Eugenio Onegin de Tchaikovsky

Publicado: octubre 2, 2013 Última Modificación septiembre 30, 2013 Por: adminmusica

Eugenio Onegin de Tchaikovsky: Una de sus expresiones más personales


por: Ricardo Rondón


El sábado 5 de octubre recibiremos en transmisión en vivo desde el Metropolitan Opera la nueva producción de Yevgeny Onegin (Eugenio Onegin) de Tchaikovsky, Esta historia está basada en la narración en verso de Aklexander Pushkin (1799-1837) , que también inspiró al compositor para crear sus óperas Mazeppa y Pique-Dame, Le reina de espadas. Captó el tono melancólico e inquietante, a veces patético y doloroso, de un amor no correspondido en su momento pero que después, al florecer, ya no tiene remedio. Tchaikovsky se refiere a la obra como “escenas líricas” porque no se recarga para nada en las influencias operísticas francesas e italianas. Es la ópera más popular de Tchaikovsky, y al lado del Boris Godounov de Moussorgsky, la que está a la cabeza del gusto con el público de todo el mundo. Hoy día forma parte de todos los repertorios líricos de importancia. Su gestación coincide con la trágica relación con su alumna Antonina Miljukowa. Tchaikovsky no quiso parecerse a Onegin y aceptó el matrimonio con ella. Fue una farsa dolorosa para ambos, jamás consumada, que hizo infelices a los dos. El compositor pensaba que con el matrimonio podía cubrir las apariencias de su clarísima homosexualidad y sufrió aún más intentando el suicidio en su “luna de miel”. Ken Russell hizo una película, The Music Lovers, una biografía muy pasada de tueste del músico que narra el evento con especial crueldad. Para los curiosos, la película es realmente mala además de sobreactuada y sobredirigida. (1970).


Onegin transcurre en San Petersburgo y el campo en la segunda mitad del S. XIX.

La familia Larin vive en el campo, tienen sus dos hijas – Olga y Tatiana. Llegan de visita su vecino Lensky, prometido de Olga, con su amigo Eugenio Onegin. El petulante Onegin entretiene a la tímida Tatiana, que se ha enamorado de este taciturno aristócrata. Antes de acostarse pide pluma y papel para escribirle a Onegin y explayar sus nuevos sentimientos. La Nodriza corre a entregar la carta. Al día siguiente se presenta Onegin y reprende a Tatiana por ser tan abierta. Le aclara que ni busca, ni necesita amor. Ella queda devastada.


Los nobles de la zona se reúnen para celebrar el cumpleaños de Tatiana. Onegin está aburrido y molesto con Lenski por haberlo obligado asistir al evento. Para molestarlo, Onegin coquetea y baila con Olga hasta que el neurótico poeta lo insulta por su conducta y lo reta a duelo. Al día siguiente Lenski muere a manos de Onegin.


Pasan los años y Onegin, como siempre fastidiado por su simple existencia, regresa a San Petersburgo. En una fiesta del Príncipe Gremin viene el reencuentro con Tatiana, ahora la Princesa Gremina, hermosa y admirada; se enamora de ella que ya no es una muchacha soñadora sino una gran dama en la Corte. Onegin le pide una cita y ella se lo concede. Declara la pasión que ella le ha despertado y le pide que sean amantes. Ella fríamente le dice que aunque no ha dejado de amarlo, no será infiel a su marido y lo despacha. La música sugiere que Onegin buscará el escape del suicidio.


La última vez que vimos una producción del Metropolitan Opera fue a través de las ideas del productor Robert Carsen y nos parecieron de una esterilidad inconcebible. Si trató de ser minimalista se le pasó la mano y podemos citar un escenario repleto de hojas (¡pobres barrenderos! ), el Palacio de Gremin no tenía sillas o solamente un par de ellas, Onegin y Tatiana se encuentran en un establo helado, etc. Qué bueno que se va a retirar esta horrible producción del Met aunque no tenemos idea como será el reemplazo pero le damos el beneficio de la duda. Podemos pronosticar que el elenco principal es magnífico, encabezado por Anna Netrebko que conoce el mundo frágil soñador de Tatiana, el barítono polaco Mariusz Kwiecien, un Onegin famoso y el excelente tenor Piotr Beczala como Lenski. Esto será el 5 de octubre en una nueva producción de Deborah Warner.


Mientras tanto recomendamos la grabación Melodiya de 1956, en sonido aceptable que gracias a una batuta firme y vital de Boris Khaikin, el drama avanza con total naturalidad y convencimiento. Las huestes del Bolshoi son excelentes pero la estrella del proyecta es la entonces joven soprano Galina Vishnevskaya, una Tatiana ideal cuya voz es irresistible. Camina brillantemente el sendero del amor adolescente hasta la realización de un amor maduro, no apasionante, pero que ha elegido en vez de huir con hombre que no la merece.



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