Los tientos de Francisco Correa de Arauxo

Por Francesco Milella La muerte de Felipe II en 1598 representa un momento clave y al mismo tiempo ambiguo de la historia de España. Por […]

Por Francesco Milella Última Modificación mayo 30, 2016

Por Francesco Milella
La muerte de Felipe II en 1598 representa un momento clave y al mismo tiempo ambiguo de la historia de España. Por un lado marcó el fin de un absolutismo extremo, de una burocracia paranóica y de toda una desafortunada serie de inconscientes políticas económicas y militares que llevaron al Imperio español a una iminente implosión. Por el otro, sin embargo, inició una fase de mediocridad y silencio para todo el mundo ibérico: con Felipe II terminaba la gloria de España, de la invencible armada y también de toda ese maravilloso mundo cultural que hoy comunmente conocemos como “el Siglo de Oro”.
Despedirse de todo esto no ha de haber sido fácil para España, ya que significaba cerrar uno de los capítulos más importantes de su historia y abrir un periodo de silencio y olvido. Afortunadamente, las cosas no fueron exactamente en esa dirección: si las políticas concretas y las guerras pueden terminar rápidamente con un cambio de poder, la cultura no. Es evidente que ni la pintura, ni la literatura, ni la música mantenían la fuerza catalizadora y contagiante de los años de Carlos V y Felipe II, pero su voz, por suerte, siguió escuchándose en los reinos de Felipe III y, siendo generosos, de Felipe IV. Al contrario, silenciosa y discretamente, el Siglo de Oro proyectaba su luz aún en las primeras décadas dei siglo XVII, iluminando la trayectoria no solamente de escritores del nivel de Miguel de Cervantes (1547-1616), sino también de algunos compositores, gracias a los cuales la música española fue avanzando mientras se despedía con melancolía del Renacimiento y recibía las nuevas modas del Barroco.
Uno de los testigos más finos e importantes de la música española en este delicado momento de transición fue sin duda Francisco Correa de Arauxo, sacerdote y, sobre todo, compositor y organista, nacido en Sevilla en 1584 y muerto en Segovia en 1654. En su larga, y en parte desconocida, vida artística, Correa de Arauxo fue capaz de fundir el refinadísimo lenguaje renacentista y trasportarlo al siglo XVII abriéndolo a las formas y gustos musicales que lentamente iban llegando de Italia, sobre todo de Nápoles.
La música de Correa de Arauxo llegó hasta nosotros en el famoso “Libro de tientos y discursos de música práctica, y theórica de organo intitulado Facultad orgánica”, publicado en 1626 en Alcalá, en el cual el compositor sevillano nos ofrece un compendio sobre la técnica del órgano, acompañando su explicación teórica con una serie de tientos escritos expresamente para dicho instrumento en notación en cifra, como se solía hacer en la música ibérica. Pero, ¿qué es un tiento?
El tiento era la forma musical más común en España y Portugal entre los siglos XVI y XVII. Consistía en una serie de frases musicales desarrolladas de forma imitativa u homofónica, con la utilización de todos los recursos técnicos del instrumento. Finalmente, se trata de una forma musical que intentaba explorar, siguiendo el modelo del ricercare italiano, todas sus posibilidades. En este caso, tratándose del órgano, las posibilidades eran obviamente infinitas: era suficiente, como muestra claramente el video que les proponemos, mover palancas y pedales para obtener colores y timbres totalmente diferentes entre ellos.
Con sus más de sesenta tientos para órgano, Correa de Arauxo realizó una de los ciclos musicales más bellos de toda la música española entre Renacimiento y Barroco. Ejemplo claro de su inteligencia musical es el tiento n. 23 de sexto tono sobre la “Batalla de Morales” del mismo Arauxo. En este tiento, que ayer como hoy se suele interpretar tanto en órgano como con un conjunto más amplio de instrumentos, Correa de Arauxo, discreta y lentamente, cautiva nuestra atención sorprendiéndonos, como solo los grandes músicos saben hacer, con una impresionante variedad de ingredientes: voces que pasan del melisma típicamente polifónico, a la melodía elegante y linear que anticipa el barroco; frecuentes cambios de diseños y registros; un atrevido y extraordinario uso de la disonancia, así como la variación de las unidades rítmicas que parecen retomar sabores árabes y sefarditas. Podría continuar la lista: mejor que hable la música de Correa de Arauxo y que nos cuente su historia, tan delicada y revolucionaria.

Versión para conjunto instrumental (Jordi Savall)

Versión para órgano (Norberto Broggini)

Francesco Milella
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