Minería, gala de clausura: Elgar, Tchaikovsky y Gershwin

agosto 31, 2015

Carlos Miguel Prieto abrió este magno evento con dos marchas del Op. 39 de Sir Edward Elgar.

por Ricardo Rondón

Carlos Miguel Prieto abrió este magno evento con dos marchas del Op. 39 de Sir Edward Elgar, ambas emotivas y de impecable confección. Celebran las glorias militares inglesas y su devoción a la monarquía. La No. 1, que encierra el himno Land of Hope and Glory,(Tierra de de esperanza y gloria) es sinónima de las graduaciones escolares.

El Concierto para violín Op. 35 de Tchaikovsky es uno de los favoritos de los melómanos y se escucha en México con frecuencia. El hecho de contar con el violinista ruso Vadim Gluzman es un honor más que enriquece esta temporada. Gluzman tocó el famoso Concieto magistralmente viviendo cada pasaje musical con pasión y perfección técnica. Es obvio que ama esta música y la proyectó al enorme auditorio que llenaba la Sala Neza (agosto 29).Cada vez que lo escuchamos sentimos una presencia especial de perfección aunado a un gran corazón. Prieto y la OSM le dieron un acompañamiento estupendo y es un placer verlos trabajando juntos.

Como plato fuerte se presentó en forma de concierto la ópera Porgy and Bess de George Gershwin, un clásico del teatro musical que ha viajado por todo el mundo. La ópera se estrenó en 1935 en Nueva York. Gershwin utilizó un libreto de DuBose Heyward e Ira Gershwin basado en la obra Porgy de DuBose y Dorothy Heyward. La acción transcurre en los años veinte en un barrio negro de Charleston, Carolina del Sur.

Esta es la última obra seria de Gershwin y su única ópera formal. Encierra gran riqueza melódica, un ritmo vigoroso, espontaneidad y frescura. Es la única obra del compositor que muestra compasión, humanidad y un instinto profundamente humano. Recrea los sonidos del barrio que van de los espirituales hasta los gritos callejeros. Es una verdadera opera folklórica cuyas raíces negras son evidentes.

Exhibe humor, tragedia, caracterizaciones penetrantes, fuerza dramática y simpatía. El tiempo la colocó como una de las mejores operas americanas jamás compuestas. El público enloqueció con la calidad de esta presentación en concierto. Los solistas no solamente cantaron muy bien sino que materialmente vivieron a sus personajes. Todos tenían las voces ideales para transmitir y un entusiasmo contagioso. Jonita Lattimore tiene una voz enorme pero la sabe matizar y darle todas las reacciones de la sufrida Bess.

Kevin Deas fue un excelente Porgy, de voz vibrante y expresiva. Sportin’Life estuvo en las manos expertas de Dwayne Clark. Los Coros de la Ciudad de Nueva Orleans, que dirige John E. Ware, brillaron en todas sus intervenciones. Fue un “evento histórico” presentado con talento e imaginación. Nos gustó especialmente el “encore”, We shall overcome, que refleja los ideales de Martin Luther King, cantado con un fervor espiritual emocionante. Fue una gran gala que cierra una temporada en donde no faltaron actuaciones inolvidables de los solistas, de Carlos Prieto y de la OSM. ¡Bravo!

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