El elixir de amor en el Lunario

marzo 26, 2017

Por José Antonio Palafox

Adina es una bella frívola que disfruta atormentando con su indiferencia a Nemorino, joven ingenuo que está perdidamente enamorado de ella. Al mismo tiempo, el presuntuoso sargento Belcore pretende que Adina quede obnubilada por su uniforme y caiga rendida a sus pies. Nemorino sufre al ver que los avances de Belcore son recibidos con buenos ojos por la chica, y se hunde en la tristeza al darse cuenta de que no tiene ni dinero, ni fama ni gloria que pueda ofrecerle a Adina para que se enamore de él. Nuestro protagonista está a punto de rendirse en sus esfuerzos cuando de pronto aparece el doctor Dulcamara, un charlatán que se gana la vida vendiendo de pueblo en pueblo un mágico elixir que cura todo mal. Desesperado, el inocente Nemorino le pide una pócima amorosa que haga que Adina se enamore de él. Dulcamara, viendo una espléndida oportunidad para estafar a un bobo más, le vende una botella de su milagroso elixir (que no es otra cosa que vino de Burdeos) prometiéndole que al día siguiente todas las mujeres del pueblo estarán enamoradas como locas de él. Pero a Nemorino lo único que le interesa es el amor de Adina, así que —movido por su ferviente anhelo— le entrega al doctor todo su dinero a cambio del elixir de amor y, lleno de esperanza, bebe la pócima. ¿Surtirá efecto?

 

El elixir de amor (1832) es una ópera cómica en dos actos compuesta por Gaetano Donizetti (1797-1848) con libreto de Felice Romani, quien se basó en el texto escrito por Eugène Scribe para la ópera El filtro (1831) de Daniel-François Auber, el cual, a su vez, estaba inspirado en la exitosa obra de teatro El filtro (1830) de Silvio Malaperta. Adaptación de la adaptación aparte, el caso es que Alessandro Lanari, empresario del Teatro della Canobbiana (actualmente Teatro Lírico) de Milán, había anunciado con bombo y platillo el estreno de una nueva ópera para determinada fecha, pero el compositor contratado dijo que no podría entregar su obra en el término previsto. Presa del pánico, Lanari acudió al prolífico Donizetti (que entonces contaba con 35 años de edad y poco más de una treintena de óperas escritas) y le pidió que compusiera una ópera en un plazo de 15 días, de los cuales Romani ocupó más de la mitad en escribir el libreto. Acostumbrado a trabajar a un ritmo endiablado (tan solo entre enero y marzo de ese mismo año había compuesto dos óperas), Donizetti ocupó los pocos días que le dejó Romani en retocar fragmentos anteriormente escritos y componer un poco de material nuevo para finalmente, en el plazo establecido, entregar esa obra maestra de la ópera cómica que es El elixir de amor.

 

El elíxir de amor se estrenó con gran éxito el 12 de mayo de 1832, y desde entonces se ha mantenido como una de las favoritas de público, que supo reconocer sus propios defectos y virtudes en la superficialidad de Adina, la prepotencia de Belcore, la picardía de Dulcamara y, sobre todo, la pureza de corazón de Nemorino.

 

El pasado 19 de marzo asistimos, dentro de la temporada de ópera para niños del Lunario del Auditorio Nacional, a la puesta en escena de El elixir de amor, adaptada y reducida con gran acierto por Sylvia Rittner, quien logró crear un espectáculo dinámico sin desvirtuar la esencia de la obra de Donizetti.

 

En esta ocasión la acción de la ópera fue trasladada a una fuente de sodas de los años 50’s, con todo y rockola al fondo. Los jóvenes cantantes salieron a escena ataviados y peinados como James Dean en Rebelde sin causa o John Travolta en Vaselina para ofrecer una espléndida versión de El elixir de amor que terminó encantando más al público adulto que a los propios niños. Y es que solo los diálogos estaban hablados en español, lo cual hacía que los pequeños se revolvieran inquietos en sus asientos cada que Nemorino le declaraba su amor a Adina en italiano (había subtítulos proyectados al fondo, pero me parece que muchos de los espectadores eran demasiado pequeños como para poder leerlos sin ayuda). Así que, si bien la mayoría de los pequeñines supieron mantener la calma y dejarse cautivar durante la hora que duró el espectáculo, quienes verdaderamente salimos extasiados fuimos los adultos.

 

Y no fue para menos. El tenor Hugo Colín ofreció un Nemorino inigualable, muy simpático y con grandes dotes actorales. Supo aprovechar su baja estatura para crear situaciones muy divertidas al enfrentarse al grandulón Belcore, y sus trompicones cuando la garrafa tamaño familiar del elixir surte su efecto resultaron verdaderamente de antología. Además, Colín es poseedor de una espléndida voz, sutil y delicada, capaz de crear un momento realmente mágico cuando bajo del escenario para cantar, caminando entre los asientos del público, la esperadísima aria Una furtiva lagrima.

 

La soprano Jéssika Arévalo y el barítono Mariano Fernández hicieron entrega, respectivamente, de una Adina y un Belcore espléndidamente actuados y mejor cantados. Aunque en esta adaptación el papel de Belcore se reduce al mínimo, su presencia sobre el escenario resultaba imponente y hacía temer lo peor para el pobre Nemorino. Por su parte, Adina se pavoneaba coquetamente de aquí para allá por todo el escenario, humillando al pobre Nemorino (que en esta adaptación es el mesero de la fuente de sodas) con un insufrible tonito de voz “fresa” que habrá hecho identificarse a más de una adolescente.

 

Mención aparte merece el experimentado bajo Charles Oppenheimer como el doctor Dulcamara. Con una presencia arrolladora y una voz capaz de hacer vibrar todo el recinto, fue realmente un placer verlo aparecer en su reluciente Cadillac descapotable, dispuesto a timar a todo el que se le cruzara enfrente. Los merecidos aplausos con que el público reconoció todas y cada una de sus intervenciones nos hizo confirmar que estábamos frente a uno de los sinvergüenzas más carismáticos que hemos visto en bastante tiempo.

 

Finalmente, el reducido coro, formado por integrantes del Taller de Perfeccionamiento Operístico de la Sociedad Internacional de Valores de Arte Mexicano, tuvo una presencia discreta pero destacada, lo mismo tomándose una selfie en la fuente de sodas que comprando botellitas del mágico elixir de Dulcamara o (las pin-up girls) persiguiendo a un Nemorino ebrio para seducirlo y convertirse en las dueñas de su inesperada herencia. Por su parte, la interpretación musical corrió a cargo del pianista Israel Barrios, quien hizo entrega de una impecable lectura, tan vigorosa como emotiva en los momentos adecuados, de la partitura para piano de El elixir de amor.

 

El próximo 26 de marzo concluye la temporada de ópera para niños del Lunario con la última función de esta espléndida versión de El elixir de amor. Vale la pena escaparse para verla y saber si de verdad la pócima de Dulcamara es tan buena como él asegura.

 

Gaetano Donizetti: Una furtiva lagrima (El elixir de amor) / Luciano Pavarotti (Nemorino)

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