Desde el Metropolitan. Ópera – LA BOHEME DE PUCCINI

abril 7, 2014

Por: Ricardo Rondón

La transmisión de La Boheme de Puccini el sábado pasado cubrió una serie de problemas que suceden en el mundo operístico. La soprano Anita Hartig, anunciada como Mimí tuvo que cancelar, aparentemente por motivos de salud. Fue suplida a última hora por otra soprano lírico, Kristine Opolais que la noche anterior había enfrentado los retos de Cio-Cio-San en Madama Butterfly, también de Puccini. Los roles son tan diferentes que no pueden compararse. Butterfly es probablemente, al lado de Turandot, el papel más difícil de satisfacer vocal e histriónicamente. Al pasar a la frágil Mimí debemos admirarle el solo hecho de levantar el guante ante tales presiones, cantar muy bien y la ausencia total de exageraciones en su actuación. Recibió una muy merecida ovación y reconocimiento del público que llenaba el Met.

En la transmisión desde el Auditorio Nacional observamos la mayor cantidad de asistentes en lo que va de esta temporada. Obviamente La Bohéme es el gran favorito del público y la más representada en el Met.

Se usó la famosa producción de Franco Zeffirelli que es original, bella, funcional y hasta capaz de impresionar en el segundo acto en donde hay una multitud de gente en el escenario celebrando la Nochebuena. La iluminación, vista a través de esta transmisión fue nefasta. El primer acto podía haberse transferido a la obscuridad total y el tercero, tampoco tuvo la claridad y los contrastes que suelen asociarse con las mejores funciones. Esto afectó los detalles de dirección de la producción de Zeffirelli y es una lástima porque el elenco joven merecía un cuidado mayor. El joven tenor italiano Vittorio Grigolo encarnó a Rodolfo con discreción, buen movimiento escénico y naturalidad. La voz es problemática ya que suena brillante y firme en el registro alto siendo flojo el medio y poco limpio en los graves en donde el timbre sufre. Maneja bien los matices y pianos, cosa rara en los tenores actuales. Tuvo la inclinación de adelantarse a la dirección orquestal y no siempre estaban juntos o defendiendo la misma causa. Como resultado, dividió opiniones. El barítono Massimo Cavalletti encarnó a Marcello con magnífica voz. Es un verdadero barítono que cuenta con agudos brillantes y seguridad en el paso. Tiene madera para hacer una carrera importante. Oren Gradus nos dio un Colline sincero pero faltó firmeza en la emisión de la famosa escena en donde se despide de su abrigo: Vecchia zimarra. Patrick Carfizzi encarnó a Schaumard con corrección. En cambio Susanna Philips brilló como Musetta no solo por la excelente vocalización sino por el desparpajo de la escena en el Café Momus y la tristeza del final. Como grupo había buena integración y seguridad interpretativa. El Coro como siempre, muy bien y la dirección orquestal de Stafano Ranzani buena aunque no siempre estaba en línea con los cantantes. La orquesta conoce esta ópera de memoria pero sigue tocándola con frescura y virtuosismo.

Hemos visto muchas funciones de La Boheme en vivo y escuchado más de 20 grabaciones de ella. Jamás deja de conmovernos pero en otras ocasiones hemos compartido más el dolor de Rodolfo, el Addio de Mimí y el Duo de Mimí y Rodolfo despidiéndose en la nieve.

Fue una buena Boheme en el todo pero ciertas partes podían haberse pulido para elevar su calificación.



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