Cuartetos de cuerda tardíos de Ludwig Van Beethoven (IV)

Publicado: julio 18, 2015 Última Modificación julio 18, 2015 Por: adminmusica


Cuarteto de Cuerdas Alban Berg
Günter Pichler violin, 1 | Gerhard Schulz, violin 2 | Thomas Kakuska, viola | Valentin Erben, cello

La Gran fuga de Beethoven op.133 es uno de los grandes testamentos artísticos a la capacidad humana de crear significado frente a la amenaza del caos. Fue originalmente concebida como el movimiento final del cuarteto op.130. En esa obra seguía luego de la Cavatina, una de las encarnaciones más íntimas de fragilidad y vulnerabilidad amorosa escuchadas por el hombre. Durante el estreno privado de la versión original, ejecutada por el cuarteto Schuppanzigh, Beethoven se retiró para ir a beber a una taberna local. El segundo violinista del ensamble, Holz, se sintió obligado de informar al compositor sobre lo acontecido luego del estreno. Declaró la ocasión como un gran éxito y contó cómo los presentes pidieron que dos de los movimientos internos fueran repetidos. Beethoven le preguntó inmediatamente sobre la fuga y cuando el músico le dijo que no hubo petición alguna para su repetición destacó que la audiencia se integraba de “ganado vacuno y asnos”. De hecho, el público y los intérpretes habían tenido grandes dificultades con el movimiento, encontrándole casi incomprensible. Se sugirió al compositor que su sustitución haría el cuarteto más accesible. Sin duda, Beethoven nunca dudó que la fuga era una obra maestra de gran potencia, pero sigue siendo un misterio como él, siendo un hombre tan testarudo, decidió hacer un ajuste de tal magnitud para publicarla por separado como op.133 y componer en su lugar un final alternativo al op.130.

Luego de la obertura inicial de escritura austera, hay una breve evocación de las vacilantes y tenues respiraciones de la Cavatina en las inquietantes notas dobles del solo del primer violín. La fuga se anuncia desafiante con saltos desarticulados, dolorosos y desbocados. Gritando al borde del caos, el argumento de la fuga está realmente bien ordenado, se trata de una lucha entre orden y anarquía. La tarea de la Gran Fuga es dar sentido a la posibilidad del colapso completo, dar solución y propósito a la condición humana en medio de la incertidumbre.

Tan brutal como nos pueda parecer hoy en día, es difícil imaginar el efecto que debe haber causado en aquel momento. Stravinsky solía decir que esta pieza era en realidad música contemporánea. Esto es en parte cierto. Su textura cruda e irregular sin duda la acerca con un nivel de experimentación no visto sino hasta los inicios del siglo XX, una energía que pareciera inagotable. Acaso Beethoven comparte nuestro reconocimiento de la fragilidad del hombre, la inadecuación de la mente para considerar plenamente todos los enigmas de nuestro mundo vulnerable. Y sin embargo, su opinión es la que abarca la esperanza y la posibilidad de triunfo, un espíritu humano victorioso. El giro hacia la claridad y optimismo sucede al final de la pieza y rápidamente, sin arrepentimiento, avanza más allá de palabras.

Fuente: Mark Steinberg en www.brentanoquartet.com


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