Lucero Tena: “Mi alma está en las castañuelas”

Publicado: mayo 12, 2018 Última Modificación mayo 12, 2018 Por: adminmusica

Lucero Tena (México,1938) pertenece a una generación de artistas de la clásica incombustibles. Ella misma lo afirma: está viviendo una segunda juventud que seguirá disfrutando mientras sus manos le respondan. Con millones de visitas en las redes sociales, nuestra entrevista es interrumpida por otros artistas más jóvenes que se acercan con ilusión para profesarle su admiración. Es una artista tan consagrada como singular, única e irrepetible, con una vida entregada a la música. Ha hecho de sus “pequeños instrumentos”, como ella llama cariñosamente a las castañuelas, toda una carrera reconocida en más de 60 países. Uno tiene la sensación antes de hablar con ella y desde luego después, de que está frente a una manera de sentir que no podrá repetirse jamás. Y se siente uno afortunado de poder disfrutarla.

 

Sin duda es usted muy conocida, pero no todos conocemos su historia… Me gustaría comenzar por el principio, ¿cómo llegó la música a su vida?

Pues todo comenzó ya desde la guardería, allá en México, ¡dónde bailaba el Danubio azul con tres añitos! A los cuatro, seis años, empecé estudiar ballet y danza, todo el folklore español, desde los bailes regionales castellanos, murcianos…¡el aurresku! a los compositores más clásicos como Albéniz, Falla, Turina, Granados etcétera. De allí pasé al flamenco y de allí a las castañuelas como instrumentista. Son mis tres facetas como artista, las tres con las que me he presentado en el Teatro de la Zarzuela, la primea vez hace ya más de 50 años. Estudié ballet y danza como le comentaba con Nina Shestakova, del Ballet Ruso de Monte Carlo y con la exiliada española Emilia Díaz. Con ella aprendí todo lo que significa el baile: la posición, los zapateados, las diferentes danzas del folclore español, la escuela bolera del siglo XVIII…

Más tarde tuve el gran honor de descubrir y aprender flamenco con la gran y mejor bailarina de flamenco de todos los tiempos, Carmen Amaya. Yo tendría 15 años y yo me decía: ¡Madre mía Carmen Amaya! Estuve durante seis meses yendo todos los días a verla como ensayaba, porque al pedirla que me diera clase, me contestó que ella no impartía clases. ¡Así que tuve que aprender mirando! Carmen siempre hacía un número con clásica, con el Capricho español de Rimsky-Korsakov, y llegado un día, su hermana que era la primera bailarina se enfermó de hepatitis, así que andaban buscando una sustituta y allí estaba yo, en un rincón, mirando como todos los días. Carmen me miró y dijo: ¡hombre y la mexicanita por qué no? Oye Lucerito, vamos a ver, te atreverías a debutar conmigo bailando el Capricho español. Yo me quedé un poco estupefacta pero mi madre enseguida me dio una patada y yo salté ¡Sí, sí, sí! Así que con ella hice una gira por México y luego debuté jovencísima en el Carnegie Hall de Nueva York, con una gira por Estados Unidos.

Después Carmen me quiso llevar de gira por Sudamérica, pero yo quería venir a España y su prima, La Chunga, con su rumbita, descalza… nos terminó por convencer y me vine para acá.

 

¿Qué es lo más importante que aprendió de aquellos años junto a Carmen?

Con ella aprendí y me empapé de todo lo que era el flamenco de verdad. ¡Y fue ella quien introdujo las castañuelas en el flamenco verdadero, que en realidad es una trilogía: cante, baile y guitarra. Esa imagen asociada a las castañuelas es falsa o, en cualquier caso, posterior a Carmen. Cuando en algún momento alguien me insinuaba o me medio insinuaba que si yo me veía como  la sucesora de Carmen Amaya a mí se me llenaba, se me llevaban los demonios. ¿Cómo voy a ser yo la sucesora de alguien que no que no tiene parangón posible? Las grandes no tienen sucesoras, no pueden tener herederas. Yo llevo su escuela en mi propio estilo. Carmen Amaya es única, ha sido única y será única y no es que no pueda ni deba sino que tampoco quiero serlo.

