Miroirs (1904-1905)

Publicado: mayo 20, 2017 Última Modificación mayo 20, 2017 Por: adminmusica

Evocaciones al teclado

 

Noctuelles
Oiseaux tristes
Une barque sur l’Océan
Alborada del gracioso
La Vallée des cloches

 

Alexei Tartakovsky, piano

 

Una nueva etapa se abre con Miroirs, al romper ya Ravel con las ataduras académicas. Necesitaba verse desembarazado de toda traba y formulismo escolástico para respirar libre. Los tres años siguientes serán de lo más fecundo dentro del nuevo giro en su producción. Miroirs resumirá todos sus precedentes ensayos armónicos, al tiempo que condensará sus futuras audacias.

Según la confesión del propio Ravel, esta obra desconcertó a cuantos estaban acostumbrados a su precedente manera de componer. Rota ya la cuadratura rítmica, camina desde Noctuelles por un mar de arpegios sin perder el equilibrio tonal. Quizá sea la obra con mayor influencia impresionista, como lo retratan los mismos títulos, que no son descriptivos sino evocativos. Bastaría observar La Vallée des cloches para darse cuenta de que está casi toda la pieza desarrollada sobre las impresionistas cuartas y quintas superpuestas.

Resultan curiosos los resultados acústicos de suaves y lejanas vibraciones y el leve rumor de campanas de atardecer, efectos plenamente buscados en la resonancia natural de los cuerpos metálicos a través del tintineo ostinato del sol sostenido, desde el principio hasta el final, cuyas oscilaciones vibratorias arrastran tras de sí, cual si se tratase de un sonido fundamental, un conglomerado de armónicos que se reflejan en la continua ondulación de esas imperceptibles cuartas superiores. Parece ser que Ravel aseguró a Robert Casadesus que La Vallée des cloches había sido  inspirada por el repiqueteo de las campanas de muchas iglesias de París al mediodía.

Tal nota pedal será una constante a través de Miroirs: Unas veces será el camuflado fa o si bemol de Noctuelles; otras veces será la percusiva nota repetitiva de Oiseaux tristes o el lejano tintineo del sol sostenido de Vallée des cloches.

En cualquier caso, todos estos efectos no son descriptivos sino evocativos. Lo mismo que en los trinos, arpegios y terceras descendentes de Oiseaux tristes, que sugieren, según propia expresión, el canto de los pájaros perdidos en la frondosidad de la selva al mediodía, su música no trata de imitar tal canto, sino que la pieza entera tiene un carácter simbólico.

Los Miroirs siguen dentro de la línea virtuosística y de la técnica de Jeux d’eau: a base de balanceos de cascadas de notas de matiz lisztiano, líneas sinuosas que huyen, progresiones semitonales, ritmos caprichosos y etéreos de ambas manos que se oponen, arpegiados volubles, mágicos adornos, registros agudos cristalinos y evocadores efectos del agua y de sus ondulaciones en Une barque sur l’océan; en fin, sugerencia de guitarras en la Alborada del gracioso.

Cada una de las piezas de esa obra está dedicada a uno de sus mejores amigos: Léon-Paul Fargue, Ricardo Viñes, Paul Sor des, Calvocoressi y Maurice Delague, siendo estrenada por Ricardo Viñes en la Sala Erard de París el 6 de junio de 1908.

Une barque sur l’océan y de Alborada del gracioso fueron orquestadas por el mismo Ravel en 1906 y 1918 respectivamente.

Fuente: Mariano Pérez Gutierrez para el ciclo “Integral para piano de Maurice Ravel” – Fundación Juan March, 1987.

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