Desde el MET: La Donna del lago de Rossini, No solo memorable sino inmejorable

Marzo 15, 2015 6:24 pm

por Ricardo Rondón

Aunque hemos sido afortunados (a veces) hay funciones que nos marcan para siempre por las emociones transmitidas y la calidad vocal y musical que lleva todos los integrantes. Después de muchos años del estreno en el San Carlo de Nápoles, en 1819, llega al Metropolitan Opera una joya lírica de su época napolitana y lo que llaman “Opera Seria” para no confundir a Rossini como compositor que solo sabía escribir en el género cómico. ¿ Por qué nunca se representa?…..Lo mismo ocurre con Guillermo Tell y las óperas de Meyerbeer y La Juive de Halevy. Requieren cantantes de extraordinarias facultades físicas y vocales y una escuela intachable de canto. Todo se tomó de la mano en esta función transmitida en vivo en el Auditorio Nacional y que dejó asombrados a los que tuvieron la buena fortuna de desafiar el mal tiempo. Estamos seguros que los asistentes no se arrepintieron porque esta presentación es una de las mejores que hemos visto de Rossini : la música es magnífica con amplias oportunidades de lucimiento vocal e histriónico. El argumento nos lleva a Escocia en donde nacen de inmediato confusión de identidades, rivalidades, tres hombres (incluyendo a Malcolm, una mezzo-soprano in travesti) enamorados de Elena, La dama del lago. Salvo algunos muertos, remordimientos, engaños, la voz de Sir Walter Scott se deja oír; la dirección escénica fue tan hábil que el argumento fue fácil de entender y siempre se supo quién era quién.

La producción de Michele Mariotti – quien también dirigió a la orquesta – fue sencilla, clara y libre de artificios sin cambiar las ideas de los creadores originales. Paul Curran nos dio un marco escénico atractivo, diseñado por Kevin Knight, funcional y brillantemente iluminada. Desde los primeros compases nos dimos cuenta de que en el podio estaba un rossiniano auténtico. Michele Mariotti tiene experiencia en el estilo belcantista y ha dirigido La Donna del Lago muchas veces. Hartos de Regietheater europeo, este evento fue un respiro de aire fresco. La Orquesta del Met se dejó oír como ya lo hemos dichos muchas veces…¡magnífica!

Todos los solos – y hay muchos – brillaron a un nivel de virtuosismo y los ritmos, clímax y fraseos largos de las partes vocales fue fabuloso. Mariotti jamás tapó la emisión de sus cantantes, y para detalles finos dejó que la orquesta tocara como una filigrana. Es un director que el Met debería amarrar de inmediato y es joven. Los coros tiene un papel constante e importante y las grandes escenas nos emocionaron al máximo no solo por sus melodías e inspiración sino por la proyección musical perfecta. Esta ópera (al igual que todas) requiere un elenco donde se combina técnica vocal, belleza de timbre y expresividad y capacidad de transmitir el drama. Nada quedó en el aire, estábamos frente a los cuatro mejores intérpretes imaginables y todos se cubrieron de gloria. La mezzo-soprano Joyce Di Donato (Elena) nos dio un personaje que añora la paz y ama la vida en circunstancias turbulentas. Cantó como un diosa, con una línea impecable, flotando en los tres registros y con una dulzura irresistible. Cuando de fogosidad se trataba, tenía las armas para hacerle justicia. Simplemente, no hay nadie como ella para este repertorio que iguale sus credenciales y, además, es una de las cantantes más carismáticas que conocemos.

El tenor peruano Juan Diego Flórez es un gran favorito y no hay mejor tenor belcantista en el mundo. Estaba en impresionante forma vocal, casi desafiando los retos de Rossini y dejándonos asombrados en cada intervención. Es un artista que no nos cansamos de escuchar y cada vez lo hace mejor. Su comportamiento escénico también es notable porque Juan Diego tiene “clase” a diferencia de algunos dizque rivales. La mezzo-soprano Daniela Barcelona tuvo una actuación sensacional. De timbre rico y seguro, dramáticamente convincente y brillante en los conjuntos; solamente criticaremos que tiene que haber una forma más atractiva para vestirla aunque aquí interpreta a un hombre; posiblemente la respuesta sea nuestra favorita: Carolina Herrera. Nadie se nos ocurrre para cantar mejor a Malcolm. El tenor norteamericano John Osborn lo conocíamos por grabaciones y su Rodrigo tuvo toda la fuerza, empuje y virilidad de la parte. La voz es atractiva porque es de un color diferente a la de Flórez; contamos con lo mejor de dos mundos. La Donna del Lago del Met pasa a nuestros anales como un clásico de nuestra larga vida operística. ¡Esto es lo que debe ser la ópera!

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