La canción de la tierra de Gustav Mahler

mayo 11, 2016 10:51 pm



Christa Ludwig, mezzo-soprano | René Kollo, tenor | Israel Philharmonic Orchestra | Leonard Bernstein, director

Das Lied von der Erde, una de las últimas obras completadas por Mahler antes de su muerte, es una obra de difícil categorización. El académico Hermann Danuser la describe como “una de las más extremas entre los géneros existentes en la historia musical.” Cuando Mahler inicio esta composición en julio de 1908 no tenía una idea clara de la forma, pero su estructura comenzó a emerger mientras trabajaba. Alma Mahler escribió “Trabajó fervientemente durante todo el verano en los lieder. La obra expandía su escala mientras la componía. Unió los textos individuales, compuso interludios y las formas expandidas le acercaron a su forma fundamental –la sinfonía. Cuando era obvio que esta sería una suerte de sinfonía, la obra rápidamente tomó forma y fue terminada antes de lo previsto.” En comparación con su obra previa, la Octava, que incluye tres coros y ocho solistas, la concepción de Das Lied como una sinfonía de canciones no es una postura tan radical como pareciese.

Mucho se ha comentado sobre la supuesta creencia mahleriana de que escribir más de nueve sinfonías le traería la muerte, y que con esmero evitó la “maldición de la novena” en La canción de la tierra. Sin embargo, hay poca evidencia de ello, fuera de los relatos de Alma. Cada obra de Mahler revela aspectos de la psique del compositor, quien no temía compartir sus dolores, alegrías o sentimientos más íntimos. No empero, incluso Mahler creía que Das Lied proveía un acercamiento más profundo a su alma. En una carta dirigida al director Bruno Walter, quien estrenó la obra, Mahler escribió, “creo que es la música más personal que he hecho hasta ahora.” La vulnerabilidad expresada por Mahler es quizá el reconocimiento de su próxima muerte (en 1907 fue diagnosticado con una grave enfermedad cardiaca). Mientras contemplaba su mortalidad, Mahler buscó nuevas formas de expresión, como le explicó a Walter: “Si voy a encontrar el camino de vuelta hacía mí mismo tengo que aceptar los horrores de la soledad. Hablo en acertijos, ya que no sabes lo que ocurre dentro de mí. No es para nada un miedo hipocondriaco a la muerte, como se pudiera suponer. Llevo mucho tiempo sabiendo que voy a morir… debo decir que de un solo golpe he perdido cualquier tipo de calma o paz que haya tenido antes. Me encuentro cara a cara con la nada y ahora al final de mi vida, debo aprender de nuevo a pararme y a caminar.”

El texto de este ciclo se origina en unos poemas chinos escritos en el siglo VIII durante la dinastía T’ang. Mahler los encontró en Die chinesische Flöte (La flauta china), una colección armada por el poeta alemán Hans Bethge. La poesía china traducida literalmente tiene, en los oídos occidentales, una cualidad atmosférica, incluso a veces telepática; así, parte del problema de acercar esta lírica a un idioma europeo es proveer contexto sobre el tipo de cosas que asumen los lectores chinos. El hecho de que los poemas retienen algo de su sentido original luego de una metamorfosis tan extrema habla de su universalidad esencial. Los textos exploran asuntos de vida, muerte, naturaleza, edad y experiencia. Mahler asigna los textos más extrovertidos al tenor, que representa a la humanidad, mientras que los poemas más abstractos los canta la contralto, que representa el alma.

Como con sus sinfonías previas, Mahler usa la gran orquesta como un ensamble de cámara. La textura tiene pequeñas agrupaciones de instrumentos, mientras que la orquesta completa toca solo en momentos claves. En la primera canción el tenor hace una entrada triunfal entre un reclamo de los cornos y proclama su determinación de desafiar a la mortalidad con copiosas cantidades de vino. En Der Einsame im Herbst, la contralto y el oboe comparten un dueto lírico que contempla con tristeza la caída de las hojas, que representan el cierre de una estación vital. El tenor regresa en Von der Jugend para celebrar un momento alegre de juventud, en donde las maderas y los metales capturan la esencia del chacoteo del agua y la agilidad de los peces en un estanque. Von der Schönheit describe la belleza de las jóvenes doncellas coqueteando con un jinete que va de paso. El tenor de nuevo proclama su afición por la bebida en Der Trunkene im Frühling. Mahler ingeniosamente captura su embriaguez con efectos exagerados y una serie de frases que terminan, traviesamente, en estridentes notas agudas. El solo del oboe abre Der Abschied, la canción final, que es tan larga como las cinco previas combinadas. Mahler ilustra el texto con un restringido acompañamiento orquestal. El poema refuerza su título con símbolos recurrentes de la muerte: el sol poniente, pájaros dormidos, oscuridad y sueño. Mahler también utiliza uno de sus procedimientos clásicos, una serie de terceras menores ascendentes, primero en las maderas, que introducen el segundo verso. Esta figura musical, que toca el arpa en otras piezas de Mahler, representa a la muerte y a la eternidad. Cuando la cantante canta el adiós a un querido amigo, la música recrea una atmósfera de tiempo detenido y el final “ewig … ewig …” (para siempre… para siempre) captura el duradero amor hacia la vida que trascendió la muerte física de su autor.

Fuente: Elizabeth Schwartz para The Oregon Symphony Orchestra.

Comentarios