Las suites para violonchelo solo de J.S Bach VI

Publicado: enero 31, 2015 Última Modificación junio 25, 2015 Por: adminmusica

Misha Maisky – cello

Un puñado de notas repetidas, pero con color distinto, resultado de la sutil diferencia entre una cuerda al aire y una pulsada. Entre ellas se intercala un arpegio de re mayor, primera célula melódica. El pasaje se reitera hasta que viene a nuestro encuentro un contorno melódico más definido, arpegios de sol y re, con las respectivas nota de paso insertadas antes de la última altura; otra estructura para considerar. La ahora itinerante línea adopta un movimiento envolvente que la ensancha; de nuevo, una tendencia que podemos esperar en el futuro. El Preludio de la Suite VI se entreteje con breves episodios melódicos como los descritos, de uno o dos compases de extensión. En ocasiones las estructuras son repetidas integralmente o bien aparecen desde puntos de partida distintos.
La jerarquía de los elementos les concede prominencia formal. Por ejemplo, el inicio del preludio aparece, aunque de manera variada, sobre las cuerdas de la y sol. Sobresale el rompimiento en la estabilidad rítmica cuando en la segunda página los valores se abrevian gracias a las sorpresivas de fusas. En el pasaje siguiente aparecen vertiginosas escalas con semicorcheas, casi siempre descendentes, que conducen a grandes arcos melódicos formados por arpegios. El impulso de acelerados gestos finalmente propicia el retorno del tema inicial sobre la dominante, mismo que anuncia que el final se acerca.
La Allemande es un adagio de cualidad lírica. La música, ubicada en el registro medio-agudo del cello, evoca nostalgia y da la sensación de lejanía, quizá por el delgado timbre de las primeras cuerdas en esa zona del diapasón. Hay guiños de improvisación con la aparición súbita de caprichosas figuras; la cargada ornamentación mueve el balance de un fluir predominantemente contemplativo.

En un entorno de corcheas, de forma progresiva aparecen veloces escalas. Este proceso llega a romper con la elegante articulación de la Courante hasta desaparecerla. Parece una lucha sin pretensiones entre dos materiales: la veloz línea continua contra los saltos de orden discontinuo. En muchos aspectos, la courante se siente como una versión ampliada de su homónima en la primera suite.

Con una medida de 3/2 en vez del típico 3/4, esta Sarabande es de gran riqueza armónica. Predominan acordes de tres y cuatro sonidos tocados por las cuatro cuerdas del instrumento, lo que presenta desafíos significativos porque se requieren creativas digitaciones. El desafío más importante es mostrar la dirección y la conexión de las diferentes voces al presentar las bellas armonías en toda su riqueza y gloria. Desde la perspectiva del oyente, la característica más atractiva y efectiva del movimiento es este flujo de material melódico magníficamente armonizado. Al mismo tiempo no podemos evitar establecer comparaciones con la música religiosa bachiana – hay algo casi místico en la belleza de esta sarabande.
La primera Gavota es uno de los fragmentos más conocido de las suites, con la posible excepción del primer Bourrée de la tercera suite o el Preludio de la primera. Es vivaz, bellamente armonizado y caracterizado por un contenido melódico memorable. En consonancia con otras gavotas, el movimiento está en métrica binaria (4/4) y comienza con una gran y optimista anacruza. Ambas gavotas son en re mayor; la primera es muy cordal, caracterizada por la yuxtaposición de cuartos y corcheas, que trabajan juntos para pintar una línea melódica barrida. La segunda gavota es musicalmente más simple; su parte B cuenta con un pedal sobre la cuerda de re. Esta es una verdadera música de baile –la vivacidad y la elevada energía invitan al oyente para moverse físicamente con la música.

Al fin, el trigésimo sexto y último movimiento de las seis suites! Esta es una animada Giga en 6/8 que favorece un enfoque audaz y directo, a través de su amplia gama melódica (de más de tres octavas de extensión). Es una exhibición virtuosística de primer orden: acordes, arpegios, saltos voladores, abundantes ritmos de octavo y semicorchea, todo construye una mezcla impresionante. Esta es una manera brillante y emocionante de culminar la suite en re mayor y el conjunto de seis como un ciclo.

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