In memoriam: Graciela Agudelo, compositora

Publicado: abril 20, 2018 Última Modificación abril 20, 2018 Por: adminmusica

Ha fallecido Graciela Agudelo, compositora mexicana (1945-2018). Pianista y compositora contemporánea, inició sus estudios a los 6 años de edad; después cursó la carrera de pianista en la Escuela Nacional de Música bajo la guía de Leonor Boesch. De 1970 a 1975 estudió en el Taller de Composición del Conservatorio Nacional, con Héctor Quintanar y Mario Lavista. Desde 1990 fue productora asociada de la serie radiofónica Hacia una nueva música, emitida por Radio Universidad Nacional. Miembro fundador de la Sociedad Mexicana de Música Contemporánea. Maestra, promotora infatigable de la música mexicana.

Parte de su abundante catálogo de compositora ha sido ejecutado en festivales internacionales de música nueva, en México, Estados Unidos, Bélgica, España, Argentina, Japón, etc. Entre sus obras más importantes: Siete estudios para piano (1971); Cuarteto de cuerdas (1977); Espejismo, para violín, clarinete, fagot y piano (1989); Oda para un tañedor, para percusiones (1990); Toccata para clave o piano (1991); Venías de ayer, para quinteto de alientos (1991), etc.

Eusebio Ruvalcaba (1951-2017), narrador, poeta, ensayista y melómano,  escribió los siguientes textos inspirados en tres obras de la compositora, que resaltan algunos de los atributos de la música de Graciela Agudelo:

Prisma: Como la tela de una araña que ante nuestros ojos fuese adquiriendo formas, tramado, líneas paralelas, sentidos perfectamente lógicos y congruentes. Prisma va envolviendo al escucha en una red que termina por atraparlo. La música aquí traza giros insospechados aun dentro de su lógica. Se trata de una música que se va armando sin que el escucha pueda aventurar el siguiente paso. Más le vale a quien escucha dejarse llevar como si fuera una motita de polvo de esas que se levantan del suelo cuando se toca un instrumento inesperadamente. ¿Pero qué guía a Graciela Agudelo a tender este laberinto? Me atrevería a decir que un espíritu lúdico enganchando del camino de la experimentación.

Arquéfona: He aquí su majestad, el piano, pero en un traje irreconocible. Es el piano nuestro de cada día, en efecto, y sus contrastes sobreviven. Va de un extremo a otro de la emoción humana. A quien escucha le permite asomarse a su propio interior. Porque a través de un juego ininterrumpido de sonidos/evocaciones, de pronto algunos acordes parecen surgidos de fondos marinos, otros desde la oscuridad más insondable. Como si por el solo hecho de escucharlo, nuestra imaginación trazara un mapa fantástico, solo legible para quienes se atreven a tocar la irrealidad, que es decir el mundo que cada quien construye a su medida.

Cantos desde el confín: Para flauta, mezzo, percusiones, piano y violonchelo, Cantos desde el confín corresponde estrictamente a su título. De inmediato ubica al escucha en el corazón mismo de la noche, la confluencia de emociones, el ir y venir de un vértigo irrepetible, acaso guiado por el viento; porque en esta obra la naturaleza misma parece tejer familares aunque extraños sonidos. Entonces escuchamos la voz de lo inextricable, de lo que escapa a nuestra comprensión. Vale decir que la mezzo nos hace pensar en esas voces inefables, descritas por los grandes poetas. Por su pureza, por su lirismo, por su desgarramiento. Pero también por su textura, que escapa de nuestras manos, como la vida misma.

Fuentes: Eusebio Ruvalcaba, Temporada de otoño, México, Bajel de sueños, Almaqui editores, 2015; Gabriel Pareyón, Diccionario de Música en México, Guadalajara, Jalisco, México,  Secretaría de Cultura Gobierno de Jalisco/Conaculta, 1995.  

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