En cualquier caso, Carmen Amaya me enseñó a tener mi propio mundo como artista y como persona y fue un consejo muy importante para mí. Carmen tendría problemas, tendría muchas cosas en la cabeza, pero cuando subía al escenario, cuando estaba en escena, todos los agobios desaparecían. Allí encima todo se olvida. Es un mundo nuevo, un mundo diferente y es donde hay que sentirse la reina del mundo. Así me lo han hecho sentir además los grandes directores con los que he tenido la suerte de tocar: Rostropovich, Frübeck, López Cobos, García Asensio, García Navarro, Maazel… ¡Plácido! Con quien tuve la suerte de tocar el año pasado en la Philharmonie de Berlín…

 

¿Cómo fue cruzar el charco?

Llegué aquí y trabajé durante 25 años en El Corral de la Morería, mientras iba saliendo poco a poco de gira por el mundo. En el Corral fui inmensamente feliz…

¡Allí la he visto yo bailando con Ronald Reagan!

(Risas) Sí, creo que por entonces era aún gobernador de California. Lo cierto es que por aquel entonces iban muchísimas personalidades de toda clase… ¡Isaac Stern por ejemplo no bailaba! (Risas). Fue una época muy bonita de mi vida artística dentro del flamenco, pero realmente yo me concentraba mucho en mis castañuelas.

Como innovadora que es usted y como todos los que han roto un poco lo establecido, ¿no la miraban raro dentro de la clásica o del flamenco puro con las castañuelas?

No, no, en absoluto. En realidad la idea de introducir las castañuelas como instrumento solista la tuve en México, porque en 1958 tuve que regresar ya que mi padre enfermó y tuvieron que operarle de la columna. Allí estuve durante un tiempo y poco a poco, a las grandes personalidades de la cultura que iban a mi casa, muchos de ellos exiliados españoles, les iba presentando mis ideas. Recuerdo con cariño al poeta León Felipe, que quedó gratamente sorprendido al escucharme tocar a Bach o Scarlatti con castañuelas y me animó a llevar a cabo mis ilusiones. Un día, reunidos, toqué esta sonata de Scarlatti y me dijeron que en la embajada soviética estaban el violinista Leonid Kogan y el compositor Aram Khachaturian, que por qué no me presentaba allí para ver si ellos podían indicarme y darme su opinión. Así que allí que me fui. Khachaturian se inclinaba por la música popular y Kogan se inclinaba por la música clásica… y yo que siempre soy muy políticamente correcta pues ¡les dije que haría caso a a los dos! ¡Y aquí estoy! (Risas).

¿Cómo lleva usted lo de ser estrella en Youtube, es consciente de la repercusión de los vídeos de sus actuaciones en las redes sociales?

Bueno, yo desde luego doy las gracias a todo el mundo que ve los vídeos en los que aparezco. No sé quién lo sube, pero me llama muchísimo la atención. Me alegra mucho que sean sobre todo vídeos de mi colaboración con una ONG para la que me llamó el maestro López Cobos: Voces para la paz. El primero de ellos fue en el 2005, con la primera danza de La vida breve y luego seguido cada año he acudido siempre que me han llamado. Luego hay otro vídeo también por allí que me han enseñado, que grabaron en la ciudad de Nantes. El maestro Fayral Karoui, con quien aparezco, me contó que él se encontraba dirigiendo la Orquesta de París y alguien le propuso tocar el  Intermedio de La boda de Luis Alonso. Él la busco en Youtube ¡y aparecí yo! Me dijo que se quedó prendado porque no se esperaba unas castañuelas y me llamaron para ir unos festivales que se organizan en Francia… y claro está también la he tocado en Japón, Varsovia, Croacia…

 

¿Hay algún país donde haya sentido ser recibida con especial calor?

