El asombro de la cruz: música para la semana mayor

Publicado: abril 1, 2014 Última Modificación marzo 31, 2014 Por: adminmusica

por Ricardo Rondón

Remontándonos a la Edad Media, los periodos de Cuaresma, la Pasión y la Pascua han inspirado a compositores a transmitir la devoción a través de la música. Olvidándonos de sacrificios y privaciones, los melómanos encuentran en la Cuaresma un banquete. Es la estación de muchas Pasiones, el momento de sacar de nuestras colecciones la grabación Decca del King’s College del Miserere de Gregorio Allegri (1582-1652), sacerdote, tenor y compositor al servicio del Papa desde 1629. Uno de sus motetes, el Miserere (Salmo 50) tuvo tal éxito que el Papa amenazó con excomulgar a quien se atreviera a copiarlo pero se echó atrás autorizando tres copias por razones políticas y, suponemos, mediante un donativo. En 1770 Mozart tenía 14 años y se encontraba en Roma durante la Semana Santa; tras una sola audición del Miserere en un Miércoles Santo, transcribió la obra de memoria. Es uno de nuestros tesoros y la interpretación no solo es perfecta sino celestial cuando escuchamos la voz fresca y libre de Roy Goodman escalar y sostener notas obviamente inspiradas por una gran devoción. Este CD incluye una selección de Giovanni Pierluigi da Palestrina (1525-1594) con el Stábat Mater, varias loas a la Santísima Virgen y la Letanía de Beata Maria Vergine a 8. Palestrina era un innovador que prefería melodía, manejo del texto, riguroso ritmo y equilibrio sonoro. Su producción musical es inmensa con más de 100 misas y motetes para acompañar festividades especiales.


Miércoles de Ceniza

Marca el principio de la Cuaresma y allá por 1570 se ejecutaba en forma privada el motete Emendemus in melius de William Byrd. Busca reconciliarnos por nuestros pecados antes de que nos descubran. Byrd era católico componiendo en la iglesia protestante. Maneja el tema de la ansiedad magistralmente, por ejemplo cuando llega a las últimas palabras “libera nos” (líbranos) –del pecado o la opresión protestante. (Baker,Westminster Cathedral Choir/Hyperion).

Viernes Santo antes del Domingo de Pascua

En el Nápoles del S. XVIII, esta fecha estaba reservada para el Stabat Mater- el Réquiem personal de la Vírgen María por su hijo crucificado. El texto se remonta al S. XIII y atrajo a los compositores renacentistas de Josquin a Palestrina, siendo su culminación con el barroco cuando una composición de 1736 de Giovanni Pergolesi (1710-1736) enloqueció a Roma con su belleza. Las huestes son sencillas, con solos para soprano y alto con cuerdas. El estilo musical es conmovedor, agridulce y gentilmente operístico. Anclado en ritmos mundanos, melodías hermosas y texturas libres de complicación. La Maria de Pergolesi es tierna y atrayente.

Generalmente la música eclesiástica logra sus efectos con solemnidad y grandeza, Pergolesi se va directamente al corazón acercándonos a la madre que llora la muerte del hijo. Nuestra recomendación tiene el encanto de utilizar a un niño soprano trabajando con un contratenor. Debe acercarse a lo que Pergolesi se imaginó al crear esta pieza porque los resultados son irresistibles. (Hennig, Jacobs,Concerto Vocale/Harmonia Mundi).


Semana Santa

Una de las ceremonias más dramáticas de la Semana Santa era el Oficio de Tinieblas. Conforme avanzaba el oficio, la obscuridad descendía sobre la congregación en donde 15 velas colocadas sobre un candelabro triangular iban siendo apagadas gradualmente. La música tenía un papel crucial en la magia. Durante estos oficios- Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo, estos tres del Antiguo Testamento, y las Lamentaciones del Profeta Jeremías, eran expresados en canto llano o música especialmente compuesta.

Las Lecciones para Jueves Santo (1713) de Francois Couperin (1668-1733) ofrecen una respuesta personal al texto que narra la destrucción del Templo de Jerusalén y sucesos posteriores. Utilizando una soprano al principio y después dos , Couperin expresa con fervor respondiendo a los retos del texto con declamaciones sutiles en las voces. El contrapunto es exquisito y sensual siendo una de las mejores obras barrocas de sus tiempos. (Les Talents Lyriques/Rousset Decca).


Pasiones

Johann Sebastian Bach (1685-1750) escribió dos Pasiones, la primera – La pasión según San Lucas – pertenece a 1723 y lleva textos de Barthold Heinrich Brockes. Los capítulos de San Juan narran el arresto, juicio y crucifixión de Cristo con énfasis en recitativos que conectan los sucesos. Es música de sublime piedad y humanidad que abre su paso entre contrastes nunca antes manejados en una obra religiosa. (Concertgebouw de Amsterdam, Harnoncourt Teldec). Seis años después compuso La pasión según San Mateo (1729). Es una obra más devota y espiritual, además de fuerte intensidad dramática. Esta composición sacó a Bach de la obscuridad ya que nunca fue apreciado en vida pero, a pesar de ello, su fertilidad creativa fue asombrosa. En Berlín, en 1829, Felix Mendelssohn (1809-1847) asombró al mundo
dirigiendo una ejecución sobrecogedora que tuvo que repetir, tal fue la fuerza con que conmovió a los presentes. (Orquesta Philharmonia y Coros, Klemperer, EMI). Son dos testimonios monumentales e intensamente personales de uno de los genios más grandes de la historia de la música.

