Sinfonía no. 1 de Bohuslav Martinu (1890-1959)

Publicado: febrero 7, 2018 Última Modificación febrero 7, 2018 Por: adminmusica

Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt, dirige Andrés Orozco-Estrada

Bohuslav Martinu apenas llevaba un año en Estados Unidos, cuando en 1942 recibió una propuesta de Kussevitzki, titular de la Sinfónica de Boston. Con motivo del fallecimiento de su esposa, Natalie, quería honrarla encargando una serie de obras a los músicos más relevantes del momento. A raíz de esta petición, Bartok escribiría su Concierto para orquesta y Stravinski su Oda. Martinu se retiró en mayo a Jamaica, en busca de tranquilidad (la entrada en guerra de Estados Unidos también le impedía concentrarse en su trabajo), y allí emprendió la composición de la obra, que le llevaría quince semanas.

Se ha subrayado cierto carácter romántico en esta partitura, aunque eso pueda responder más a la división tradicional de la obra en cuatro movimientos y a su extensión (es la más larga de las sinfonías que escribiría Martinu). Dominada por sonoridades acuáticas (especialmente por el empleo que realiza del arpa), sobre todo en su movimiento inicial, la sinfonía deriva hacia un colorido tonal teñido de dramatismo, sin duda debido al gran conflicto bélico que está sacudiendo a varios continentes en ese momento y que Martinu, a quien ha obligado al exilio, no puede, por mucho que lo intente, apartar de su mente. El artista aplica aquí y en el resto de las sinfonías, a partir de la Tercera el principio de tonalidad evolutiva (es decir que la obra empieza en una tonalidad y termina con otra, acorde a la propia evolución psicológica de la partitura). La partitura comienza con un ‘moderato’ en 6/8 para derivar en un coral popular checo que invoca la protección de San Wenceslao (coral que será utilizado nuevamente en la Sinfonía no. 6). Tras este movimiento en el que el compositor apela a sus orígenes, el amplio scherzo que constituye el segundo movimiento, parece introducir el caos de la mecanizada sociedad de consumo estadounidense que Martinu había encontrado a su llegada del nuevo mundo. Son dos los temas presentados en el scherzo, uno introducido con contundencia por el piano y otro, por el oboe. El trío constituye un momento de tregua, y en él no participa la cuerda.

En el tercer movimiento, de carácter fúnebre, la cuerda ejecuta una suerte de extenso himno puede ser una dolorosa elegía por la aniquilación absoluta del pueblo checoslovaco de Lídice en represalia por la muerte del sanguinario Reinhard Heydrich, protector de Bohemia y Moravia, asesinado por patriotas checoslovacos. Sólo en el movimiento final, allegro non troppo, se atisba cierta esperanza, que de alguna manera prefigura lo que será el espíritu de la Sinfonía no. 4. La magistral orquestación de esta sinfonía provocó que el director Ernest Ansermet exclamase: “Martinu puede llegar a ser el gran sinfonista de esta generación”.

Fuente: melomanodigital.com

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