Música en casa 01 de septiembre 2016

septiembre 1, 2016 9:38 am

Ludwig van Beethoven
Sonata para violín y piano op. 25 no. 5 “Primavera”

Inquietud sentimental, un brote prerromántico”

Anne-Sophíe Mutter, violín
Lambert Orkis, piano

Por su luminosidad, su frescura, su perfecto equilibrio formal, esta sonata ha sido siempre la predilecta de público e intérpretes. No fue Beethoven quien le dio el sobrenombre con el que hoy es conocida, “Primavera”. Sin embargo es primaveral por su lozanía y también en el sentido de brote de algo nuevo, esa inquietud sentimental que tiene mucho de prerromántico “Sturm und Drang”.

¿Por qué esa genial claridad, esa luz intensa, esa alegría de Beethoven -tamizada de leve melancolía- en la “Sonata Primavera”?.

Según Nottebohm, Beethoven había trabajado en ella durante sus primeros tiempos vieneses, entre 1794 y 1795. Por ejemplo, los célebres compases que abren la sonata, tuvieron que exigirle mucho trabajo. Melodía mágica que desencadena infaliblemente una reacción de asombro en el oyente, melodía de corte schubertiano por su dulzura, pero en cuya fluyente exposición, algunos han visto un reflejo del “tempo’ y una afinidad espiritual con el arranque “cantabile allegro” (definición de Rudolf Kolish) de la Sonata Kv. 378 de Mozart.

Beethoven dio un impulso importante a la “Sonata en fa mayor” en los años 1800 y 1801, fecha en que la terminó. Y estos años son especialmente felices para él.

Durante la primavera del año 1800, Beethoven pasó una temporada inolvidable en el campo, en Martonvásár, en casa de sus amigos los Brunsvick. De las dos hermanas Brunsvick, Teresa y Josefina, estuvo enamorado.

Allí avanzará bastante la composición de la “Sonata en fa mayor”, a la que dará un tono decididamente pastoral.

El 16 de noviembre de 1801, antes de cumplir los 31 años, y poco después de haber publicado en la casa Mollo de Viena la “Sonata Primavera”, Beethoven escribe a Wegeler, su amigo de la infancia, una carta donde se contiene la significativa exclamación: “¡es tan hermoso vivir, vivir mil veces!”. No ha llegado todavía el triste momento de crisis de Heiligenstadt. Su amor hacia Giulietta Guicciardi le hace olvidar por algún tiempo otros sufrimientos interiores, derivados de su creciente sordera, que él trata todavía de ocultar.

El 29 de junio de 1801 termina una carta a Franz Wegeler: “quiero deciros (a él, y a su mujer Eleonore von Breuning) que me encontrareis muy mejorado, no sólo como artista, sino también como persona, y si hay más prosperidad en nuestra patria, entonces pondré mi arte sólo al servicio de los pobres”.

La “Sonata en do sostenido menor” , dedicada a Giulietta, y la “Segunda Sinfonía”, tan pacífica y serena, reflejan aquellos días esperanzados del maestro.

La “Sonata n.° 5” para violín y piano es la primera de la serie que incluye cuatro movimientos. Los dos primeros son piezas maestras por su unidad y radiante

evidencia. El “allegro” inicial es un modelo de elaboración del maravilloso tema del arranque. El “adagio” es uno de los más delicados escritos por Beethoven. Alegre y epigramático en su brevedad, el “scherzo”, preparando el camino al claro, lleno de gracia, “rondó ” final, cuyo tema, por cierto, está tomado del aria de Vetelia “No n piu di fiori”, de “La clemenza di Tito” , de Mozart.

La sonata se publicó en octubre del año 1801, junto con la la menor. En principio llevaba el número de “Opus . 23 n.° 2”, (la 4a.  lleva el Op. 23), pero el editor Mollo, a causa de un descuido de la imprenta, que dio formato diferente a la parte de violín de cada una de las dos sonatas, consideró conveniente separarlas.

Así que, en ediciones posteriores, y ya para siempre, apareció aislada con su número definitivo: Op. 24.

Fuente: Andrés Rui para la Fundación Juan March
No se pierda la interpretación de esta magnifica obra de Beethoven en el concierto de Viktoria Horti y María Teresa Frenk el próximo domingo 4 de septiembre a las 17hrs. en el Salón de Recepciones del MUNAL. Para mayor información, consulte cartelera.

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