Minería: Béatrice et Bénedict, de Berlioz

Publicado: agosto 11, 2014 Última Modificación agosto 11, 2014 Por: adminmusica

por Ricardo Rondón

El sexto programa de la temporada de Minería nos dio la oportunidad de escuchar en vivo, en forma de concierto y semi-montada, Beatrice et Benedict de Héctor Berlioz. En esta versión dirigida con excelencia por Carlos Miguel Prieto, la obra se reveló más como sinfonía dramática que como ópera. Al igual que otras piezas de Berlioz, B. & B. se niega a caer en una categoría convencional. No tiene el acabado, ni la inspiración de Romeo et Julieta, admirablemente presentado en una temporada anterior pero hay extensiones líricas atractivas y la parte coral sobresale. Debido a estar construida a base de números o secciones, la continuidad dramática simplemente no se da y el precio es el aburrimiento. Sergio Vela tuvo la ingrata tarea de dirigir la acción y preparar la dramaturgia. El esfuerzo fue loable y movió bien a sus huestes salvo una excepción, la Ursula de Ginger Costa-Jackson, exagerada y sobreactuada, pero esto es culpa de directora d movimiento y expresión corporal Tuby Tagle que seguramente no la quería quieta un solo instante. El argumento está libremente basado en Much Ado about Nothing de Shakespeare pero omite la intriga de algunos de los personajes secundarios sin lograr que triunfe la comedia. B. & B. no tiene gracia alguna, todos los personajes son seres negativos y es imposible sentir afecto por alguno de ellos.


Gracias a momentos mágicos como el Nocturno que cierra el largo primer acto, pudimos admirar la estructura musical y la química que siente Prieto por el compositor. Los solistas actuaron discretamente y todos sabían sus partes de memoria, alguno digno de aplauso, pero la obra no dejó estar a distancia de nuestra sensibilidad. Leticia de Altamirano (Hero) fue la mejor de los cantantes. Su voz fresca, de timbré lírico y buena extensión hizo que su aria fuera lo mejor de la noche. En los dúos también mostró un fino manejo de su parte. Resultó decepcionante la Béatrice de Michele Bogdanowicz cuyo timbre no es grato y está al margen de la música asignada a ella. La voz sonó ríspida, sin legato y ácida. Luis Artahnan tuvo la asignación de Leonato, que funge como maestro de ceremonias, o algo así, y aunque su entrega fue total, malamente lo podíamos escuchar. La Sala Neza no tiene buena acústica para los parlamentos hablados y cada vez que hay amplificación viene acompañada de distorsión. Su papel se hizo pesado porque habló demasiado, nuevamente culpa de la dirección. El tenor Ernest Ramírez cantó bien el Bénedict y su voz se fue de menos a más tomando forma para redondear sus frases y coronar su parte con agudos firmes y atractivos. El vestuario de Violeta Rojas no es ni vistoso, ni elegante, a ratos parece una mezcla de sobrantes de otras producciones. Lugar de honor ocupó el Coro EnHarmonia que dirige Fernando Menéndez. Cantaron de maravilla, con entusiasmo, entrega y buena afinación. Sus movimientos le dieron vida a cada intervención. La Sinfónica de Minería estaba en su mejor forma y nuevamente reiteramos que bajo Prieto toca mejor que con otros maestros del podio.



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