¡Rusia! Sin duda en Moscú he vivido grandes experiencias y una felicidad muy grande. Creo que fui de las primeras españolas en ir a la Unión Soviética tras el bailarín Antonio Ruiz Soler. Me recuerdo tocando en el Conservatorio Tchaikovsky… Allí conmigo estaban Rozhdestvensky, Svetlanov, Moiseyev… y Maya Plisetskaya que se portó muy bien conmigo, fue una alegría inmensa que estuviera allí, escuchándome… Estoy de veras muy agradecida a Dios, a cómo se han podido dar las circunstancias para que yo haya podido disfrutar tanto en Moscú y en todo el mundo con mis pequeños instrumentos. De verdad estoy muy agradecida a la vida.

Le honra ser tan agradecida, desde luego, pero es un éxito y un trabajo que usted se ha labrado.

Hay que trabajar siempre. Desde luego todos los grandes instrumentistas del piano, chelo, violín… todos trabajamos para llegar lo más alto posible. Sin trabajo no podríamos ser tan felices con la música. Mire, gracias a mi trabajo imagino, he podido ser inmensamente feliz, como cuando mi gran amigo Mstislav Rostropovich me llamó para que participara en el homenaje que le daban en los Champs Elysées por su 70 cumpleaños. Allí estaba yo, rodeada de grandes casa reales y grandes artistas. La gala la presentaba Peter Ustinov y estaban Jean-Pierre Rampal, Maxim Vengerov con quién pude tocar en el camerino los Aires Bohemios. Dirigían la orquesta Yehudi Menuhin y Seiji Ozawa… dígame usted si no haber podido acceder y estar rodeada de tantos genios de la música no es sino para estar agradecida. Y si es mi trabajo el que me ha permitido llegar a ello… ¡por eso no he parado de trabajar!

 

Me hablaba usted antes de Carmen Amaya. Que era única y no tenía heredera…

Una fuera de serie…

Cómo lo es usted…

No, no, yo no lo soy. Mire, yo tuve el placer y el honor de contar con la amistad del gran maestro Andrés Segovia durante muchos años. Él me decía: “Chiquilla (porque él me llamaba chiquilla), lo que yo he hecho con la guitarra para llevarla a las grandes salas de conciertos…”, y le cortaba. No, no dejaba que terminara la frase. El Maestro Segovia era un genio, como lo era Carmen Amaya. Son grandes figuras que no pueden tener sucesores y yo es imposible, imposible que pueda compararme con ellos ni muchísimo menos. Yo voy haciendo mi camino y voy tratando de mejorar, de elevar lo máximo posible estos dos trocitos de madera que tanto quiero.

 

Bueno, entonces deje que seamos nosotros y la Historia quien hable de usted y lo que ha significado para las castañuelas…

No, todo eso que está diciendo usted es demasiado. Bastante es y estoy muy agradecida con la oportunidad que Dios, la vida, mi familia me han dado con los años que yo tengo, que son 79 ,y estar ahora viviendo mi segunda juventud.

Permítame decirle que, aunque naciera en México, forma parte usted de una generación prodigiosa de músicos españoles como son Teresa Berganza, Joaquín Achúcarro o Antón García Abril…

 

Yo amo a México, nací en México y le debo a México el haber conocido la música a Nina, Emilia, a Carmen… mis inicios se los debo a México pero, España amo (con énfasis), amo, amo a España profundamente. En cuanto a mi generación, si es cierto que somos un grupo de ancianitos muy vitales. Hemos vivido mucho y eso nos da perspectiva, supongo. Como yo digo, mientras éstas puedan (mueve las manos) seguiré subiendo al escenario.

 

 

¿Cómo consigue usted sacar tantos matices a las castañuelas?

En realidad las castañuelas son sólo dos sonidos: el grave, que es el acompañamiento y el agudo. Lo que siempre he intentado y he tratado es, siguiendo la dinámica del compositor y sin acomodarlo a mi instrumento sino al contrario, encontrar todos los matices posibles que estos trocitos de madera son capaces de crear. No soporto las libertades que se toman en muchas ocasiones algunos instrumentistas, cambiando las dinámicas o los tiempos. No son esas las formas. Como instrumentistas, tenemos siempre que seguir el camino de lo que el compositor sentía y quería.

