Charles Ives (1874-1954)

Mayo 28, 2017

Su música, casi toda escrita antes de que sufriera un ataque cardiaco en 1918, es pletórica de ideas poco convencionales y experimentos audaces: atonalidad, citas, compases simultáneos enfrentados, cuartos de tono, el uso de grupos de instrumentos separados espacialmente; en todas fue un precursor dotado de extraordinaria imaginación y trabajando en soledad y oscuridad, sin enterarse de lo que estaban logrando sus contemporáneos en Europa. Sin embargo, su atrevimiento no era el de un amateur ingenuo. Si bien no estudió una carrera musical y prefirió ganarse la vida por medio de un exitoso negocio de seguros, sí tomó clases con Horatio Parker en Yale (1894-1898).

 

La inclinación de Ives por los experimentos musicales fue estimulada en su infancia por su padre, George Ives, quien le enseñó los rudimentos de la música y además lo impulsó a ser abierto e independiente. Esto parece haber comenzado cuando era apenas un adolescente. Su padre le proporcionó los medios para sostener trabajos como organista de iglesia, pero también un espíritu inventivo y quejumbroso que lo llevaba a buscar su propia manera de hacer las cosas.Durante su estadía en Yale hasta cierto punto controló ese espíritu. Parker, como Dvorak, abogaba por los principios alemanes clásicos mezclados con material local: las melodías de canciones populares e himnos estadunidenses. Durante y después de sus años en Yale, Ives compuso fácilmente en esa línea obras como su Primer cuarteto (c. 1897-c. 1900, c. 1909), su Primera sinfonía (c. 1898- c. 1901, c. 1907-1908) y la cantata eclesiástica The Celestial Country (1898-1902, c. 1912-1913). Sin embargo, al mismo tiempo continuó con sus propias exploraciones, como su musicalización sin acompañamiento del Salmo 67 (c. 1898-1899), el cual está en dos tonalidades simultáneas, además de que alrededor de este periodo ensayó distintas ideas poco convencionales en otros salmos.

 

Cuarteto de cuerdas no. 2

 

Al no buscar un puesto musical se dio a sí mismo la libertad de componer como quería: puso su propia oficina en 1906 y componía durante las noches y los fines de semana. Pero su trabajo en los seguros tenía una justificación; él sentía que a través de los seguros los individuos libres podían protegerse contra los caprichos del destino, los cuales, en su visión optimista, podían poner en riesgo a los miembros de una sociedad democrática. Su música también era una expresión de sus ideales democráticos. Ésta tenía sus raíces en los musicales de salón, en las canciones para cantar en reuniones al aire libre, las bandas, los himnos que tenazmente se cantaban en las iglesias, así como otras impresiones de su niñez; su poesía es la de una Nueva Inglaterra pastoral de tiempos anteriores a los automóviles de motor. Pero, al mismo tiempo, es una apasionada declaración de principios del derecho individual a un punto de vista,

tan excéntrico como éste sea.

 

En sus canciones, que despliegan una variedad asombrosa, Ives implementó varias innovaciones posteriores. Las canciones van desde imitaciones de Lieder alemanes (Feldeinsamkeit) hasta poderosas declamaciones que son prácticamente atonales (Paracelsus), desde serenas piezas con melodías al estilo del himno (At the River) hasta algunas con un humor infantil (The Circus Band), desde estridentes epigramas (Duty) hasta números sencillos (Songs my Mother Taught me). A menudo estas canciones se desprendían de piezas camarísticas u orquestales, o bien fueron arregladas posteriormente para distintos ensambles. La música de Ives, tan variada en estilo, también es cambiante en sus detalles.

 

Paracelsus

 

Esto ha causado cierta dificultad en la publicación de sus obras puesto que sus partituras tienden a estar llenas de revisiones, alternativas e imposibilidades deliberadas: lo que importaba era, según sus términos, la “sustancia” de la música, no su realización. Su acercamiento al arte estaba influido por el trascendentalismo de Nueva Inglaterra, el pensamiento de los escritores-filósofos del siglo XIX que vivían alrededor del pueblo de Concord en Massachussets, y fue en su trabajo que Ives basó su Segunda sonata para piano (c. 1916-1919), subtitulada “Concord”. Otras composiciones, particularmente la obra orquestal Three Places in New England (c. 1912-1917), evocan el paisaje y la historia de la región natal de Ives. La sinfonía Holidays (1909-1913), que incluye el bullicioso “Fourth of July”, es particularmente rica en citas de este tipo, creando collages de una densidad inaccesible. Sin embargo, otras obras orquestales como la obertura Browning (c. 1912-1914), logran sus efectos por medios completamente originales, incluyendo un uso eficaz de la armonía disonante. Ives también experimentó con maneras nuevas y atonales de organizar la música en sus piezas para ensamble instrumental pequeño, como The Unanswered Question para trompeta, cuatro flautas y cuerdas (1908) y Tone Roads no. 1 para flauta, clarinete, fagot y cuerdas (c. 1913-1914). Esta última contiene una cierta anticipación del serialismo; en la primera, la trompeta formula la pregunta, que queda sin respuesta por las correrías fugaces de las flautas mientras las cuerdas, que representan el silencio de la sabiduría metafísica, tocan discretamente fuera del escenario.

 

The Unanswered Question

 

La Cuarta sinfonía de Ives (c. 1912-1918) es similar en su ambición filosófica pero mucho más impresionante en su concepción. Un breve preludio es seguido por un segundo movimiento enormemente complejo (desarrollado a partir del movimiento correspondiente en la Sonata “Concord”), una fuga (que también se usa en el Segundo cuarteto de c. 1913-1915) y un finale, que es una apoteosis sobre un plano serenamente espiritual. Esta obra, por su diversidad y visión, podría muy bien considerarse el logro más completo de Ives.

 

Sonata para piano no. 2 “Condord”

 

Después de prácticamente abandonar la composición –quizá tanto por desaliento como por mala salud– Ives publicó de manera privada su Sonata “Concord”, acompañada por sus Essays Before a Sonata y un volumen de 114 canciones en 1920-1922. (También aportó fondos para apoyar la publicación, ejecución y grabación de obra de otros compositores estadunidenses.) Alrededor de 1930 la Sonata fue retomada por John Kirkpatrick y Three Places por Nicolas Slonimski, pero la mayoría de las partituras de Ives quedó sin escucharse hasta después de la segunda Guerra Mundial.

 

Sinfonía no.4

Fuente: Latham, Alison. Diccionario enciclopédico de la música. Fondo de Cultura Económica, 2008.

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