Viernes Santo – Stabat Mater de Domenico Scarlatti

Publicado: marzo 30, 2018 Última Modificación marzo 30, 2018 Por: adminmusica

Ars Nova Copenhagen, dirige Paul Hillier

 

El Stabat Mater a diez voces y bajo continuo es seguramente la obra más conocida de música sacra de Domenico Scarlatti. Escrita en “stilo antiquo”, siguiendo los cánones de la polifonía renacentista, la cantidad de copias manuscritas que han sobrevivido evidencian la gran aceptación que tuvo esta obra en su tiempo. Todo apunta a que fue un encargo para la Cappella Giulia de Roma, al igual que su Miserere a cuatro voces.

 

Lo que más choca de esta música de Scarlatti es su arcaísmo, sobre todo si la comparamos con la de otros músicos de su generación, especialmente Bach, Händel o Vivaldi. La exigua presencia de instrumentos, reducida a órgano, una tiorba y una viola de gamba, contribuye a acentuar aún más, si cabe, la desemejanza entre una y otras. Estamos, sin duda, ante el Scarlatti más insólito, alejado por completo de los fastos de la escena o de la mundanidad cortesana que ofrecería en Lisboa, Sevilla y Madrid.

 

En un tiempo en el que los oratorios se concebían como grandes construcciones arquitectónicas, en los que la alternancia entre solistas, coro e instrumentos diversos, engalanaban el latín solemne de los textos litúrgicos, Domenico Scarlatti sorprendió con un Stabat Mater atípico y enteramente genial. Y no porque no tenga las dosis de virtuosismo y espectacularidad exigibles en cualquier página del Barroco –vaya que las tiene-; es que su planteamiento vocal es un extraño guiño al antiguo Renacimiento de las texturas y tejidos más audaces.

 

El Stabat Mater está escrito para 10 voces (cuatro sopranos, dos contraltos, dos tenores y dos bajos) y bajo continuo. Nada más… y nada menos. Como si Scarlatti tratara de no distraer con instrumentos el complejo entramado de sílabas y palabras que zigzaguean como serpientes por toda la partitura. En ese sentido, encontramos en este tramo final del Barroco pocas piezas comparables a ésta, tan marcadamente “corales”, excepción hecha, naturalmente, por los Motetes de Bach, escritos bajo muy semejantes principios. Scarlatti evita además -y curiosamente, tratándose de diez voces- la policoralidad (8 voces en dos coros: algo que Bach sí usa en varios de sus motetes). El efecto final es de una contundencia irrefutable. Las fugas se suceden de manera majestuosa hasta encontrarnos ante el grandioso “Amén” final, en compás ternario, rematado con un turbador e inesperado silencio previo a los dos aplastantes acordes finales: “Que así sea”. Toda una experiencia.

 

Eduardo Torrico para laquintademahler.com

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