Marcha fúnebre – Frédéric Chopin (1810-1849)

Publicado: octubre 27, 2016 Última Modificación octubre 27, 2016 Por: adminmusica


Khatia Buniatishvili, piano

El tercer movimiento de la Sonata no. 2 en si bemol menor de Chopin es el ejemplo icónico de la música mortuoria en la cultura occidental, la célebre Marcha fúnebre (1830) . Esta obra es notable no solo por haberse establecido en la historia de la música clásica como tal, sino por su lugar ganado en el imaginario popular.

La Marcha fúnebre de Chopin se ha convertido por default en la pieza musical acompañante de la muerte. El ambiente intenso, grave y profundamente oscuro de la música no deja espacio para ambigüedades y ha sido usada para funerales y escenas de muerte por décadas. Fue tocada durante el entierro del propio compositor en el cementerio Père Lachaise en París, en el funeral de J. F. Kennedy, Sir Winston Churchill y Margaret Thatcher, así como en el último adiós a Leonid Brezhnev. Ha sido usado en numerosas películas, caricaturas, juegos de video y fue reinterpretada por numerosos artistas, que van desde productores de música electronica (Deadmau5’s Moar Ghosts ‘n’ Stuff) hasta cantantes renombrados como Neil Young (Change Your Mind).

Looney Tunes – Scaredy Cat (Caricatura)


Rocksmith Live 2014 (Juego de video)


Neil Young – Change Your Mind

La primera parte de la obra presenta una serie de pausados acordes en el grave que evocan el funesto sonido de las campanas en procesión. La mano derecha se suma a este material definiendo el solemne tema, que es poco desarrollado. Una modulación súbita al mayor da lugar a una melodía ascendente de carácter heroico, una elegía al fenecido que pronto se reencuentra, luego de un par de trinos en la izquierda, con la oscuridad del tema inicial que poco a poco se desvanece.

En la parte intermedia de la Marcha ocurre un contraste sorpresivo. En un solo compás el movimiento va de un ambiente oscuro a una cálida y calma canción de cuna de impactante belleza melódica. Sin duda una sección de consuelo para hacer olvidar al escucha de la presencia de la muerte asechando de cerca. Sin embargo, este rayo de esperanza pronto es brutalmente aplastado con el retorno del primer tema, que termina con una cadencia que languidece dejándonos solo en un denso silencio.

Chopin tenía un vínculo emocional muy fuerte con la Marcha fúnebre, pero no está claro exactamente qué inspiró su composición. Algunos académicos señalan que hay evidencia de que él la asociaba con las revueltas polacas en 1830 contra los rusos. Aunque vivía en el exilio, siempre temía por su familia y amigos ante la violenta respuesta de las fuerzas rusas. Jeffrey Kallberg escribió: “Sus colegas decían que cuando daba conciertos en salones, la única manera de hacerlo parar era lograr que tocara la Marcha. Así de vinculado estaba emocionalmente de ella.“

En una carta de 1848 dirigida a Solange, la hija de George Sand, Chopin escribió: “Mientras tocaba la Sonata en si bemol en una reunión de amigos ingleses, me ocurrió una experiencia inusual. Después de ejecutar el Allegro y el Scherzo más o menos bien (Chopin siempre fue muy crítico de sus interpretaciones) y justo antes de comenzar la marcha, de pronto pude ver emerger de la tapa entreabierta del piano a las apariciones malditas que me visitaron en Chartreuse (Mallorca). Tuve que salir del lugar por un momento para recuperarme y poder regresar sin decir palabra alguna a terminar mi ejecución.”


Versión orquestal de Sir Edward Elgar


Referencias:
– Di Benedetto, Renato. Historia de la Música. Siglo XIX (primera parte). Turner libros-CONACULTA, México 1999.
– www.npr.music.org
– www.culture.pl

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