Discos: El regreso de Joaquín Murieta, 163 años después

Junio 22, 2016 12:29 pm

Por José Antonio Palafox

Nacido en 1829, tal vez en Chile o en México -concretamente en Sonora-, Joaquín Murieta (o Murrieta) fue un insólito personaje que, intentando ganarse la vida como gambusino, llegó a California (entonces ya en poder de Estados Unidos) durante la Fiebre del Oro de la década de 1850. Ahí se encontró con que los trabajadores latinoamericanos sufrían el hostigamiento, los abusos y la xenofobia de la población y las autoridades locales. Después de que (según cuenta la leyenda) su mujer fuera violada y asesinada por un grupo de militares y su hermano ajusticiado por un crimen que no cometió, Murieta decidió luchar a favor de los más débiles. Así, formó una banda de “forajidos” llamada “Los cinco Joaquines” (porque todos sus integrantes coincidían en el nombre de pila) y, junto con Manuel García –conocido como “Jack Tres Dedos”-, se dedicó a asolar la zona de Sierra Nevada, actuando como una especie de Robin Hood hasta que el capitán Harry Love y un grupo de rangers californianos pusieron fin a sus correrías en 1853, cuando Murieta contaba con 24 años de edad. Pero así como incierto permanece su lugar de origen, aún más dudosa resulta su muerte a manos del capitán Love, ya que muchas personas afirmaron que la cabeza del cadáver que el militar presentó al gobernador de California como evidencia para cobrar una jugosa recompensa de $5000 dólares no era la de Murieta, e incluso hubo quien juró haberlo visto cabalgando en compañía de sus “Joaquines” después de su supuesta muerte.

 

Sea como fuere (por eso Joaquín Murieta es leyenda), lo que sí es cierto es que en 1854 el escritor cherokee John Rollin Ridge publicó The Life and Adventures of Joaquín Murieta, el primer libro sobre la vida de este trágico personaje, y que más tarde sus aventuras servirían como inspiración para la creación del héroe popular conocido como El Zorro. De ahí en adelante, tanto en el cine (bajo las órdenes de Fred Niblo, William Wellman y muchos más) como en la literatura (gracias a las plumas de Ireneo Paz Flores, Pablo Neruda e Isabel Allende, entre otros) y en la música (cortesía de, por ejemplo, el compositor chileno Sergio Ortega y el grupo de rock mexicano Twin Tones), Joaquín Murieta sigue cabalgando para ayudar a los desposeídos a librarse del yugo opresor de los más fuertes.

 

Ahora, 163 años después de su muerte, Joaquín Murieta está de regreso, en esta ocasión gracias al director de orquesta José Luis Domínguez (1971), quien dio inicio a su carrera como compositor en el año 2009 con el ballet La leyenda de Joaquín Murieta. Poderosa y sumamente expresiva, la música de La leyenda de Joaquín Murieta va más allá de las estructuras tradicionales del ballet y puede desarrollarse como una obra sinfónica desligada de cualquier coreografía. Sin embargo, al ser un ballet (o sea, una obra “dinámica”) y no una “gran sinfonía”, el compositor hace a un lado la carga política e ideológica inherente a la figura de Joaquín Murieta para enfatizar la acción pura (de manera similar a la conseguida por Aram Kachaturian en su ballet Espartaco). Por ello, resulta más que acertado comparar la partitura de La leyenda de Joaquín Murieta con las grandilocuentes composiciones que fueron la inconfundible firma de músicos como, por ejemplo, Max Steiner (Lo que el viento se llevó, 1939) y Miklós Rózsa (Ben-Hur, 1959) para las épicas cinematográficas clásicas.

 

Bienvenida es, pues, la primera grabación mundial de esta obra que el sello Naxos nos ofrece en un espléndido CD doble, con el propio compositor dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Santiago. No solo porque es una obra propositiva que enriquece el panorama de la música para ballet, sino también porque se trata de un loable intento por sacar de su letargo la escasa difusión que sufren las obras de los compositores chilenos de música “seria”.

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