Telemann: una mirada humana a Dios.

Mayo 30, 2017

Por Francesco Milella

Como buen alemán protestante, hijo además de un pastor evangélico, Georg Philipp Telemann comenzó desde niño a interiorizar la cultura heredada de la Reforma de Martín Lutero. Su educación religiosa, aún sin ser profunda y minuciosa como lo será pocos años después con Bach, fue suficientemente constante y homogenea para llegar a condicionar definitivamente toda su trayectoria musical. Por ello logró resistir e incluso convivir con las diferentes culturas católicas que encontró en el curso de sus largos viajes por Europa.

Nada por ahora nos sorprende en la relación que Telemann tuvo como compositor con el mundo espiritual. Al contrario, todo parece indicar que, como muchos de sus colegas, Telemann tuvo una relación equilibrada y constante con la fe. Pero cuando miramos su repertorio… vaya sorpresa: ¡más de tres mil obras religiosas! Seamos más exactos y dejémonos sorprender por estos números: mil setecientas cincuenta cantatas litúrgicas, ciento dieciocho cantos para consagraciones, veinticinco cantatas fúnebres, cincuenta y dos pasiones, ocho oratorios, setenta entre motetes, misas y Magnificat, veinte arias espirituales…

Entonces ¿quién era Telemann? ¿Un genio compulsivo con la manía de la música religiosa o un hombre profundamente espiritual? Simplemente, un hombre con un innato genio musical. Durante toda su vida Telemann compuso música religiosa como parte de los diferentes oficios que ocupó en Hildesheim, Sorau, Leipzig y Frankfurt: fuera la consagración de una iglesia o de unos novicios, fuera la muerte de un rico mercader o la celebración de la liturgia protestante, Telemann respondió siempre con brillante elasticidad y sensibilidad sin nunca caer en la banalidad o en la superficialidad.

La tentación de hacer una comparación con Bach es tan fuerte como peligrosa. El mismo Telemann, amigo y padrino de uno de sus hijos, parece transportarnos muchas veces hacía la misma dimensión musical, imitando la potencia y al mismo tiempo la intimidad que anima su música religiosa. Ejemplar es el inicio de la  Cantata Lobet den Herrn, alle seine Heerscharen: una triunfal introducción orquestal prepara el terreno para una teatral entrada del coro siguiendo el esquema de las más luminosas cantatas bachianas.

Pero Telemann no es Bach, no puede ni quiere serlo. No podemos buscar en él la majestuosa e íntima espiritualidad que caracteriza la música del genio de Eisenach. Entonces ¿cómo acercarnos a su música religiosa? ¿Dónde podemos encontrar su más auténtica belleza? En una dimensión más humana, abandonando la verticalidad que alimenta la musica de Bach para acoger una visión más horizontal. En mi personal opinión, el objetivo de Telemann no es la alabanza, la glorificación divina sino el placer y el deleite de los sentidos del hombre. Las obras religiosas de Telemann parecen compartir todas un mismo lenguaje musical capaz de sorprender con sus delicados contrastes (ejemplar es el inicio de la Cantata Siehe ich verkündige euch große Freud) y de emocionar con sus refinados juegos musicales interiorizando todos los estímulos que el barroco europeo podía ofrecer en Italia, en Francia o en su natal Alemania.

¿Y Dios? Bach nos acostumbró a buscarlo mirando hacia arriba: ahora tendremos que bajar nuestra mirada y encontrarlo en la delicadeza de la expresión, en una palabra suspirada con el bajo continuo, en la belleza del pequeño detalle, en la armonía de todas las voces o en la elegancia de una frase. Quizás sea una idea diferente de Dios o quizás, simplemente sea solo otro rasgo de su rostro.

 

Cantata ‘Lobet den Herrn, alle seine Heerscharen’

 

Cantata “Siehe ich verkündige euch große Freud”

 

Cantata para soprano “Seele, lerne dich erkennen” 

 

Cantata para Navidad ‘Was gleicht dem Adel wahrer Christen’

 

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