Obras maestras Claude Debussy (II)

Abril 18, 2015



Orquesta del Festival de Lucerna – Claudio Abbado

El Mar fue compuesta durante una época difícil para Debussy. El compositor quería escribir sobre el mar, pero sentía que estar cerca del océano lo distraería y haría superflua la composición. Así que él y su esposa Lily fueron a las montañas de Borgoña, donde “mi viejo amigo el mar, siempre innumerable y bello”, no era sino un recuerdo sensorial. El proceso avanzó muy lentamente y para julio de 1904 el trabajo estaba lejos de estar terminado, lo que coincidió con la crisis marital entre Debussy y Lily.

Durante los tres años anteriores, Debussy se había sentido cada vez más cautivado por Emma Bardac, miembro destacado de la élite intelectual y artística de París y esposa de un rico banquero. A menudo los Debussy habían sido invitados a cenar con los Bardac, pero Lily siempre se sentía fuera de lugar. Los demás la trataban como a un ser intelectualmente inferior. Cuando Lily descubrió que Debussy la había dejado por Emma, se pegó un tiro que resultó casi mortal.

A continuación se produjo un gran escándalo. La esposa del compositor más conocido de Francia se había pegado un tiro porque él había huido con la esposa de uno de los hombres más destacados de París. Todo el mundo estaba interesado, y los chismes volaban. La mayor parte de los amigos de Debussy se compadecieron de Lily. Iniciaron una colecta de fondos para pagar sus cuentas del hospital. Cuando el compositor se enteró, rompió sus relaciones con todos los que habían participado en el asunto. Sus restantes amigos desaprobaron su conducta y rompieron relaciones con él. Debussy tenía a Emma pero, por lo demás, estaba solo.

Debussy y Emma se fueron durante el verano y él continuó trabajando en El Mar. Regresó a París en octubre, alquiló un departamento y, sin que nadie lo supiera, comenzó a visitar a Lily periódicamente. Una noche varios meses más tarde, le dijo a Lily que Emma iba a tener un hijo de él. Después acompañó a Lily hasta la puerta y después de eso sólo la vio en las audiencias del amargo divorcio que tuvieron lugar el verano siguiente. El juicio de divorcio resultó desfavorable para Debussy. En octubre se estrenó El Mar y dos semanas más tarde nació la hija de Emma y Debussy. Estos intentaron iniciar una nueva vida, pero fueron boicoteados por la sociedad parisina, incluso después de que finalmente se casaron, tres años más tarde.

Es imposible evaluar el impacto que tuvieron sus dificultades personales sobre El Mar. Es verdad que el compositor pudo terminar la pieza al cabo de dos años de trabajo permanentemente interrumpido y, es verdad que en ella su estilo cambió de las texturas anteriores finas y casi nebulosas a un lenguaje más denso, más concreto, más disonante y más polifónico. Estos cambios, por supuesto, podrían haber ocurrido incluso en circunstancias más felices; de hecho fueron lo que Debussy probablemente consideraba apropiado en un trabajo relacionado con el mar.

El compositor sentía que había una identidad básica entre la omnipresencia misteriosa de los fenómenos naturales y el pathos subjetivo del espíritu humano. Estaba interesado en reflejar en la música los sutiles matices de los detalles más pequeños y los triunfos más majestuosos de la naturaleza. Como el alma de la naturaleza era, para él, fundamentalmente la misma que el alma del hombre, no era necesaria ninguna interpretación ni introspección. Evocar el mar era automáticamente evocar lo más profundo de las emociones humanas. En su interés por retratar lo extramusical, Debussy era un romántico; en su deseo de ponerse a un lado y permitir que la naturaleza hablara directamente, era un clásico. La esencia de su estilo radica en el equilibrio que existe entre estos aspectos románticos y clásicos de su personalidad musical.

El amor del compositor por la naturaleza se extendía al agua, la nieve, la niebla, las nubes, los peces, la lluvia y, sobre todo, al mar, a los que convirtió en sujetos de sus composiciones.

