Ciclo Händel – 1: Händel, “Serse”: Ombra mai fu.

Publicado: enero 16, 2015 Última Modificación enero 16, 2015 Por: adminmusica

por Francesco Milella

Abrimos hoy un ciclo muy especial dedicado a Georg Friedrich Händel, coetáneo de Bach, para festejar los 330 años de su nacimiento. Lo haremos enfocándonos en un repertorio fascinante y poco conocido, aún habiendo sido el pilar de la actividad musical de este gran compositor. Presentaremos las arias más bellas de sus óperas, analizando el contexto histórico y biográfico en las que fueron compuestas, así como la dramaturgia en la trama de la ópera a la que pertenecen. Instrumento fundamental para conocer mejor este entusiasmante repertorio serán los intérpretes que Música en México les irá proponiendo : grandes voces de la historia de la ópera que no necesariamente son las más conocidas o las más celebradas por la industria discográfica.

Empezamos hoy con una de las arias más famosas de Händel, “Ombra mai fu” de “Xerxes” (Jerjes) interpretada por un tenor poco conocido pero que ha ennoblecido el arte del canto como pocos en la historia de la ópera: el italiano Tito Schipa (1888-1965).

“Jerjes” es la última ópera compuesta por Händel, en 1738, antes de empezar un nuevo camino y reciclarse como brillante compositor de oratorios. El estreno oficial fue el 26 de abril del mismo año en el King’s Theatre de Londres, ciudad en donde – desde 1711 – se desarrolla toda la actividad operística del compositor alemán (naturalizado inglés), con un elenco de lujo para la época: Caffarelli como Jerjes (pequeña curiosidad: es el cantante que don Bartolo en El barbero de Sevilla de Rossini menciona como ejemplo magistral de canto en la famosa escena de la clase de música.

“Quando per esempio cantava Caffariello…”), La Francesina como Romilda y María Antonia Merighi como Amastre.

“Jerjes” es una ópera exquisita en donde, como siempre, amantes y amados se enredan entre ellos: Jerjes ama a Romilda, ella ama a su hermano Arsamene, a quien Jerjes desgtierra para no tenerlo como rival en amor. Después de una serie de aventuras trágicas y cómicas (único caso de ópera con elementos “buffi” en Händel), Jerjes perdona a todos dejándolos libres de amar. Esta ópera se abre con el famoso larghetto de “Ombra mai fu”, aria en donde el protagonista se dirige a su querido árbol, un plátano, alabando sus bellezas con notas de sencilla y amable pureza:

Recitativo

Frondi tenere e belle ————— Frondas tiernas y bellas

del mio platano amato ————— de mi plátano amado,

per voi risplenda il fato. ————— ¡que los favorezca el destino!

Tuoni, lampi e procelle ————— Que truenos, relámpagos y tempestades

non v’oltraggino mai la cara pace ————— no turben vuestra preciosa calma,

né giunga a profanarvi austro rapace. ————— ni os profane el viento del sur.

Arioso

Ombra mai fu ————— Jamás sombra

di vegetabile ————— de la naturaleza

cara ed amabile —————  fue más suave

soave più —————  querida y amable.

Empecemos con el recitativo. Tito Schipa canta con una limpieza vocal envidiable. ¿Por qué? Antes que nada, la dicción: cada palabra en su boca clara, transparente, fluye con una libertad ejemplar y si esfuerzo. Sin embargo, el elemento más impresionante es la impostación vocal. La voz está en donde debe de estar: no en la garganta, no en la nariz, sino en la máscara, o sea ese espacio que incluye el área entre boca, nariz y mejillas. Solo así la voz puede salir perfecta, limpia, suave y al mismo tiempo concreta y sólida para proyectarse sin problemas en el espacio. Esto le permite a Schipa cantar el recitativo con facilidad y naturalidad, acentuando las palabras con gusto y sensibilidad.

Pero la verdadera magia empieza en el arioso y, precisamente, en la primera vocal de OMBRA: Schipa toma la nota desde abajo para inflarla, lenta y majestuosamente, y volverla a apagar transportándola finalmente a una dimensión más íntima, la verdadera dimensión de esta aria; con una sola nota Tito Schipa nos muestra cómo el gran Rey de Persia deja a un lado su poder y su realeza para transformarse en un ser humano, capaz de llorar y conmoverse.

La línea vocal – como siempre en las páginas más lentas de Händel – es amplia, cómoda y relajada, y con la voz de este gran tenor revive gracias a un fraseo impecable, suave, delicado, uniforme pero nunca monótono o aburrido. Muchos podrán pensar que, debido al sonido un poco arcaico de la grabación o al hecho de que se trata de un tenor y no de un contratenor, ésta sea una versión poco filológica. No es así: el canto de Schipa, su impecable técnica y su gusto tan noble y aristocrático, es lo más fiel y cercano al glorioso bel canto del siglo XVIII y XIX, bel canto del que este gran tenor italiano (uno de los “Cuatro Mosqueteros italianos” del siglo pasado, junto a Giacomo Lauri Volpi, Aureliano Pertile y Beniamino Gigli) es uno de los últimos fascinantes y conmovedores testigos.

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