Johann Adolph Hasse, “il caro Sassone”

Mayo 16, 2017

por Francesco Milella

La capacidad de crear mitos y héroes de la música es uno de los elementos que aún hoy siguen fascinando a todos los que se acercan, por pasión o interés, al mundo de la ópera italiana. Un ejemplo lo dice todo: los castrati. Su voz mágica y deshumana era capaz de transformar al público en una masa histérica y enloquecida, sin distinción de sexo, de edad o de clase social. Fuera Farinelli, el Senesino o  Caffariello, las ciudades de toda Europa se paralizaban a su llegada para que todos pudieran admirar su arte y su belleza. Pero el público y su afán por el divismo no eran los úncios complices de este fenómeno.

La estructura y los mecanismos de producción de la ópera italiana concedían mucho espacio a los cantantes, colocándolos en el vértice – ante el público de la ópera; el compositor era nada más un artesano al servicio de los cantantes. Su nombre no siempre aparecía en los carteles de las funciones ni, mucho menos, circulaba en la prensa ciudadana. Pero hay excepciones que merecen ser recordadas, figuras que en su época lograron alcanzar la misma gloria de las voces para quienes escribían las notas y las arias, incluso disfrutando del privilegio del apodo con el cual muchos castratos pasaron a la historia. La excepción que hoy les queremos compartir es la del “caro Sassone”, el querido sajón. Con este apodo por años el mundo de la música conoció a un compositor alemán que, en más de sesenta años fue capaz de imponer su música ante el público italiano y el de su natal Alemania, conquistando su más total admiración. Estamos hablando de Johann Adolph Hasse.

Originario de Bergedorf, cerca de Hamburgo, en 1699, el joven Hasse se dio a conocer inmediatamente en su ciudad natal como uno de los músicos más prometedores de su generación: su arte vocal y su refinada capacidad de tocar el clave cautivaron la atención del principal compositor de la ciudad, Reinhard Keiser, quien le concedió la oportunidad de presentar en 1721 su primera ópera, Antioco, en el teatro de Brunswick. Las puertas para Italia estaban oficialmente abiertas: en 1722 llegó a Nápoles para estudiar con Niccoló Porpora y Alessandro Scarlatti. Entre 1726 y 1730 presentó ocho óperas, todas igualmente aplaudidas por el público napolitano, uno de los más severos y críticos de toda Europa. De Nápoles Hasse pasó a Venecia, donde conocío a la famosa cantante Faustina Bordoni, con quien se casó en 1730. Con un perfil finalmente completo, comenzó a viajar por toda Europa sembrando éxitos por doquier: Dresden, Berlín, Leipzig, Londres, Viena y, de nuevo, Venecia donde murió en 1783, dos años después de su amada Faustina.

Al escuchar la música de Hasse, única y verdadera razón de su exitosa vida, nada parece sorprendernos. La estructura de sus arias, el tono de la orquesta y la escritura vocal no poseen ninguno de esos elementos revolucionarios que tanto celebramos en la música de Handel o de Scarlatti. No es ahí en donde se esconde la importancia de Hasse. Al igual que ellos, fue un gran poeta de la ópera, pero su mirada y su sensibilidad alemana lo llevaron a dar más espacio a la estructura formal y estructural que al resultado dramático en sí.

En sus arias no encontraremos nunca la profunda intimidad de un aria handeliana o la teatralidad de un duetto scarlattiano pero sí el equilibrio, la discreción y la elegancia de la voz: en las óperas de Hasse, típicamente metastasianas, el bel canto alcanza su máxima expresión. La voz, expresiva y delicada, es el centro de todo, mientras que la orquesta la acompaña y la apoya sin superarla ni aplastarla. El virtuosismo, elemento congénito de su arte, anima cada escena con naturalidad, sin esfuerzo y sin ese afán de soprender, típico de muchos compositores menores italianos. En fin, el virtuosismo para Hasse no es una decoración sino un principio estético, un pilar de la creación musical.

A partir de los años sesenta del siglo XVIII, con la crisis de la ópera metastasiana, la música de Hasse comenzó a desaparecer. El público buscaba nuevas emociones que la rígida estructura barroca no lograba aceptar. Hasse, humilde y generoso, comenzó a dar espacio a las nuevas generaciones. Su última ópera fue presentada en Milán en 1771. Era el Ruggiero, ejecutada junto a una serenata teatral, obra de un niño llegado de Salzburgo. Su título era Ascanio in Alba, su autor: Wolfgang Amadeus Mozart.

 

Siroe, Re di Persia “Fra l’orror della tempesta”

 

Siroe, Re di Persia “Torrente cresciuto”

 

Il cantico de’ tre fanciulli “Fonti che a sorso”

 

Ruggiero “So che un sogno è la speranza”

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