Orquesta de Minería, 3er programa

Publicado: julio 21, 2014 Última Modificación julio 20, 2014 Por: adminmusica

Obras de Gluck, Mozart y Haydn


por Ricardo Rondón

El tercer concierto de la temporada marcó el debut en México de dos extraordinarios exponentes de la música: el director inglés Paul McCreesh y el clarinetista valenciano, José Franch-Ballester, quienes confeccionaron una velada de resultados superlativos. McCreesh es especialista en música antigua y barroca y obtuvo un sonido más diáfano y claro de la OSM que la que suelen dar en el repertorio a gran orquesta. Bastó la Suite de la ópera Orfeo ed Euridice de Christoph Willibald Gluck (1714-1787) para que nos sintiéramos trasportados al gran pasado que jamás ha dejado de emocionar a los amantes del mundo lírico. Este Orfeo es una obra que ha pasado por muchos disfraces. Tenemos la versión original del compositor en italiano que Viena escuchó en 1762, sus ajustes para Parma en 1769, la revisión francesa de 1774, y después muchos compromisos póstumos en donde se toman de la mano la edición italiana y la francesa. Orfeo ha sido asignado a los castrati, las mezzo-sopranos, los contratenores, los barítonos y hasta cruelmente a los tenores. Nosotros preferimos la voz de mezzo-soprano (Janet Baker o Shirley Verrett) en el papel central de un músico cuya esposa muere, y aunque se le permite ir al Hades a rescatarla, ella quiebra la promesa de no obligarlo a mirarla hasta que salgan de ese infernal sitio. Orfeo falla y Eurídice muere, los dioses se apiadan y la restauran a la vida celebrando con un ballet de media hora. Esto suena horrible pero la ópera tiene una confección noble, melodías bellísimas y situaciones atractivas además de oportunidades de lucimiento para los tres personajes: Orfeo, Eurídice y el dios Amor. La suite consta de cinco secciones que incluyen la famosa Danza de la furias, la Danza de los espíritus benditos y la Obertura. McCreesh optó por tiempos enérgicos, vitales y básicamente rápidos. Fue un tour-de-force para la Orquesta que obviamente se preparó en serio durante los ensayos, los resultados fueron más que gratos. McCreesh observó una envidiable claridad instrumental que permite la concentración esperada.

La presentación del joven clarinetista José Franch-Ballester fue un triunfo. Tocó el Concierto para clarinete K.622 de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) y aunque suene exagerado, nunca habíamos escuchado en vivo una interpretación tan perfecta técnicamente y emotiva en la expresión melódica. Es un músico de primera línea, apoyado por una preparación envidiable. El solista respiraba con el director para transmitir esta música que representa la máxima inspiración de Mozart. Franch-Ballester exhibió una línea musical que va de los agudos hasta las voces medias y los graves del instrumento con una suavidad y fuerza expresiva que culminó en el Adagio que materialmente flotó por la Sala Neza dejando un bienestar que privilegió a los que estábamos allí. Es un gran artista y ojalá y vuelva a México pronto, no se escucha a instrumentistas de este nivel todos los días. La OSM, bajo su director huésped, lo acompañó intachablemente. El solista tuvo el buen gusto de no tocar un “encore”, que hubiera rotó el hechizo que impuso al público.


La Sinfonía No. 100 llamada Militar, de Franz Joseph Haydn (1732-1809) es una de las más felices de las 104 que compuso. Haydn cambió el curso de la historia de la música y su influencia sobre las generaciones posteriores fue definitiva. Esta sinfonía pertenece al grupo llamado “Londres” que encierra el dominio total de ideas y exposición de motivos. El título se refiere al hecho de que Haydn usa trompetas que llaman a la acción, timbales, instrumentos de percusión que eran familiares en el s.XVIII (tambores, platillos y triángulo). Hacen aparición clarísima en los movimientos nos. 1 y 4, el resto es deliciosamente melódico y hasta bucólico. La interpretación fue espléndida, nuevamente con tiempos vivaces pero controlados y lucimiento de cada sección de la orquesta que obviamente disfrutó mucho trabajar con McCreesh ya que se unieron a las ovaciones del público al final del evento. Una noche muy feliz en nuestra sala favorita y la gran oportunidad de escuchar este repertorio en vivo tan bien presentado. ¡Viva el s.XVIII!


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