 

¿Qué siente usted cuando hasta en las orquestas más prestigiosas ve al percusionista tocar las castañuelas con mango?

Yo he tenido la oportunidad de dar clase, porque así me lo pidieron, en Lausanne, a percusionistas de la Tonhalle de Zurich. Ellos tocaba las castañuelas en un trozo de madera y otros con un mango. La castañuela clásica no es fácil de interpretar y en una obra sinfónica en la que un percusionista ha de tocar varios instrumentos de forma continuada, se hace especialmente difícil. Realmente no creo que haya una tradición de las castañuelas en el repertorio clásico, no hay una escuela, digamos un método universal al que un percusionista de cualquier lugar pueda acudir como un instrumentista de violín o chelo puede acudir a diversos métodos de aprendizaje…

 

(Risas) ¡Esta soy yo! ¡El caso es que nunca me había oído porque yo siempre llego muy pronto y me siento casi la primera! Que yo aparezca en los audios creo que es una iniciativa del maestro Oliver Díaz, que es un gran maestro y que está haciendo grandes cosas por el Teatro de la Zarzuela tengo. ¡Ay! ¿Cómo no voy a tener un amor por España tan grande? Por todo lo que hay aquí y por las cosas tan grandes que me ha dado. ¡Y luego además aquí conocí a mi marido que es un hombre maravilloso! Me ha seguido por medio mundo y me ha apoyado y me sigue apoyando. Eso es algo fundamental. Al igual que lo hicieron mi madre y mi padre, que han estado siempre en todo conmigo. Desgraciadamente no puede tener niños pero quién sabe, tal vez si los hubiese tenido no estaría hoy aquí y lo que Dios no ha podido darme por un lado, esa felicidad, me la ha entregado por otro porque desde luego me hubiese dedicado en cuerpo y alma a ser madre y es muy difícil compatibilizarlo para poder hacer bien las dos cosas.

 

Me habla de zarzuela, ¿cómo la ve usted hoy en día?

No tenemos que olvidar que en los tiempos digamos más modernos, quienes llevaron la zarzuela a México fueron dos cantantes extraordinarios: Plácido Domingo padre y Pepita Embil. Mis padres que eran muy musicales me llevaban siempre a la ópera y a la zarzuela y gracias a ellas también la música ha podido llegar a mi. De oído me aprendía hasta el Caro nome de Rigoletto y tanta otra música… ¡Yo era soprano ligerito! (Risas). Pero de veras era importantísimo todo lo que aprendí a través de la zarzuela. Aprendí la música, pero aprendí también de España estando allí tan lejos. Y eso es lo importante. Lo que está haciendo el Teatro de la Zarzuela aquí en Madrid es tan fundamental para conocernos a nosotros, para que los jóvenes no dejen de conocer de donde vienen y quienes somos… ¡Que no muera la zarzuela!

 

Las castañuelas, hoy en día y desde hace mucho tiempo, no son sino sus manos en este país… y en el mundo…

Sí, podríamos decirlo así. Son mi pequeño instrumento, tengo mi corazoncito depositado en ellas. Yo creo que el querer algo tanto, el amar tanto a las castañuelas, a la música, es lo que me ha permitido ser tan feliz en mi vida. Por supuesto mi familia, mi marido, mis amigos, pero la música también ha sido fundamental. He depositado mi alma en ellas y espero que el público haya podido y pueda disfrutar conmigo.

 

Después de usted, ¿qué va a ser de las castañuelas?

No lo sé… muchos me dicen que por qué no he fundado una escuela… Pero no he tenido tiempo, tenía yo antes que mejorar muchas cosas…

No es que sean las castañuelas ya en sí mismas, es que lo que usted hace con ellas… su arte, le corresponde sólo a usted.

 

Fuente: Platea Magazine, escrito por Gonzalo Lahoz, 2016.

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