Los Nocturnos de Chopin (II)

Publicado: febrero 21, 2015 Última Modificación abril 4, 2017 Por: adminmusica

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Los Nocturnos de Frédéric Chopin (I) 
Los Nocturnos de Frédéric Chopin (III) 
Los Nocturnos de Frédéric Chopin (IV) 

Nocturno en do sostenido menor, Op. 27, No.1

Valentina Lisitsa – piano

Un arpegio sin tercera en la mano izquierda, repartido en un ámbito de dos octavas. Misterio… incertidumbre. La melodía surge a lo lejos y desde ahí establece poco a poco el modo armónico, por fin se completa el acorde de re bemol mayor. El crítico Alan Rich considera este nocturno como “una de las declaratorias más personales en el campo de la música para piano”. Finck opina que la pieza “incorpora una mayor variedad de emoción y espíritu dramático genuino en cuatro páginas que muchas de la óperas populares en cuatrocientas.” La obra es trágica, amenazante y por momentos desesperanzada. La forma es A B A más una coda final, estructura recurrente durante todo el ciclo. La sección central Piu mosso tiene un incansable y vehemente poder. La coda es un recordatorio del inagotable prodigio del talento chopiniano.


Nocturno en re bemol mayor, Op. 27, No.2

Maurizio Pollini – Piano

Esta exquisita pieza, de carácter continuo, es la esencia misma de la fioritura. Es uno de los nocturnos favoritos y demanda una habilidad técnica altamente desarrollada; tómese como ejemplo la delicadeza requerida en el acompañamiento preludiante de la melodía desde el inicio hasta el final. Un estudio minucioso de la obra revela la individualidad en la escritura pianística de Chopin; la proliferación de arabescos que embellecen el tema es prueba de una gran originalidad, hay muy poca referencia con la obra de cualquier otro compositor. La melodía en casi violinística, si bien una transcripción a ese instrumento destruiría su misma esencia. Esa línea melódica sólo puede ser cantada por un piano.


Nocturno en sol menor, Op. 37, No.1

Anne Queffélec – piano

El nocturno inicia con un memorable tema en primer plano que se desarrolla con melancolía e incesante tristeza. Lo acompañan acordes que con cautela buscan no interrumpir su flujo. Un trino nos conduce a una elaboración melódica que ofrece un contraste casi luminoso hasta que vuelve el tema principal luego de un puñado de notas repetidas. La parte B es una austera pero bellísima sucesión de acordes que construyen una atmosfera casi de iglesia. La sección A retorna un tanto modificada, porque no presenta las repeticiones de la original y por la doliente coda con la que finaliza el discurso.

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