GURRELIEDER de Arnold Schoenberg

Publicado: agosto 22, 2013 Última Modificación agosto 26, 2013 Por: adminmusica

por Ricardo Rondón


Como final festivo de su actual temporada, la Orquesta Sinfónica de Minería montará el Gurre-lieder de Arnold Schoenberg (1874-1951) bajo la batuta de Carlos Miguel Prieto. Es la última y más ambiciosa de las composiciones postrománticas de Schoenberg que produjo música ardiente y apasionada. Del Gurrelieder dijo una vez Paul Rosenfeld, “es poético, glamoroso, siendo la poesía frágil y a la vez exquisita, una especie de expresión luminosa de un momento de alta sensibilidad”. El estilo nace de dos poderosos hombres de nombre Richard – Wagner y Strauss – y el eminente Gustav, de apellido Mahler.


Es prodigiosa en el uso de armonías cromáticas, pasajes de contrapunto elaborados, exabruptos sensuales de melodía y una soltura total del compositor que es donde la inhibición no tiene cabida. El músico sintió que debía adoptar un nuevo estilo de creatividad que invocaba la disciplina.


El Gurrelieder es el tipo de estructura suprema a los cuales tantos postrománticos estaban adictos. Las huestes incluyen un narrador, cinco solistas, tres coros masculinos, un coro mixto y una orquesta enorme de 140 músicos. Cuando Schoenberg escribió las partes de su gigantesca partitura, tuvo que utilizar un papel especial para clarificar sus ideas.


El Gurrelieder (Canciones de Gurre) es el tratamiento de 19 poesías de Jens Peter Jacobsen, que narran la historia del amor del Rey Waldemar I de Dinamarca por Tove durante la edad media. Se desenvuelve en tres secciones: En la primera se nos comunica que el rey le ha entregado a su Amada el castillo de Gurre como obsequio afectuoso. Sigue una escena de amor con la plenitud de la pasión de los amantes. La sensualidad se toma de la mano de la premonición de la muerte. La sección finaliza con la célebre Canción de la paloma del bosque, una elegía en donde el ave narra el asesinato de Tove a manos de la Reina. En la segunda parte, el Rey rechaza a Dios por haber permitido este asesinato. La tercera, la más dramática, describe en palabras de Paul Stefan “la visión espectral de una cabalgata de la muerte” seguida por un Interludio dramático y finalmente un coro magnífico que saluda la salida del sol.”


Aún con el uso del sprechstimme, una técnica de canto-hablado que usaría en sus futuras composiciones, Gurrelieder está anclado firmemente en el primer periodo creativo del artista, concebido entre 1899 y 1901 hasta las revisiones y aumento de partes en 1911. El estreno fue en 1913 con el famoso compositor Franz Schrecker en el podio. Fue un éxito enorme y cuando el coro proclamó “Miren el sol” muchos miembros del auditorio se pusieron de pie y vino una tremenda ovación. Schoenberg estaba a lo lejos en la galería y finalmente fue inducido a subir al escenario. Llegó, agradeció seriamente y con brevedad tanto al director como a la orquesta. Se negó a reconocer al público. Posteriormente explicó: “por años esta gente que me aclamó esta noche se negaron a reconocerme. ¿Por qué he de agradecerles que me aprecien ahora?


Gurrelieder requiere de todos los beneficios de la tecnología moderna para producir una grabación digna de las ideas de Schoenberg. Decca lo logró captando las inmensidades y las filigranas con igual felicidad. Por decirlo de alguna forma, las huestes de Schoenberg son extravagantes y los miembros de la orquesta tienen exigencias poco comunes. En su grabación, Decca ha logrado un balance óptimo y Riccardo Chailly en el podio hace una presentación soberbiamente teatral y emotiva. El elenco de solistas es casi ideal y Susan Dunn brilla como Tove con juventud, frescura y sentido poético en sus intervenciones.


El tenor Siegfried Jerusalem es uno de los cantantes más musicales y honestos de su generación y, salvo algunos momentos de esfuerzo por las exigencias sobrehumanas, capta un Waldemar lírico y expresivo. Brigitte Fassbaender entona el dolor del Ave del Bosque con conmovedora sencillez y belleza. La Orquesta Sinfónica de la Radio de Berlín luce sensacional y lo mismo aplica a los coros que intervienen en el proyecto. La narración está en las hábiles manos de Hans Hotter que lo hace con la sabiduría de una gran carrera. Por fortuna, a estas alturas no cantaba porque el ocaso de su voz fue doloroso. Descubrir el Gurrelieder es algo que no se olvida con facilidad y envidiamos a aquellos que lo van a escuchar por primera vez.

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