Cuando estaba empezando a componer El Mar, Debussy le escribió a André Messager:

“Quizá no sabes que mi destino era la vida de marino y que fue sólo por azar que el destino me impulsó en otra dirección. Pero siempre he conservado un apasionado amor por el mar. Dirás que el océano no baña exactamente las laderas de las colinas de Borgoña y que mis imágenes marinas podrían ser paisajes de estudio: pero tengo un interminable acopio de recuerdos y para mi mente eso vale más que la realidad, cuya belleza a menudo mata el pensamiento.”

Debussy es realmente el primer compositor que crea música de sonoridad pura. Algunos compositores anteriores compusieron texturas orquestales fascinantes, pero esas sonoridades siempre estuvieron al servicio de la articulación o el enriquecimiento de las estructuras melódicas, armónicas y rítmicas. En la música madura de Debussy el sonido real es más importante que las melodías o los ritmos. Creó sonoridades extraordinariamente hermosas, a las que les permitió simplemente existir, sin tener que progresar siempre hacia objetivos. Las sonoridades cambian a otras sonoridades, pero siempre se da un tiempo amplio para apreciar cada una de ellas por sí misma.

Debussy comprendía muy bien lo que estaba haciendo y el modo en que eso difería de prácticas anteriores. En 1905 se quejó: “Estamos todavía en la etapa de las ‘progresiones armónicas’ y hay muy pocos músicos que se sientan satisfechos con la sola belleza del sonido.” Anteriormente se había referido a su técnica orquestal de modo revelador: “Los músicos ya no saben cómo descomponer el sonido -darlo en toda su pureza-… [Para mí] el sexto violín es tan importante como el primero. Trato de emplear cada timbre en su forma más pura.” Esta afirmación se aplica muy bien a El Mar, donde la orquestación es clara a pesar de las frecuentes subdivisiones de las cuerdas en hasta 15 partes, contrariamente a las cinco tradicionales.

El primer movimiento, “Del Amanecer al Mediodía en el Mar”, abre con un despertar gradual de la sonoridad, desde los sonidos más bajos de la orquesta a su sonoridad plena (aunque muy pocas veces es particularmente fuerte). Hay fragmentos melódicos -la más notable es la figura oída en la trompeta con sordina y el corno inglés (¡inspirada combinación!) poco después del comienzo- pero que nunca llegan a convertirse en verdaderas tonadas. El movimiento es un mosaico de tales fragmentos y de texturas orquestales interminablemente variadas. Es como el mar; siempre el mismo aunque permanentemente cambiante.

“Juegos de las Olas” es más animado pero todavía abundan fragmentos melódicos en lugar de melodías líricas completamente desarrolladas. Figuras rápidas sugieren el salpicar de las olas. El biógrafo de Debussy, Oscar Thompson, describió este movimiento como un “mundo de diáfana fantasía, extrañas visiones y voces espectrales, un espejismo de visión e igualmente un espejismo de sonido. En el vasto escenario del mar se presenta una fantasmagoría próxima al trance, tan evanescente y fugitiva que deja detrás sólo la vaguedad de un sueño”.

El movimiento final, “Diálogo del Viento y del Mar”, emplea algunos materiales del primer movimiento más algunos fragmentos nuevos en un paisaje marino activo. La música alcanza una intensidad que quizá sugiere una tormenta. Debussy se permite utilizar todos los recursos de la orquesta, con los bronces sonando estrepitosamente -un gesto abierto bastante raro en una obra usualmente orquestada con delicadeza.

Cualquiera que se acerque a El Mar con expectativa de imágenes específicas, se sentirá desilusionado. Debussy no era un compositor de programa como Richard Strauss, cuya música aborrecía. En ninguna obra de Debussy encontramos acontecimientos explícitos o argumentos comparables a los de Till Eulenspiegel. En cambio, Debussy registraba impresiones -una serie de emociones desbordantes, una evocación de la magia del mar más que de su apariencia, una meditación sobre su carácter.

Fuente: hagaselamúsica.com


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