Las cuatro estaciones porteñas de Astor Piazzolla (Arreglo de Leonid Desyatnikov)

Publicado: noviembre 26, 2015 Última Modificación noviembre 26, 2015 Por: adminmusica



Kremerata Baltica – J. Rachlin

En un principio, como es el caso de muchas (pero no todas) de las composiciones de Piazzolla, Las cuatro estaciones porteñas fueron concebidas para ser ejecutadas por su famoso quinteto. En este grupo formidable, presencia seminal en el tango nuevo y, en general, en el panorama de la música popular del siglo XX, acompañaban al bandoneón de Piazzolla el piano de Pablo Zigler, el violín de Fernando Suárez Paz, la guitarra de Óscar López Ruiz y el contrabajo de Héctor Console. Ahora bien, resulta que el propio Piazzolla realizó más de una vez distintas versiones de sus piezas, y Las cuatro estaciones porteñas no son la excepción. En algunas fuentes se menciona a la guitarra como el instrumento original de Las cuatro estaciones porteñas, mientras que otras mencionan un arreglo del propio Piazzolla para piano y cuerdas. Y siendo la música de Piazzolla de tan largo alcance, otras manos han intervenido en sus partituras originales para presentarlas bajo otras dotaciones instrumentales. Así, por ejemplo, es posible hallar una versión de Las cuatro estaciones porteñas para violín, violoncello y piano, y una más para orquesta de cuerdas. Estos dos arreglos fueron realizados por el compositor, violoncellista y arreglista argentino José Bragato, a quien se deben también otros arreglos de obras de Piazzolla.

Consciente de su labor revolucionaria e iconoclasta respecto al tango, decía Piazzolla: “Yo hice una revolución en el tango; rompí con viejos moldes y por eso me atacaron, y tuve que defenderme. Pero lo que nadie me puede negar es mi origen: tengo el tango marcado en el orillo.”

Más claro no puede ser: Piazzolla, el gran profeta del tango nuevo, no fue un francotirador agazapado en la penumbra, sino que le cambió la cara al tango desde dentro, y ese es precisamente su gran mérito. Y lo hizo con un amor tan grande por el tango y por su propio trabajo, que años antes de morir afirmó: “Tengo una ilusión: que mi obra se escuche en el 2020, y en el 3000 también.”

En cuanto al bandoneón, no está de más recordar que entre su origen y su destino es posible hallar una fractura harto interesante. Se dice que este singular instrumento, pariente del acordeón y la concertina, fue inventado en Alemania por Heinrich Band alrededor de 1854 con el objeto de sustituir al órgano y al armonio en pequeñas iglesias pobres, que carecían de estos instrumentos. Poco menos de medio siglo después, el bandoneón que tan piadoso origen había tenido, estaba firmemente instalado en los burdeles de Buenos Aires y al poco tiempo se convirtió en el instrumento pivote de las orquestas de tango. El linaje de grandes bandoneonistas, iniciado acaso por intérpretes como Juan Maglio y Vicente Greco en los albores del siglo xx, tuvo en Piazzolla a su exponente más radical, a su apóstol más renovador y a uno de sus ejecutantes más apasionados. No en balde la música de Piazzolla ha sido enormemente exitosa en todo el mundo y, de manera importante, ha sido fundamental en el necesario pero complejo proceso de borrar las fronteras entre los conceptos de música popular y música de concierto. Algunas de las piezas compuestas por Piazzolla están dedicadas directamente al bandoneón (por ejemplo, Tristezas de un Doble A) y, tal y como ocurre en el tango tradicional desde Gardel y similares, otras están relacionadas directamente con Buenos Aires, ciudad sinónimo del tango. En el caso de Las cuatro estaciones porteñas, conviene señalar que más que un intento estricto por describir cambios climáticos y mutaciones de la naturaleza, la obra se percibe como una serie de cuatro estados de ánimo del compositor que se enfrenta a su propia percepción de Buenos Aires. Y por si a alguien le interesan ciertos paralelos, musicales y de otro tipo, bien vale la pena recordar que las más famosas Cuatro estaciones de Antonio Vivaldi (1678-1741), nacieron en otra gran ciudad-puerto, Venecia. A propósito de lo cual, parece ser que el término porteño, con la carga cultural específica que tiene en este caso, no se deja traducir fácilmente a otros idiomas; en inglés se conoce esta suite de Piazzolla como The four seasons of Buenos Aires.

El arreglo de Las cuatro estaciones… que se presenta se debe al compositor ruso Leonid Desyatnikov (1955), conocido por sus partituras para el cine, sus arreglos sobre obras de otros compositores, y sus colaboraciones con el violinista y director letón Gidon Kremer.

Fuente: Juan Arturo Brennan para la Orquesta Sinfónica de Minería

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