Obras Maestras de Jean Sibelius (I)

Publicado: mayo 9, 2015 Última Modificación mayo 9, 2015 Por: adminmusica

Música en México celebra el 150 aniversario del nacimiento del compositor finlandés Jean Sibelius con una serie de piezas notables de su producción. Conocido predominantemente por su sinfonismo de estilo nacionalista, la obra de Sibelius es idolatrada en su país natal y apreciada en el resto del mundo. Su música se caracteríza por ser más evolutiva que de contrastes, parece tener la premisa de perseguir la organicidad de los materiales que se manifiesta en melodías prolongadas y cuidados cambios de textura y color.


Valse triste op. 44 no.1


Chamber Orchestra of Europe. | Conductor: Vladimir Ashkenazy

Por José Antonio Palafox

El 2 de diciembre de 1903 el autor finlandés Arvid Järnefelt (1861-1932) estrenó una curiosa pieza teatral en tres actos titulada “Kuolema” (“Muerte”, en español). La obra inicia con el pequeño Paavali, el protagonista, quedándose dormido a la cabecera de su madre agonizante. La enferma recibe a la Muerte, metamorfoseada en la figura de su esposo, mientras el niño duerme. El segundo acto presenta al joven Paavali vagando por el mundo. Gracias a un anillo mágico que le obsequia una bruja, el protagonista conoce a la mujer que será su esposa y duerme con ella. A la mañana siguiente, una cigüeña les entrega un bebé, impidiendo que el joven continúe su peregrinar. La obra concluye cuando Pavaali, varios años después, muere al incendiarse la cabaña donde vive con su familia. Igual que sucedió al comienzo, la Muerte llega, esta vez metamorfoseada en la figura de la madre, para llevarse al protagonista.

Tanto la composición como la dirección de la música de tan inquietante obra corrieron a cargo de Jean Sibelius (1865-1957), esposo de la hermana de Järnefelt y uno de los grandes músicos surgidos en la transición del siglo XIX al XX (ver http://musicaenmexico.com.mx/compositores-jean-sibelius-1865-1957/ para una semblanza más completa). Sibelius compuso dos piezas vocales y cuatro segmentos orquestales como música incidental para “Kuolema”, el primero de los cuales originalmente se titulaba “Tempo di valse lente – Poco risoluto”. Eran los melancólicos compases de este vals los que, al acompañar el delirio y la muerte de la madre de Pavaali, establecían el tono sombrío de la obra.
La pieza teatral del cuñado no tuvo el éxito esperado y consiguió solamente seis representaciones. Sin embargo, a Sibelius le pareció que ciertas partes de su música tenían posibilidades, por lo que recompuso el segmento inicial para darle una forma autónoma y lo tituló “Valse triste”. Esta obra (Op. 44, no. 1 dentro del catálogo del compositor) se interpretó por primera vez en Helsinki el 25 de abril de 1904 y rápidamente se convirtió en una de las composiciones más aplaudidas de Sibelius, no sólo en Finlandia sino en toda Europa y luego en el mundo entero. De hecho, hoy en día, más de 110 años después de su estreno, continúa siendo una de sus obras más conocidas e interpretadas.

Compuesto para una pequeña orquesta de cuerdas (violines, violas, violonchelos y contrabajos), vientos (una flauta, un clarinete y dos cornos) y timbales, el “Valse triste” posee un lirismo inigualable, y su estructura parece narrar en sí misma el ciclo vital, no sólo de la madre de Paavali, sino de cualquier persona: tras un breve comienzo en pizzicato se escucha suavemente un melancólico fondo de violines, como una alusión a la infancia perdida. Poco a poco, una dolorosa melodía tocada por los violonchelos se esfuerza por ganar terreno. Sin embargo las demás cuerdas y los instrumentos de viento empiezan a dibujar una melodía ligera y luminosa, remembranza de los recuerdos felices que ha habido a lo largo de nuestra existencia. Pronto el tema inicial de los violonchelos aparece de nuevo y transforma a la alegría en una pasión vertiginosa y frenética, propia de los enamoramientos más delirantes. Entonces se deja escuchar el sombrío llamado del destino, amenazadoramente acentuado por los timbales. A partir de ese momento el gozo de vivir se convierte en desolación ante la inminente llegada de la muerte. Y el final llega, sin dramatismos ni aspavientos: cuatro violines lanzan un último lamento, dulce y resignado, antes de fundirse con el silencio del sueño eterno.

Evocación de un mundo, una vida, un sueño que deja de existir, el “Valse tiste” ha sido grabado, arreglado, citado, utilizado y homenajeado hasta decir basta. Entre todas las versiones que el lector puede encontrar en el mercado destaca la bella adaptación hecha por el animador italiano Bruno Bozzetto (1937) en su película “Allegro non troppo” (1976). En ella, la magistral composición de Sibelius sirve como perfecto marco musical para las añoranzas de un solitario gato que deambula por las ruinas de una casa que alguna vez fue su hogar. Aquí el cortometraje:

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