Desde el Metropolitan Opera de Nueva York en Vivo

Publicado: octubre 8, 2013 Última Modificación octubre 7, 2013 Por: adminmusica

EUGENIO ONEGIN DE TCHAIKOVSKY

por Ricardo Rondón

Abrió la temporada 2013-2014 Eugenio Onegin con una nueva producción de la ópera más gustada de Tchaikovsky, basada en Pushkin. Hoy día ya no es una rareza escucharla en los grandes cosos líricos en donde el repertorio ruso finalmente ha llegado a un nuevo público. Onegin fue vista por última vez en el Met en una producción lamentable de Robert Carsen,, en donde el escenario enorme estaba materialmente vacío probablemente describiendo algunos sentimientos de los personajes. El hecho es que, por fortuna, se le jubiló. Las ideas y logros de la escenografía de Deborah Warner y la dirección escénica de Fiona Shaw nos gustaron mucho y colocan a los personajes en un ambiente mucho más lógico y descriptivo. La producción busca revivir una sociedad de la Rusia en la segunda mitad del s. XIX, probablemente 1870. El único problema es que la función rebasó las cuatro horas incluyendo tres intermedios. Los cambios escenográficos obviamente resultaron problemáticos y retrasaron el avance dramático. En pocas palabras, atractivo pero nada funcional. Los diseños de Tom Pye apoyan el desarrollo dramático y el vestuario de Chloe Obolensky es correcto y vistoso .


¡A los cantantes! El Met reunió a tres artistas ideales para sus partes y son los ideales de nuestros tiempos. No hay mejor soprano rusa que Anna Netrebko, cuya Tatiana taciturna y un tanto neurótica está bien concebido. Nunca se sale de la caracterización y va de una joven deslumbrada por la primera atracción sexual de su vida a una madurez que le permite tomar la decisión de mandar a Onegin al Hades. Vocalmente estuvo espléndida, especialmente en la crucial Escena de la carta cantada con finos matices y desbordes románticos irresistibles. Fue la ovación de la noche. Mariusz Kwiecien es el Onegin más famoso de esta época y conoce a fondo al personaje. La dirección limó las asperezas de mala educación y arrogancia que se le suele imprimir a Onegin, pero con ciertos toques finamente concebidos y bordados de mala sangra se capta el alma atormentada y la frialdad glacial de Onegin. Vocalmente estuvo bien aunque se le percibió cansado en el dúo final, posiblemente una impresión que la producción desea imprimirle a este antihéroe. El Lenski de Piotr Beczala fue un triunfo. La voz sonó espléndida, amplia y capaz de acariciar las frases románticas de los textos de Pushkin. Es el mejor Lenski que hemos visto en los múltiples videos que han invadido el mercado. El “pelo en la sopa” fue el bajo Alexei Tanovitski, cuyo Gremin fue más Mendigo que Príncipe con emisión cavernosa y desafinada, se asemejaba a un tren descarrilado. Es inexcusable haberlo incluido en este elenco. Muy buenas actuaciones de Elena Zaremba (Madame Larina) y la incomparable Larissa Diadkova , que llenó de tonos graves y expresivos el role de Filipievna, la nodriza de Tatiana. Frente a la excelente orquesta del Metropolitan Opera, Valery Gergiev demostró sobradamente por qué es considerado el mejor director operístico del repertorio ruso. La enorme experiencia y un obvio afecto por esta gloriosa partitura se sintieron intensamente en los solos instrumentales, los tiempos ideales y lánguidas pasiones de Tatiana. Nunca habíamos escuchado una Escena de la Carta tan bien acompañada y Gergiev logró crear una tensión dramática envidiable. Los coros estuvieron bien y el público aplaudió la función a rabiar. Fue un evento donde se percibieron varios grados de excelencia y en los mejores se captó el alma de Pushkin a través de la inspiración, obviamente personal de Tchaikovsky.


El libretto es obra de Konstantin Shilkovsky y el compositor, y el estreno fue en el Teatro Maly de Moscú en 1879.

Ahora…..¡Vámonos a La Naríz!


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