La Música de Shakespeare (tercera parte)

Publicado: mayo 12, 2014 Última Modificación mayo 12, 2014 Por: adminmusica

Por Luis Pérez Santoja

Qué dulce puede ser la música amarga

Cuando el tiempo se acaba y no hay justificación.

Así es en la música de la vida del hombre

Shakespeare, Ricardo II


La música cantada.

En su mayoría, las canciones eran interpretadas por los personajes secundarios o de clases sociales más bajas: sirvientes, cómicos, bufones, los “rústicos” que abundan en estas obras y hasta algún personaje de facultades mentales limitadas.
Sin haber hecho un estudio exhaustivo con este propósito, podrían calcularse más de cien canciones mencionadas por Shakespeare, algunas con el texto reproducido, otras sólo citadas. La costumbre establecía que en cada obra hubiera al menos una canción, aunque ello se evitaba en los grandes dramas y obras históricas. Pero Shakespeare rompió la regla al incluir canciones en obras
como Otelo, Hamlet y Rey Lear.

Las canciones eran incluidas por Shakespeare con total sabiduría, fuera que compusiera una letra o que recogiera la que cantaba la calle, pues siempre servía para comentar o satirizar el carácter de un personaje o de una situación escénica (¿pensaría en el coro de la tragedia griega?). El mensaje podía ser simplemente lírico o con una fuerte carga de sentidos entre lo psicológico y la alusión sexual.


Greensleeves.


De lo que no hay la menor duda es que la canción más famosa de la época isabelina, asociada con Shakespeare y que merece un apartado especial, es Greensleeves, cuya melodía es tan bella que impide creer que su título aluda a unas “mangas verdes”:

Alas, my love, you do me wrong, to cast me off discourteously.

For I have loved you well and long, delighting in your company.

Greensleeves was all my joy, Greensleeves was my delight,

Greensleeves was my heart of gold, and who but my lady greensleeves.

Your vows you’ve broken, like my heart, oh, why did you so enrapture me?

Now I remain in a world apart, but my heart remains in captivity.

Su verdadero origen se pierde en el tiempo y en Inglaterra nunca cayó en el olvido. Un tiempo hubo la leyenda de que el autor sería nada menos que Enrique VIII, compuesta ante los rechazos de Ana Bolena cuando se negaba a ser su siguiente esposa; pero el sentimentalismo de los ingleses es desmentido por el estilo italianizado de la pieza, que llegó a Inglaterra varios años después de la muerte del calenturiento monarca.

Hay que asumir con resignación su origen anónimo, como una canción popular del siglo XVI, de la que se hizo una docena de ediciones en forma de canciones, baladas, pleasants delights, la más antigua de 1580, en un típico volante (broadside ballad); en todas hay alusiones al título y a la melodía conocida, con algunos cambios. En los diversos textos de esta canción de reclamo ante el desamor de la amada se menciona a una “Ladie Greene Sleeves”; ¿Greensleeves sería una dama? En una de las ediciones más antiguas aparece un curioso verso que otorga certeza al sentido inexplicable: “Greene Sleeves is worne awaie, Yellow Sleeves Comme to decaie, Blacke Sleeves I holde in despite, But White Sleeves is my delighte”. En nuestro tiempo, el responsable de que se convirtiera en la pieza más popular de su tiempo fue Ralph Vaughan Williams con su arreglo orquestal Fantasía sobre “Greensleeves” (1934), aunque V. W. ya había incluido la melodía como un aria de su ópera Sir John in Love, basada, por cierto, en Las alegres comadres de Windsor y su glorioso personaje Falstaff. Es en esta obra donde aparece la mención shakespeareana de la canción en cuestión, pues Mrs. Ford la nombra dos veces sin mayor relación con la escena y. en otro parlamento, Falstaff dice:

“¡Qué lluevan papas del cielo! ¡Qué truene con la melodía de Greensleeves!” (“Let the sky rain potatoes! Let it thunder to the tune of Greensleeves!”) También el estudio de su letra ha sido rico e interminable. Se le han encontrado todo tipo de dobles sentidos y alusiones a la relación sexual: la palabra verde tenía connotaciones sexuales en la época; la vestimenta verde de la tal Lady Green Sleeves podía sugerir su promiscuidad, aunque su negativa a la petición amorosa lo desmiente; también lo verde podía referir a la hierba pegada al vestido después de la relación sobre el pasto. ¿Una más? Para Chaucer, en sus Cuentos de Canterbury, verde es sinónimo del amor ligero. Ah, con razón Greensleeves is my delight. En nuestro tiempo, Greensleeves se convirtió en una canción con tufo navideño (el villancico del siglo XIX, What child is this?, por ejemplo). Pero, además, su popularidad es extensa: ha sido fondo musical de múltiples películas y programas de TV, e interpretada por los más asombrosos intérpretes, desde McCoy Tyner y John Coltrane hasta la salsa de Ray Barreto y el virtuosismo guitarrístico de Jeff Beck, pasando por Elvis Presley, Leonard Cohen, Loreena McKennitt, expresiones de rock, heavy metal, punk, surf, baladas pop y hasta Homero Simpson ¡la toca en un trombón! Y aquí no acabaría la relación de usos en la música actual, más o menos respetuosos del original.


Voces agudas y voces graves.

Las canciones eran usadas para los rituales de las brujas de Macbeth o los conjuros de Ariel o de Próspero en La tempestad. Los personajes principales casi nunca cantan, pero una conocida canción folklórica distorsionada le sirve a Shakespeare para mostrarnos el perturbado estado mental de Ofelia en Hamlet y de otros personajes desquiciados. Asimismo, la infinita nostalgia de Desdémona presintiendo su muerte a manos de Otelo era expresada con la bella Canción del sauce: La pobre criatura suspiraba (The Poor Soul Sat Sighing), canción auténtica del siglo XVI, de cuyo autor o melodía no hay vestigios. Si Shakespeare no hubiera sentido su valor emotivo, Desdémona habría cantado otra pieza. No es gratuito que Verdi compusiera su extraordinaria y melancólica aria de la soprano en la escena similar de su Otelo, usando partes de dicha letra. ¿Y qué tal que una frase como “que sabe cantar con voz aguda y con voz grave” (“that can sing both low and high”) de O Mistress Mine, aludía a la ambigüedad sexual o al travestismo de un personaje? De hecho, el sentido de humor y la picaresca más audaz de la época estaban presentes en los escenarios isabelinos. It Was a Lover and His Lass, que se cantaba en As You Like It (Como gustéis), no puede ocultar su doble sentido: “Era un amante y su chica, con un jey, con un jo y un jey noni no, que pasaban por un verde campo de granos. En primavera, el mejor momento para el anillo, los pájaros cantan ‘jey ding a ding’ y los buenos amantes aman la primavera”.

Shakespeare se vuelve genial en sus propias letras cuando su sentido satírico alcanza alusiones sexuales, para lo cual la música y los instrumentos podían servirle de buen pretexto: en Cymbeline Cloten dice: “Me han aconsejado que le dé música matutina; dicen que le va a penetrar”. Y le dice al consort: “¡Vengan, afinen! Si pueden penetrarla con sus digitaciones, qué bien. También intentaremos con la lengua”. Para los puristas de cualquier índole ahí va el original: “I am advised to give her music o’ mornings; they say it will penetrate. Come on, tune. If you can penetrate her with your fingering, so; we’ll try with tongue too”.

Los instrumentos podían enriquecer sus metáforas. Cuando Hamlet intuye que Guildenstern y Rosencrantz intentan vigilarlo e ingenuamente llevarlo a la muerte, él se compara con la flauta de pico: “Vengan y toquen a través de mí, parecen conocer mis pistones, pulsarán el corazón de mi misterio, me harán sonar desde mi nota más baja hasta el extremo de mi tesitura y hay aún mucha música, excelente voz, en este pequeño órgano, que ustedes no logran hacer hablar”. (“You would play upon me, you would seem to know my stops, you would pluck out the heart of my mystery, you would sound me from my lowest note to the top of my compass, and there is much music, excellent voice, in this little organ, yet cannot you make it speak”).

Lamentablemente, de sus numerosas letras para canciones, de diversas obras: Sigh no more, ladies (Ya no más suspiros, señoras), de Mucho ruido y pocas nueces; Who is Silvia (¿Quién es Silvia?) de Two Gentlemen from Verona (Dos caballeros de Verona), o Come away, death (Vámonos lejos, muerte) deNoche de Epifanía, no tenemos ni partituras ni la transmisión oral por tradición para conocer sus melodías. (Existe, por cierto, una canción sobre ¿Quién es Silvia? compuesta por Schubert con el título An Sylvia).


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