta experiencia nueva me gustó ver que se hace todo diferente, en cuanto a la planeación y la anticipación para agendar las óperas; en cambio, en México casi todo se hace de último minuto, porque no se puede planear nada si no tenemos presupuesto autorizado”. Pero como en el amor y en la ópera todo se vale, la oportunidad le llegó en la Opera de Dallas, luego de que el tenor programado enfermara.

“Fue una afortunada coincidencia”.

Y aunque vía telefónica se alegra de que muchos intérpretes ganen un lugar fuera de México, asegura que podría haber muchos más. Pero antes hay que sortear una buena preparación, formar una gran voz, controlar el carácter y tener todas las habilidades para entrar al mercado de trabajo  acepta.

Ingeniero o barítono

Por último habla el barítono José Adán Pérez, quien hasta 2005 trabajaba como ingeniero en General Motors. “Para mí el canto era un hobby, sólo un pasatiempo al que le dedicaba lo posible, aunque desde chico estudié un poquito de música, teoría, armonía, violín, guitarra y piano”.

Pero lo que comenzó como una exploración del instrumento vocal, finalmente terminó en la renuncia de su trabajo como ingeniero. “No pude evitarlo, porque la pasión ya estaba ahí”. Y en menos de dos años pasó del SIVAM a la Academia de Artes Vocales de Filadelfia, audicionó para el tenor Plácido Domingo… y lo aceptó, para debutar al lado del también tenor mexicano David Lomelí.

Fuente: Juan Carlos Talavera, en Excelsior

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