Emile Berliner, inventor del gramófono

Emile Berliner
noviembre 19, 2017

Por José Antonio Palafox

Hace 130 años, el inventor estadounidense de origen alemán Emile Berliner patentó el gramófono, un dispositivo que resultaría determinante para la difusión masiva de la música grabada.

Asimismo, fue el creador del famoso sello discográfico Deutsche Grammophon, cuyo nombre es bien conocido por los melómanos más exigentes. Por si fuera poco, también fue responsable de la popularización del inconfundible logotipo del perrito que mira atentamente un gramófono.

Inicios

Emil Berliner (1851-1929) nació en Hanover, Alemania. A los 19 años de edad, para evitar ser enrolado como soldado en la guerra franco-prusiana, emigró a Estados Unidos, donde su nombre se “americanizó” a Emile. Tras una breve estancia en Washington, se mudó a Nueva York, donde empezó a trabajar como repartidor de periódicos y limpiando botellas, aunque su verdadero interés siempre fueron los inventos tecnológicos, concretamente los relacionados con la electricidad y el sonido.

En 1876 asistió en Filadelfia a una de las entonces comunes exhibiciones de inventos y descubrimientos científicos, donde quedó fascinado con el dispositivo telefónico de Alexander Graham Bell. Inspirado, decidió dedicarse por completo a la invención de nuevos mecanismos de reproducción y transmisión del sonido, entre los que es importante mencionar un aparato precursor del micrófono. En 1886 empezó a experimentar con diversas maneras de grabar el sonido, tomando como base el mecanismo del fonógrafo inventado en 1877 por Thomas Alva Edison.

Finalmente consiguió mejorar el aparato de Edison, y el 10 de noviembre de 1887 patentó el gramófono.

El gramófono

A diferencia del fonógrafo, que graba el sonido en cilindros de cera, el gramófono fue el primer sistema capaz de grabar y reproducir sonidos en discos planos. La principal desventaja del fonógrafo de Edison era de carácter comercial, ya que no podía realizar grabaciones múltiples y los músicos tenían que repetir varias veces la misma pieza para poder obtener unos cuantos cilindros.

Por su parte, el gramófono de Emile Berliner era más barato de fabricar, tenía un mecanismo de uso más sencillo y podía producir muchísimas copias a partir de una sola grabación original. Sus discos medían 13 cm de diámetro, estaban grabados por un solo lado y eran reproducidos por medio de un mecanismo manual a una velocidad aproximada de 70 RPM. La versatilidad de este aparato hizo que triunfara en el mercado sobre su competidor, convirtiéndose en el soporte de audio dominante desde finales del siglo XIX hasta casi mediados del siglo XX, cuando fue sustituido por el tocadiscos eléctrico que reproduce discos de vinilo de 33 RPM.

También lee: Stanley Kubrick y la música

Emile Berliner

Londres y Alemania

En 1893 Emile Berliner empezó a comercializar su gramófono. Logró que un grupo de inversionistas le facilitaran $25,000 dólares y fundó The United States Berliner Gramophone Company. Con miras empresariales, se asoció con el ingeniero Eldridge R. Johnson y con el exvendedor de máquinas de escribir Frank Seaman, quienes se encargaron —respectivamente— de la fabricación y la distribución de los aparatos.

Ante el arrollador éxito de su invento, en 1897 Berliner se vio obligado a abrir The Gramophone Company en Londres para cubrir el mercado europeo de gramófonos.

Al año siguiente estableció en Hanover, su ciudad natal, la sucursal alemana de su compañía, enfocada totalmente en la fabricación de los discos. Su nombre es Deutsche Grammophon, y al frente de ella puso a su hermano, Joseph Berliner, y a su sobrino, Joseph Sanders.

Perros, gramófonos y demandas

Durante una visita realizada en 1899 a la sucursal londinense, el inventor notó un cuadro que colgaba en la pared de la oficina: se trataba de un pequeño perro blanco con orejas cafés que tenía la cabecita inclinada y miraba atentamente un gramófono en actitud de escuchar el sonido proveniente de la bocina. El título de la pintura era His master’s voice (La voz de su amo) y Francis Barraud el nombre del autor. Encantado con el concepto de “fidelidad sonora” que le transmitía, Berliner compró los derechos para utilizar esta imagen como emblema de su empresa e inmediatamente empezó a imprimirla en los discos fabricados por Deutsche Grammophon y en los gramófonos elaborados por The Gramophone Company.

Sin embargo, cuando regresó a Estados Unidos descubrió que Frank Seaman, su encargado de comercialización, estaba vendiendo a sus espaldas una réplica prácticamente exacta del gramófono bajo el nombre de zonófono. Furioso, Berliner suprimió la distribución de gramófonos a Seaman y lo demandó por violación de patente. Por su parte, Seaman contrademandó a Emile Berliner por incumplimiento de contrato, ya que su asociación con el inventor le garantizaba la exclusividad de la comercialización del gramófono.

Al final, Emile Berliner perdió la batalla legal y se vio imposibilitado para vender su propio invento en Estados Unidos. Terminó cerrando The United States Berliner Gramophone Company y tuvo que trasladar su empresa a Montreal bajo el nombre de Berliner Gram-o-phone Company of Canada.

Para no abandonar del todo el mercado estadounidense, transfirió la patente estadounidense del gramófono y los derechos sobre el emblema del perrito al ingeniero Johnson, su fiel colaborador, quien en 1901 fundó la compañía discográfica Victor Talking Machine Company, con Berliner como accionista. En 1929, año de la muerte de Emile Berliner, la Radio Corporation of America compró la empresa, que pasó a llamarse RCA Victor. Esta compañía discográfica siguió utilizando durante muchos años el famoso logo del perrito, el cual sigue siendo uno de los emblemas más reconocibles de la cultura del siglo XX.

 

Comentarios

Escucha música clásica en línea aquí