In memoriam, Jon Vickers, tenor

Publicado: julio 16, 2015 Última Modificación julio 16, 2015 Por: adminmusica

por Ricardo Rondón

Nos acabamos de enterar de la muerte de uno de nuestros cantantes favoritos, el sublime y emocionante tenor, Jon Vickers. Nació en Prince Albert, Saskatchewan, el 29 de octubre de 1920. Estudió con George Lambert en el Royal Conserva tory de Toronto. Su debut fue como el Duque, en Rigoletto, en Toronto, 1952.

Cantó Don José y el Coro Masculino (El Rapto de Lucrecia en Stratford, Ontario) y después debutó en la Opera Real de Covent Garden como Riccardo en Un Baile de Máscaras. Siguió regularmente con esta compañía hasta 1969. Sus papeles principales fueron Eneas, Radamés, Don Carlo, Sansón (Häendel), Jasón (Medea), Canio, Florestan y Peter Grimes. Hizo su debut en Bayreuth en 1958 con Siegmund y regresó en 1964 como Parsifal. Canio fue el papel de su debut en el Metropolitan Opera (1960), recinto donde estuvo e durante más de 20 temporadas, con 225 actuaciones de 16 papeles. Los más frecuentes fueron Florestan, Siegmund, Otelo, y Peter Grimes. Además cantó Don José, Hermann (La reina de espadas), La novia vendida, Eneas, Parsifal, los Sansones tanto de Saint-Saëns como Häendel. Don Alvaro, Laca (Jenufa) y Tristán.

Siguieron presentaciones en Chicago, la Scala y Salzburgo (Don José, Tristán, y Otelo). Con todo y su físico heroico, declino cantar Sigfrido y Tannhaüser. Cuando lo entrevisté dijo: “Sigfrido son cinco horas de total aburrimiento!”. Tannhauser le desagradaba por razones religiosas, era un cristiano devoto. Su intensa entrega y convicción lo hicieron ideal para personajes atormentados con la sociedad que los rodea, combinaba la maestría de vocalización expresiva (dicción, colorido de tono, fraseo) para crear los personajes más sobresalientes en lo que llevamos de experiencia operística. Jon Vickers era un actor de impacto sobrecogedor, sus actuaciones contenían una fusión única de sensibilidad, inteligencia, fuerza bruta y férrea individualidad. Jeannie Williams lo explora brillantemente en Jon Vickers-La vida de un héroe. Es una biografía franca, sincera y libre de halagos inútiles. En agosto de 1965 debutó en el Palacio de Bellas Artes cantando Siegmund en La Valquiria de Wagner. Regine Crespin fue su admirable compañera como Sieglinda. George Sebastian dirigió y esa noche La Valquiria hizo historia en México. No se nos puede olvidar el final del primer acto con estos dos artistas de calidad suprema: el espiritu de Wagner inundó el teatro.

Nunca se nos olvida. Después vino un Otelo al lado de un jóven barítono Sherrill Milnes y una desafortunada Aïda en donde Regine Crespin estaba enferma. Más adelante aplaudimos su Otelo en el Met y sabemos que se retiró con absoluta seriedad, sin fanfarrias ni homenajes.

En la vida privada estuvo casado dos veces: la primera esposa murió dejándole cinco hijos y la segunda murió en 1991. Padeció el mal de Alzhaimer’s que sufrió un tiempo largo. Se nos va uno de los cantantes más importantes de nuestros tiempos. Para los que aún no lo conocen recomendamos la función en DVD de Peter Grimes de Britten tomado en vivo en Covent Garden. Es una función que pone los pelos de punta, emociona profundamente. Descanse en paz este héroe de la ópera. Se ha ido un gigante musical que tuvimos del honor de entrevistar y conocer un poco.

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