Orlando di Lasso, el príncipe del Renacimiento

Publicado: septiembre 21, 2018 Última Modificación septiembre 23, 2018 Por: adminmusica

Por Francesco Milella

En su larga vida fue secuestrado tres veces por voluntad de príncipes deseosos de contar con su bellísima voz entre las maravillas de su corte (la última, por voluntad del duque de Gonzaga de Mantua, fue cuando tenía tan solo ocho años). Viajó por casi toda Europa, más que cualquier otro compositor de su época, de Ferrara a Londres, de Roma hasta Viena: su inagotable curiosidad lo llevó a conocer y apreciar tanto las opulencias del mundo católico como los silencios que en esos años se estaban viviendo las primeras consecuencias de la Reforma Luterana. Su brillante mente musical lo impulsó a acercarse al repertorio profano con la curiosidad de un niño y la amable ligereza de un adolescente y, al mundo, con una sensibilidad que la cultura occidental volvería a conocer solamente con Johann Sebastian Bach. Entre sus setenta y cuatro misas, sus casi ochocientos motetes, doscientos ochenta madrigales y casi cuatrocientos  canzoni, chansons y villanesche, nos supo regalar piezas tan curiosas e irreverentes como el lied Hört zu ein news gedicht donde pone en música más de cincuenta adjetivos sobre la nariz y, desde luego, catedrales musicales majestuosas y místicas como los versos de las Lagrime di San Pietro, última y universal obra con la cual se despide del mundo de la música.

Su nombre era Orlande de Lassus (Orlando di Lasso), de la ciudad belga de Mons, donde nació en 1532. Después de una infancia venturosa (fueron los años de los tres secuestros), logra encontrar cierta estabilidad con el virrey de Sicilia, Ferrante Gonzaga, quien lo lleva consigo en sus viajes por Europa, hasta Milán donde Orlando  se quedará de 1546 a 1551, para luego continuar su viaje hacia Roma y Nápoles. Tras haber sido nombrado maestro di cappella de la Basílica de San Giovanni in Laterano, Orlando di Lasso consigue un puesto en Múnich como tenor en el coro del duque Alberto V de Wittelsbach en 1557 y, cinco años después, en 1562, como maestro di cappella de la misma. En Múnich, Orlando se quedará hasta su muerte ocurrida en 1594, alternando su trabajo en la capilla con largos viajes por el viejo continente.

Orlando di Lasso vive el auge  del Renacimiento. Son los años del triunfo del arte italiano, de Miguel Ángel y Rafael. Son los años de la Reforma Luterana y de la consecuente Contrarreforma romana, cuya intención era la de reiterar la fuerza de la Iglesia como centro del viejo mundo. Son también los años de Galileo Galilei y de las primeras grandes revoluciones científicas, de las exploraciones, y, obviamente, de las primeras experiencias   coloniales en América, Asia y África. El siglo XVI, que Orlando di Lasso abarca casi en su totalidad, vive transformaciones fundamentales: el hombre europeo descubre que ya no es el centro del universo y -descubrimiento para esa época aún más inquietante- que no vive solo en el mundo.

La música de Orlando di Lasso absorbe este clima  resumiendo sus impulsos y sus inquietudes: en él, en su infinita serie de obras sacras y profanas, lograron coexistir bajo una única idea musical lo alto y lo bajo, la intimidad y la trivialidad, los albures y las oraciones, el sexo carnal y el amor espiritual, el juego y el llanto. Asimismo, su lenguaje supera las fronteras creando una extraordinaria síntesis entre las diferentes tradiciones que, hasta ese momento, Europa podía ofrecer. La polifonía flamenca, ya finalmente codificada por Josquin Des Pres, el gusto melódico italiano, los ritmos más exóticos de la escuela francesa que lentamente se está formando más allá de los Alpes, así como lo picos y las frías discreciones del mundo alemán encajan entre ellas dando vida a un lenguaje sincrético y extraordinariamente representativo del dinamismo y frescura cultural de su época.

Pero su música va más allá: Orlande de Lassus no se limita a recoger y sintetizar lo que Europa podía ofrecer en términos musicales y culturales, ni mucho menos a seguir alimentando el camino, obsesivo y sin salidas, del artificio y del juego retórico. Su espíritu, infatigable y curioso como el de un explorador, busca nuevas formas y nuevos lenguajes musicales, se exalta en la construcción de nuevas arquitecturas musicales capaces de resaltar no solamente el virtuosismo y la habilidad musical, sino también la intensidad dramática y teatral del momento (el responsorio “In Monte Oliveti” es un ejemplo realmente esclarecedor) dibujando una intimidad que tanto necesitaba el hombre  del Renacimiento.

Su trayectoria, vagabunda y curiosa, deja al mundo una herencia cuyo valor va más allá del amplio catálogo de su obras o de la fuerza sincrética de su lenguaje. La música de Orlando di Lasso nos entrega un mensaje en donde la histórica dialéctica entre lo sacro y lo profano, desde siempre claramente separados, parece eclipsarse frente a la profética conciencia y lenta aceptación de lo que hoy se conoce como tonalidad, sello de la música moderna.

 

Lied: Hört zu ein news gedicht

Responsorio: In monte oliveti

Requiem

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