Joshua Bell: la música como felicidad

mayo 31, 2015

Joshua Bell (Bloomington, Indiana, 1967) es uno de los violinistas más virtuosos de nuestro tiempo y en entrevista con Excélsior asegura que la música es una especie de religión que lo conduce a la verdad, una forma de felicidad que lo aleja del caos del mundo y de la vida cotidiana.

Así lo comenta vía telefónica desde su residencia en Nueva York, a una semana de que se presente en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, acompañado de la Academy of St. Martin in the Fields, “una de las mejores del mundo”.

“En mi caso, la música es la religión que me permite llegar a la verdad, hacia algo más grande de lo que es uno mismo, es una forma de introspección hacia la luz del universo”, comenta el intérprete estadounidense que debutó como solista con la Orquesta de Filadelfia, dirigida por Riccardo Muti con sólo 14 años.

“No sé cómo funciona lo que te digo, pero al escuchar a grandes compositores, como Bach, nace una conexión hermosa e inexplicable. Para mí la música es la más importante de las artes, porque me permite abstraerme del caos del mundo y de la vida cotidiana”.

Una de las anécdotas más conocidas del violinista es el experimento que hizo en 2007, cuando tocó seis piezas de Bach en el metro de Washington. La iniciativa fue planteada por The Washington Post, donde la apuesta era descubrir si las personas podían reconocer el talento de este virtuoso en un contexto inesperado.

El resultado fue “una derrota a medias”, pues, cuentan las crónicas, aquel día Josh —como le dicen sus amigos— se puso un pantalón de mezclilla, una playera de manga larga y una gorra, se apostó junto a una puerta de cristal y empezó a tocar su Stradivarius 1713, valuado en 3.5 millones de dólares, ante casi mil personas que pasaron junto a él. Sin embargo, sólo una persona lo reconoció.

Pese a esta experiencia, Bell asegura que la música clásica es una forma de felicidad que puede tocar el corazón de cualquier persona. “Bueno, la música a mí me hace muy feliz, porque es algo que expresa todas las emociones humanas”.

Y aunque muchas de las grandes composiciones son tristes y podrían hacernos llorar, al final esto que nos permite vivir y sentir. “Es como el caso de las películas, que pueden hacernos reír o llorar… ¡Claro!, a mí la música me hace muy feliz, aunque debo decirte que la felicidad no es la mayor meta de la vida, para mí la mayor meta es sentirme vivo”.

¿Qué siente cuando está en el escenario ante miles de personas?, se pregunta al intérprete que debutó en el Carnegie Hall en 1985 con la Orquesta Sinfónica de Saint Louis.

“Cuando estoy en el escenario me siento muy cómodo, porque la música hace que mi adrenalina se acelere. Para mí, interpretar esas piezas es como tener una droga sobre el escenario. Además, sé que tengo un público que me pone nervioso y que al mismo tiempo me pone feliz. Al final ser músico es el mejor trabajo del mundo”.

¿Le preocupa más la reacción del público o lo que sucede en el escenario?, se inquiere al violinista que interpretó una parte de la banda sonora de la cinta El violín rojo (1998).

“Mi sentir con respecto al escenario es muy parecido a lo que vive un actor. Lo compararía con un trance hipnótico. Cuando estoy en el escenario sólo existe la música que estoy interpretando. En ese momento uno se vuelve vulnerable y eso podría volverse algo peligroso, pues abres tu corazón y expones tus sentimientos ante dos mil personas. Lo cierto es que todo intérprete debe de tener la habilidad de abrir su corazón y de exponer su alma”.

Sobre su violín, comenta que fue elaborado en 1730 por Gibson Stradivarius, “el mejor fabricante de violines de la historia”, el cual fue utilizado por Bronislaw Huberman, uno de los grandes violinistas del siglo XX. El instrumento fue robado dos veces. Una, el 28 de febrero de 1939 dentro del Carnegie Hall, en Nueva York, mientras Huberman usaba otro violín.

CONOCER MÉXICO

En la función del sábado 6 de junio, Bell interpretará piezas como la Obertura de las Bodas de Fígaro, de Mozart; el Concierto para violín en mi menor, de Mendelssohn, y la Sinfonía No. 3 Heroica, de Beethoven. En la segunda tocará piezas como la Sinfonía Clásica, de Prokófiev; el Concierto para violín No. 1, de Max Bruch, y la Sinfonía No. 7, de Beethoven.

“El programa está pensado para el público que asiste por primera vez a un concierto, así que contiene piezas para pasarla bien y divertirse mucho”, explica el intérprete. Al mismo tiempo ambos programas son “muy cercanos a su corazón”, reconoce, pues los ha interpretado desde los 12 años de edad. “No puedo olvidar que Beethoven no sólo es mi compositor favorito, sino que además ha cambiado mi vida para siempre”.

Antes de finalizar la entrevista, Bell hace una pausa y habla un poco sobre México y asegura que no sólo es un lugar con personas muy amigables y que saben apreciar la música clásica, sino también un país donde le sorprende la posibilidad de que los conciertos sean transmitidos afuera de los escenarios principales.

Sin embargo, admite que le falta escuchar más música tradicional mexicana y de compositores clásicos de nuestro país. “Me hace falta escuchar más música tradicional mexicana, porque no la conozco mucho. Pero creo me daré a la tarea de escucharla en esta visita; necesito aprender más sobre compositores mexicanos”, acepta.

Por último, comenta que en los próximos meses continuará con la grabación de las sinfonías de Beethoven y el impulso a una fundación que se encarga de llevar música clásica a escuelas de Estados Unidos.

Conozca a Joshua Bell

• Tomó el violín a los cuatro años de edad.

• A los 14 años se presentó como solista con la Orquesta de Filadelfia ante Riccardo Muti.

• Toca un violín Stradivarius fabricado 1713 y valuado en 3.5 millones de dólares.

• En 2007 tocó seis piezas de Bach durante 45 minutos en el metro de Washington, donde sólo una persona lo reconoció.

• Durante esos minutos solo seis personas se detuvieron a verlo y 20 le dieron dinero, con lo que reunió 32 dólares.

• Su álbum Romance vendió cinco millones de copias.

¿DÓNDE Y CUÁNDO?

Joshua Bell se presentará en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes el 6 de junio a las 19:00 horas y el 8 de junio a las 20:00 horas. Avenida Juárez y Eje Central.

Fuente: Juan Carlos Talavera en Excelsior.

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