LEONARD BERNSTEIN (1918-1990) Obertura a Candide

Publicado: mayo 24, 2017 Última Modificación mayo 24, 2017 Por: adminmusica

La búsqueda de la verdad, la bondad y la honestidad

 

Orquesta Sinfónica de Londres, dirige Leonard Bernstein

 

En la recámara de Voltaire.

Voltaire, muy viejo, vestido de camisón y gorro blancos, duerme en su cama. Frente a él, sobre la cama, hay un atril portátil sobre el que se encuentra un enorme libro manuscrito abierto, un tintero y una pluma de ganso. Durante la obertura, Voltaire duerme.

 

(Obertura: Allegro Molto con brio)

 

Al final de la obertura, entra a la recámara un sirviente chino con cola de caballo y se apresura hasta la cama llevando un tarro de chocolate caliente. Sacude a Voltaire y lo despierta. Voltaire toma sorbos del chocolate, tose, le devuelve el tarro al sirviente, y éste se apresura a salir de la recámara. Voltaire bosteza, se estira, se cala unos espejuelos con montura de acero y toma la pluma de ganso y el libro manuscrito.

VOLTAIRE (leyendo sobre el acompañamiento de una cajita de música):

En Westfalia, en el castillo del barón Thunder-Ten-Tronck, vivían cuatro jóvenes. Todos ellos eran muy felices porque sabían que vivían en el mejor de los castillos posibles, en el mejor de los países posibles, en el mejor de los mundos posibles. El más feliz de todos era el noble joven Candide. Aunque era sólo un primo bastardo, se le permitía graciosamente usar las mejores ropas de segunda mano y volar el tercer mejor halcón de la baronía.

Es así como se inicia la comedia musical Candide, basada en la novela satírica homónima de Voltaire, y estrenada en Broadway el primero de diciembre de 1956, con libreto de Lillian Hellman y música de Leonard Bernstein.

Vayamos primero a los antecedentes. François-Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire (1694-1778) es hasta nuestros días una de las figuras culminantes de la literatura francesa, habiendo conjugado en su obra la capacidad crítica y la ironía que sintetizan lo mejor del pensamiento francés de su tiempo. En sus escritos, Voltaire propaga vigorosamente un ideal de progreso al cual los pensadores y filósofos posteriores se han mantenido receptivos. Su larga vida abarcó los últimos años del clasicismo y las vísperas de la revolución; en esos años, sus obras fueron un factor determinante en la dirección que habría de tomar la civilización europea.

A finales del año de 1758 Voltaire escribió la más famosa de sus obras, la novela satírica Candide. El protagonista de Voltaire es un optimista confirmado, y su maestro, el Dr. Pangloss, le ha inculcado la convicción de que éste es el mejor de los mundos posibles. Acompañado por su amada Cunegonda, Candide decide dejar su hogar en Westfalia y lanzarse por el mundo en busca de la verdad, la bondad y la honestidad. Deambulando de ciudad en ciudad (Lisboa, París, Buenos Aires, etc.), Candide y Cunegonda encuentran sólo miseria, tragedia, desastres y ambición humana. Candide es golpeado, humillado, engañado y finalmente obligado a descender al ínfimo nivel moral del mundo que lo rodea. Amargado y desilusionado, Candide decide finalmente sentar cabeza y ocuparse de sus propios asuntos: se casa con Cunegonda, quien para entonces es una mujer vieja y fea.

Esta es, a grandes rasgos, la anécdota de la novela de Voltaire sobre la que Lillian Hellman basó su incisivo y atrevido libreto para la comedia musical homónima, a la que Leonard Bernstein habría de ponerle música. A partir de la mención de Bernstein, sería fácil salir apresuradamente del paso y referirse a él en este caso como Bernstein, compositor. No hay que olvidar, sin embargo, que este peculiar personaje de la música del siglo XX fue también director de orquesta, pianista, escritor, conferencista, maestro, y uno de los grandes divulgadores musicales de todos los tiempos. Cuán acertado está Robert Sabin al afirmar que Leonard Bernstein atacó cada una de sus múltiples carreras con energía inextinguible y ambición singular, y que siendo un showman consumado, su estilo fue capaz de atraer una audiencia variadísima, que abarcó desde adolescentes inexpertos hasta melómanos cultivados.

Por otra parte, Bernstein puede ser considerado como una excepción entre los músicos jóvenes de su generación, ya que él nunca fue conservador, sintiendo de hecho una mayor atracción por la música moderna que por los clásicos, desde sus años de estudiante. Fue justamente en esos años que Bernstein tuvo sus primeros contactos con la escena, contactos que habrían de fructificar más tarde en sus diversas incursiones por la música para cine y para teatro. Durante su paso por la Escuela Latina de Boston, Bernstein produjo y dirigió espectáculos musicales que iban desde operetas y comedias musicales hasta obras como Carmen, de Bizet. Entre las influencias principales que ayudaron a moldear al joven y rebelde Bernstein pueden mencionarse a Aaron Copland y a Dmitri Mitropoulos, por cuyo poder intelectual, técnica heterodoxa y poderoso dinamismo Bernstein sintió una gran admiración. Su espíritu contestatario queda en evidencia a través de una anécdota de sus años de estudiante. Las autoridades de Boston, conservadoras al fin y al cabo, prohibieron a Bernstein producir la obra La cuna se mecerá, de Marc Blitzstein, pieza declaradamente izquierdista, en un recinto estatal. Bernstein, obstinado, la produjo por su cuenta en el Auditorio Harvard, dándose además el lujo de escandalizar a propios y extraños otorgando a su hermana Shirley, de quince años de edad, el papel de una prostituta.

Esta misma inclinación a épater les bourgeois puede ser detectada en la música compuesta por Bernstein, que si bien no está a la altura de nombres como Copland, Foss, Barber, Schuman, Cowell, Piston o Sessions, sí comunica la misma seguridad, el mismo fuego, la misma vitalidad y la misma versatilidad que la figura de Bernstein en el podio de una orquesta. Además de sus obras para piano y su música sinfónica, aquí es especialmente pertinente mencionar las obras escritas por Bernstein para diversos medios representativos. En el campo de la ópera, compuso Trouble in Tahiti en 1952; para ballet, escribió Fancy Free en 1944 y Facsimile en 1946; en 1954 realizó la partitura para la película On the waterfront; y en el área de la comedia musical, además de Candide, Bernstein compuso On the town en 1944, Peter Pan en 1950, Wonderful town en 1953, y la muy exitosa West Side Story en 1957, llevada a la pantalla unos años después. A propósito de éxitos y fracasos, vale la pena mencionar que Candide fue, relativamente, el único fracaso de taquilla que se recuerde en la prolífica carrera de Bernstein; después del estreno, Candide tuvo solamente 73 funciones antes de cerrar su temporada. Sin embargo, en 1973 se realizó una nueva producción de la obra, mucho más exitosa, con una buena coreografía, un libreto más vivaz y una mejor presentación, que le valieron a Candide cinco premios Tony y el premio de los críticos de drama de Nueva York como la mejor comedia musical del año.

Fuente: Juan Arturo Brennan para la Orquesta Filarmónica de la UANL

 

 

No se pierda la versión de la Obertura a Candide de Leonard Bernstein de Elim Chan, directora huésped principal de la OFUNAM, este 27 y 28 de mayo en la Sala Nezahualcóyotl. Para mayor información, consulte cartelera.   

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