Gurrelieder de Arnold Schoenberg con la Orquesta de Minería

Publicado: septiembre 4, 2013 Última Modificación septiembre 3, 2013 Por: adminmusica

GURRELIEDER DE ARNOLD SCHOENBERG CON LA ORQUESTA DE MINERIA: UNA OPORTUNIDAD DESPERDICIADA
por Ricardo Rondón:

En la clausura de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Minería, Carlos Miguel Prieto programó una de las obras musicales más retadoras que existen, las Gurrelieder de Arnold Schoenberg y, desgraciadamente, no fue el triunfo esperado. Esta inmensa cantata es descendiente directa de los dramas musicales de Richard Wagner y encierra música de una belleza excepcional que conduce a un final coral deslumbrante en su luminosidad y belleza. Las huestes musicales que pide Schoenberg son extravagantes, por decirlo de alguna manera. Además de los seis solistas y dos coros, la orquesta es aumentada con cuatro flautines, diez cornos y una inmensa batería de percusiones. Las texturas musicales son complicadas y para lograr claridad milagrosa se tiene que contar con una dirección musical que conozca al dedillo los requerimientos. Carlos Miguel Prieto hizo sonar muy bien a la orquesta pero su exceso de energía ahogó a sus solistas vocales haciéndolos desaparecer en su lucha por dejarse oír. Prieto ganó y ellos perdieron. Esto no dejó de tener sus ventajas, al menos no los teníamos que escuchar. La presentación fue altamente teatral pero es la primera vez en nuestra experiencia que se incluye un Narrador de la trama, el admirable Sergio Vela, pero por algo hay programas de mano. En este caso se imprimió un programa magnífico con toda la información necesaria y textos completos. Vela se volvió un estorbo más que un guía y él no tiene la culpa, salvo que haya sido idea suya. Dos de los solistas y precisamente los que llevan todo el peso de la larga primera parte estuvieron atroces. Sufrieron para hacerse escuchar y cuando esto ocurría, el tenor John Uhlenhopp (Waldemar) sonaba desafinado, abajo de tono y estrangulado. No es nada grato escuchar y ver sufrir a un artista (¿?) pero los culpables son aquellos que lo contrataron. La soprano Gweneth Ann Jeffers (Tove) es una cantante desafinada de voz trémula. Su emisión se vuelve capretina a la menor presión y tiende a gritar. Su volumen es mayor que la del tenor pero esto solamente exhibió sus defectos con más decibeles. Ambos cultivaron una línea de canto sísmica. La soberbia parte de la Paloma de Gurre estuvo en la frágiles manos de Ruxandra Donose, cuya voz de mezzo-soprano lírica no puede manejar las exigencias wagnerianas de esta intervención, corta pero básica. La narración en el final de Marc Embree estuvo muy bien y Josué Cerón cumplió como el Aldeano. Por una mala elección de dirección, Víctor Hernández fue encomendado cantar (¿?) el Klaus-Narr haciendo payasadas, sin lograr obtener sonrisa alguna del auditorio. Es muy triste pero no se arrojan niños a la parte honda de una alberca sin clases previas de natación y así estuvo esto. Los coros en cambio sonaron impresionantes, además de inmensos. Los integrantes fueron parte del Coro Filarmónico Universitario, Coro Convivium Musicum, Coral Ars Iovialis y Coro Pro Música. Una felicitación a todos porque levantaron el nivel de inmediato. Sin embargo, ni el coro, ni la orquesta, que estuvo en su mejor forma, logró que esta monumental obra alcanzara el nivel esperado. Se perdió una gran oportunidad de escuchar las Gurrelieder en una función que para nada fue memorable.

Y a usted, ¿qué le pareció esta interpretación de Gurrelieder? ¿Está de acuerdo con Ricardo Rondón, o no? Escríbale sus comentarios.

Arnold Schoenberg: From Gurrelieder, part 1 No. 11: Orchestral Prelude / Claudio Abbado, conductor · Berliner Philharmoniker Recorded at the Berlin Philharmonie, 16 May 2010

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