Luisa Miller: papá cumple 50 años

Publicado: abril 17, 2018 Última Modificación abril 17, 2018 Por: adminmusica

por José Antonio Palafox

Aunque no era Rigoletto, El trovador, La traviata, Aida o alguna otra de las grandes favoritas del público, el pasado sábado 14 de abril se dio cita en el Auditorio Nacional —sin duda atraída por la presencia de Plácido Domingo en el reparto— una abundante concurrencia dispuesta a disfrutar de la proyección, en vivo desde el Met de Nueva York, de Luisa Miller, decimoquinta ópera de Giuseppe Verdi y una de sus obras menos conocidas e interpretadas.

En esta ocasión, el Met desempolvó la producción que el director teatral australiano Elijah Moshinsky presentó en el 2001, con escenarios y vestuario de la época de Verdi a cargo de Santo Loquasto, colaborador habitual de Woody Allen, para celebrar los 50 años del debut de Plácido Domingo en sus escenarios. En 1971, el legendario tenor español había cantado el papel estelar de Rodolfo en este recinto. Ahora, en esta nueva etapa de su vida artística, donde se ha dedicado a desplazar su rango vocal de tenor a barítono, el carismático cantante encarnó a Miller, padre de la protagonista. Se trata de un papel que exige gran flexibilidad vocal y una tesitura alta, pero Domingo demostró con creces por qué es una leyenda viviente de la ópera. Es cierto que su inconfundible voz ya no alcanza las altísimas notas propias de un tenor, pero sigue siendo clara y brillante, y con el tiempo ha adquirido una elegante tonalidad que la hace ideal para papeles de patriarcas respetables y distinguidos, como ocurrió en la temporada 2016-2017 del Met con su caracterización del rey Nabucodonosor y ahora con su encarnación del honorable Miller. La entrega sencilla y sincera con que Domingo acometió a su personaje le dio una autenticidad conmovedora, sobre todo en momentos como el final del primer acto, cuando se atreve a defender a su hija de la humillación pública a que la ha sometido el conde Walter, o en el bellísimo dueto La tomba è un letto…Andrem, raminghi e poveriel que Miller canta con su hija casi al final del tercer acto.

Giuseppe Verdi: Tu puniscimi, o Signore (Luisa Miller) / Sonya Yoncheva (Luisa) y la orquesta del Met, dirige Bertrand de Billy

Sin embargo, a pesar de la magnética presencia de Plácido Domingo, las verdaderas estrellas de esta poderosa y dramática pugna entre el amor filial y el amor romántico fueron la soprano búlgara Sonya Yoncheva y el tenor polaco Piotr Beczała. Con su espléndida encarnación de la desdichada Luisa Miller, Yoncheva —quien ha sido una de las figuras más sobresalientes en esta temporada del Met— agregó una más a la lista de trágicas heroínas que ha interpretado en un cortísimo lapso de tiempo. Con gran aplomo, la cantante se movió como pez en el agua e hizo de Luisa, la inocente campesina que se debate entre el amor a su padre y el amor al hijo del hombre más poderoso de la región, toda una creación personal, luciendo una respetable flexibilidad vocal capaz de llevar a buen término desde las luminosas florituras belcantistas iniciales de Lo vidi e’l primo palpito, donde explica a su padre cómo se ha enamorado de Carlo (que en realidad es Rodolfo), hasta la oscura carga tímbrica de La tomba e un letto sparso di fiori, donde revela su intención de suicidarse después de haber sido presionada para mentir sobre sus sentimientos. Además, su brillante desempeño actoral imprimió un poderoso hado de fatalidad al personaje, como en la desgarradora Tu puniscimi, o Signore, donde sus gestos reflejaron la atroz lucha interna librada por una Luisa que se debate entre perder a su padre o perder a su amado. Por su parte, Beczała es indudablemente uno de los mejores tenores que hemos escuchado en los últimos tiempos. No solo posee una voz realmente vigorosa y apasionada que es capaz de modular acertadamente gracias a un impecable dominio técnico, sino que su presencia escénica es agradable, desenvuelta y elegante. Todas estas cualidades quedaron manifiestas de manera integral cuando acometió el inspirado tour de force que son el recitativo Oh! Fede negar potessi y la subsiguiente aria Quando le sere al placido, donde Rodolfo tiene que pasar sin interrupción de la melancolía al sufrimiento, luego a la furia y finalmente a la impotencia al sentirse traicionado por Luisa. Su magnífico desempeño fue reconocido por el público con una prolongada ovación.

Giuseppe Verdi: Quando le sere al placido (Luisa Miller) / Piotr Beczała (Rodolfo) y la Orquesta del Met, dirige Bertrand de Billy

La estupenda selección del reparto se vio completada con un trío de cantantes que reafirmaron la incuestionable calidad interpretativa de los intérpretes rusos: la mezzosoprano Olesya Petrova y los bajos Alexander Vinogradov y Dmitri Belosselskiy, quienes dieron vida, respectivamente, a la duquesa Federica (rival de Luisa Miller por el amor de Rodolfo), el ambicioso conde Walter (padre de Rodolfo, que se debate entre su ansia de poder y el amor a su hijo) y el despreciable administrador Wurm (pretendiente de Luisa y cómplice de Walter en un crimen cometido años atrás). Petrova es poseedora de una cálida voz con un delicado tono oscuro subyacente que hizo disfrutable su breve aparición, mientras que Vinogradov tiene una voz ágil y consistente que hizo destacable su interpretación del emotivo monólogo Il mio sangue, la vita darei. Con una voz sólida e imponente, actitudes melosas y un aspecto mefistofélico que hacía temer por la honra de Luisa, el Wurm de Belosselskiy tuvo uno de sus mejores momentos cuando cantó con el Walter de Vinogradov el curioso dueto para dos bajos Sol tu? Congiunto, donde se revela el terrible origen de la riqueza de Walter. Con el brillante cuarteto a capella que tiene lugar al final del segundo acto, los tres cantantes (y Sonya Yoncheva) ofrecieron uno de los momentos más disfrutables de esta puesta en escena.

Giuseppe Verdi: Sol tu? Congiunto (Luisa Miller) / Alexander Vinogradov (Walter), Dmitri Belosselskiy (Wurm) y la Orquesta del Met, dirige Bertrand de Billy

Finalmente, el coro y la orquesta del Met tuvieron el impecable desempeño acostumbrado. La batuta estuvo a cargo del director francés Bertrand de Billy, quien dio cátedra de cómo dirigir una orquesta cuando se interpreta una ópera, aunque su vigorosa y apasionada lectura de la partitura hizo que por momentos tuviéramos la impresión de que estábamos escuchando la Electra de Richard Strauss y no la Luisa Miller de Verdi. Sin embargo, al final, el prolongado aplauso del público del Met y los rostros complacidos del público del Auditorio Nacional fueron el mejor reconocimiento para esta obra maestra (casi) desconocida.

 

 

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