Cuartetos de cuerdas op. 127 y op. 130

En noviembre de 1822 Beethoven recibió una comisión para componer una serie de cuartetos del príncipe Nikolas Galitzin

Por Música en México mayo 31, 2020 Última Modificación julio 30, 2020

Cuarteto de cuerdas en si bemol mayor op. 127 

Cuarteto Maxwell
COLIN SCOBIE | VIOLIN
GEORGE SMITH | VIOLIN
ELLIOTT PERKS | VIOLA
DUNCAN STRACHAN | CELLO

En noviembre de 1822 Beethoven recibió una comisión para componer una serie de cuartetos del príncipe Nikolas Galitzin, un importante mecenas artístico en San Petersburgo y un apasionado admirador de su música. Beethoven se comprometió a tener el primer cuarteto listo para marzo siguiente, pero su estimación no consideraba la cantidad de trabajo que todavía tenía que hacer en su Missa solemnis y la Novena sinfonía, y por ello no prestó atención a la petición de Galitzin sino hasta la segunda mitad de 1824. Tal vez fue incitado a hacerlo por el hecho de que se trataba de Galitzin, quien organizó el primer estreno completo de la Missa solemnis, que tuvo lugar en San Petersburgo el 18 de abril de ese año. Durante los restantes cuatro años de su vida Beethoven se concentró exclusivamente en el cuarteto de cuerdas y produjo no sólo tres nuevas obras, sino cinco. (la serie encargada por el príncipe Galitzin fue seguida por dos cuartetos, op. 131 y 135).

Entre los últimos cuartetos de Beethoven el primero de la serie, op. 127 y el último, op.135, son los únicos que se adhieren al molde tradicional de cuatro movimientos. Sin embargo, Beethoven tenía contemplado un plan más amplio para el op. 127. Sus bosquejos demuestran que en una etapa había incluido una pieza llamada La Gaîté como un segundo movimiento; y que el Finale era precedido por una introducción lenta en la tonalidad distante de mi mayor. Muy notable era el tema alegre del movimiento Gaîté, concebido inicialmente como una parte de violonchelo, que Beethoven transformó en el tema y variación sublime de movimiento lento de la obra.

Con la excepción del op. 130, todos los cuartetos tardíos de Beethoven tienen un movimiento lento en la forma de un conjunto sereno de variaciones. En el op. 127 el tema es compartido entre el primer violín y el cello, un diseño que Beethoven mantiene al comienzo de la primera variación. La segunda variación, en un ritmo más fluido, es un diálogo entre los dos violines, mientras que el tercero, en un radiante mi mayor, es más tranquilo y más condensado – la música canta ahora con mayor amplitud, pero con la melodía despojada de sus repeticiones. Cuando esta variación se acerca a su fin, la música se hunde en la tonalidad y metro originales en una variación más completa, después de esto la pieza avanza en un arco solo, suspendido en un momento sólo por la sombra de una variación fragmentaria en la menor, hasta su fin.

El scherzo comienza con un pizzicato tocado ligeramente hacia afuera por las cuerdas. La partitura es tan rica como en los acordes iniciales del primer movimiento, aunque el efecto de esta fanfarria de juguete no podría ser más diferente. El scherzo está construido casi en su totalidad sobre las dos pequeñas ideas presentadas desde el principio por el cello, un motivo irregular de cuatro notas y una frase suave de tres notas que incorpora un trino, que aparece en todas las combinaciones imaginables a lo largo de la pieza. El trío es un agitado menor que amenaza con hacer una reaparición tras el reprise del scherzo, antes de ser cortado abruptamente. El esquema es similar al que Beethoven había utilizado en el scherzo de la Novena, y ambas piezas juegan con las expectativas del oyente de reconocer la forma de scherzo ampliada que había utilizado tan a menudo durante la década anterior, en donde el trío se toca dos veces entre las tres apariciones del scherzo.