Pasa el tiempo y hay creaciones sobresalientes de la Misa de los muertos de Fauré, Berlioz, Gilles, Verdi, Gounod, entre otros. Benjamin Britten (1913-1976), el compositor inglés contemporáneo más importante, nos ofrece su Réquiem de guerra, una manifestación profunda, elocuente, ya favorita del público de conciertos. Compuesto en 1962, lleva textos de la tradicional Missa per Defunctis y poemas de Wilfred Owen, muerto en la Primera Guerra Mundial, una semana antes del Armisticio. Britten, un pacifista , abominaba la guerra y así lo expresa en esta obra sincera y emotiva compuesta para grandes huestes (Vishnevskaya, Pears, Fischer-Dieskau, Britten /Decca). El inglés Frederick Delius (1862-1934) escribió una sola partitura monumental durante la Primera Guerra Mundial, su Réquiem (1919) dedicado a los jóvenes caídos en defensa de su patria. No es una obra religiosa sino una composición sobre la muerte, llena de compasión y dolor. El célebre Réquiem de Gabriel Fauré (1845-1924) nos comparte una muerte dulce y “el retorno del hijo a la casa de su Padre”. Sus melodías son sublimes y la orquestación genial. (EMI Fournet).
Por años Dmitri Kabalevsky (1904-1987) estuvo obsesionado con rendir tributo a los héroes soviéticos caídos en la Segunda Guerra Mundial; su Réquiem se distingue por su claridad y sencillez siendo a la vez melódico e intenso en los momentos dramáticos. (Kabalevsky Melodiya). Andrew Lloyd Webber (1948) compuso su famoso Requiem a la memoria de su padre. Tiene el don de la melodía y la fuerza necesaria para hacer temblar a la tierra en el Dies Irae. Sus momentos contemplativos son exquisitos y nadie podrá dudar de su sinceridad. La interpretación es inmejorable. (Maazel, English Chamber Orchestra EMI). Una figura que causó asombro, admiración y horror con sus primeras obras religiosas fue Krzysztof Penderecki (1933). Exploró los efectos explosivos de las nuevas sonoridades y las grabaciones de Pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas, y Utrenja (El entierro de Cristo), se convirtieron en muestras vivas, abrasivas y emocionantes de una religiosidad franca, sincera y respetuosa. Muestran a Penderecki a mediados de los setentas porque muy pronto cambiaría de rumbo. La pasión según san Lucas (1965); su combinación de intensa expresividad, estilo severo y elementos arcaicos aluden a Bach; su continuación Utrenja, en donde el canto ortodoxo provee material musical y, a la vez, un aura de misterio. La expresión es siempre dinámica y fascinante. (Czyz, Philharmonia de Cracovia, Markowski, Orquesta Sinfónica Nacional de Varsovia Philips). La pasión según San Lucas se estrenó en México el 1 de febrero de 1974 dirigida por Jerzy Katlewicz. Fue un acontecimiento que hizo cimbrar al Palacio de Bellas Artes. Otros músicos contemporáneos que han explorado y expresado su religiosidad musicalmente son Arvo Part (1935), John Rutter (1945), John Tavener (1944-2013), Einojuhani Rautavaara (1928) y Zbiegniew Preisne , entre otros. El Miserere de Pärt explora mundos sonoros fascinantes, a la vez melodiosos y fáciles de escuchar. Maneja maravillosamente a los coros en sonoridades expansivas. (Hilliard Ensemble,Russell Davies ECM). John Rutter es uno de los compositores más populares y promovidos de su generación. Estudió en Cambridge y siendo inglés tuvo la fortuna de continuar la gran tradición coral de Holst, Vaughan-Williams, Britten y Tippett. Se remonta a Fauré y Duruflé en sus pasajes que evocan el s. XIX. Su Réquiem es finamente concebido, escrito con fines de explotar las filigranas del sonido coral y siempre en forma atractiva. (Layton, Sinfónica de Bournemouth Hyperion).


Vigilia de Rautavaara es una obra sobria, de intensas sonoridades y libre de acompañamiento instrumental. Es un mundo que nadie debe perderse. (Nuoanme, Ondine). Una introducción ideal a Pärt es su Miserere, en donde la inspiración especial y absolutamente personal del compositor van de los obscuros más tristes a una esperanza de luminosidad. ¿Quién no ha perdido a un amigo querido? Esta pregunta la contesta el polaco Zbigniew Preisner, que rinde tributo al compositor Krzysztof Kieslowski, muerto en 1996.La obra es Requiem por un amigo. Este profundo dolor es manejado como una despedida y la música es de una belleza radiante. (Kaspszyk Erato)
No hemos pretendido cubrir todo el tema anterior, un campo tan inmenso que será arado con más atención en un futuro no muy lejano.


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