Como el primer movimiento, con sus imperiosos acordes iniciales (que se repiten dos veces más durante el transcurso de la obra, cada vez en un tono diferente y una instrumentación más sonora que la anterior), el Finale comienza con una forma de introducción –un gesto dramático en octavas tocado por los cuatro ejecutantes que termina por disolverse en el tema principal del movimiento. Pero quizá el evento más sorprendente en la pieza es su coda, en donde la música sufre una transformación rítmica. La coda no sólo empieza en un pianissimo sostenido y en un translúcido do mayor, sino que el pulso de la música también desacelera en el punto preciso donde esperaríamos que aumentara. Sin embargo, el tempo más relajado permite a Beethoven escribir notas de menor valor, y el efecto es un tranquilo transcurrir de donde el tema transformado del rondo eventualmente emerge en un fortissimo resplandeciente.

Fuente: Misha Donat para The Beethoven Project

Cuarteto de cuerdas en si bemol mayor op. 130

Quatuor Ebène :
Pierre Colombet, violín I
Gabriel Le Magadure, violín II
Adrien Boisseau, viola
Raphaël Merlin, cello

Este fue el último de los tres cuartetos de cuerda encargados por el príncipe ruso Galitzin en la década de 1820, su composición se inició en junio de 1825. Los dos primeros movimientos parecen haber venido a Beethoven muy fácilmente, pero por algún tiempo estuvo indeciso acerca de la estructura del resto del cuarteto, incluso de cuántos movimientos debería tener. Pero su mayor duda era qué tipo de final requeriría –un problema que lo persiguió por más de un año.

El primer movimiento es inusual al tener una introducción lenta que reaparece en modos distintos varias veces durante el Allegro principal; se escucha dos veces en el inicio, tres veces hacia el final de la exposición y tres veces más después de la reexposición. El segundo movimiento es un Presto muy corto en si bemol menor y mayor, con metros contrastantes.

Beethoven originalmente planeó tener un tercer movimiento altamente expresivo, tipo aria, en re bemol mayor. Sus bosquejos revelan, sin embargo, que estuvo empantanado en este movimiento alrededor de un mes y eventualmente lo sustituyó con el actual tercer movimiento, marcado “poco scherzoso” también en re bemol mayor. Luego trabajó el movimiento tipo aria como una Cavatina en mi bemol, que utilizó para el quinto movimiento. Antes de esto colocó una suerte de vals titulado Alla danza tedesca, que había sido escrito originalmente para cuarteto anterior (Op. 132) pero había sido desechado. La Cavatina es quizá el movimiento más hermoso que escribió Beethoven, está altamente cargado de intensa emoción y al parecer el propio compositor se conmovía con su belleza y profundidad.

Beethoven había bosquejado al menos una docena de temas para un posible final antes de decidirse por una gigantesca fuga. El movimiento se convirtió en algo mucho más grande que lo previsto originalmente; a finales de agosto informó que lo terminaría en diez o doce días, pero no lo completó hasta finales de noviembre. La obra fue probada ante un público reducido el 21 de marzo de 1826, pero la audiencia estaba desconcertada por la fuga, y en septiembre decidió escribir un nuevo final. Se dice que fue persuadido por sus amigos y el editor Mathias Artaria. En septiembre, sin embargo, Artaria reportó haber escuchado la fuga “completamente comprensible” como Finale. Así que la decisión de escribir un nuevo final fue sólo de Beethoven. El compositor se sentía orgulloso de la fuga y con justa razón, la consideraba como una obra de arte, e incluso produjo un arreglo para piano a cuatro manos. Esto le indujo evidentemente a usar la versión para cuerdas en una obra autónoma –la ‘Gran fuga’ op. 133– que podría ser apreciada mejor sola que después de cinco movimientos.

El nuevo final del op. 130 fue mucho más ligero, más acorde con el carácter de sus primeros bocetos para los posibles finales. Fue escrito durante el otoño de 1826 y fue el último movimiento a gran escala que Beethoven completó. Mucho se ha discutido sobre la pertinencia de su cambio, pero el final definitivo tiene la ventaja de equilibrar los movimientos mucho mejor en cuanto a longitud, así como ser más cercano del espíritu de divertimento del resto de la obra.

Fuente: Barry Cooper en The Beethoven Project

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