Sonatas para piano op. 53 “Waldstein”, op. 54 y op. 57 “Apassionatta”

La relación de Beethoven con el conde Waldstein, se remonta a los días del compositor en Bonn, donde ambos estaban asociados con el Tribunal Electoral.

Por Música en México agosto 9, 2020 Última Modificación agosto 10, 2020

Sonata para piano en do mayor, op. 53 “Waldstein”

Leif Ove Andsnes, piano

La relación de Beethoven con Ferdinand Ernst Gabriel, el conde Waldstein, se remonta a los días del compositor en Bonn, donde ambos estaban asociados con el Tribunal Electoral. Las conexiones de Waldstein en Viena bien pueden haber facilitado a Beethoven la oportunidad de ir a la capital austriaca en 1792 para estudiar con Haydn. “Con la ayuda del trabajo asiduo”, dice la famosa nota de despedida de Waldstein, “recibirás el espíritu de Mozart de manos de Haydn.”

Una década después, Beethoven recompensó al conde con la dedicatoria de una de sus mejores sonatas para piano. Sus habilidades compositivas habían mejorado rápidamente desde que llegó a Viena (aunque muy poco crédito fue concedido a Haydn, según resultaron las cosas) y en los primeros años del siglo XIX, Beethoven estaba abriendo nuevos caminos con cada obra. En 1803 escribió su sinfonía más revolucionaria hasta esa fecha, la “Heroica” y la Sonata “Waldstein” vino poco después en ese mismo año. Además de seguir el ejemplo de la sinfonía en términos de escala, la sonata marcó una nueva era en la escritura pianística de Beethoven, producto de la adquisición de un nuevo piano Érard de registro ampliado.

A pesar de la novedad del contenido de la sonata, sus tres movimientos generales son bastante habituales: un Allegro con brio animado y dramático, un Adagio misterioso y temperamental (Beethoven escribió originalmente un Andante, que se publicó por separado como Andante favori) y un rondó espacioso.

Sonata para piano en fa mayor, op. 54

Nicholas Walker, piano

Quizá sorprenda encontrar esta pequeña sonata de dos movimientos entre dos de las obras más grandiosas de Beethoven, la “Waldstein” y la “Appassionata”. Es cierto que rara vez se toca fuera de los ciclos completos de las sonatas, pero no tiene nada de convencional ni discreta, ciertamente en comparación con las obras anteriores de dos movimientos. Junto con el Triple concierto, fue esbozada en 1804 aparentemente durante un respiro en el problemático tiempo que Beethoven experimentaba al escribir su ópera Leonore, la primera versión de Fidelio.

El primer movimiento es un tempo de minuet, pero tiene una gentileza bailable algo limitada, fuera de la frase inicial. El carácter es el de un rondó, con episodios cada vez más intensos que separan las presentaciones del tema principal. El segundo movimiento es una moto perpetuo, con apenas una pausa en su serie de semicorcheas. La variedad y el desarrollo son proporcionados por una paleta armónica en constante cambio, ya que, aparte de unos acordes impares y la duplicación de octavas, la música está dividida en sólo dos partes. La coda más rápida tiene una textura más sustancial.

Sonata para piano en fa menor, op. 57 “Appassionata”

Murray Perahia, piano

“Nunca hubiera creído que podría ser tan flojo como lo soy aquí. Si a esto le sigue una bonanza de la industria musical, podría lograr algo que valga la pena.” 

Así le escribió Beethoven a su alumno Ferdinand Ries el 24 de julio de 1804 desde la ciudad-balneario de Baden, Austria. Su hermano le aseguró alojamiento en el pueblo de Döbling, al norte de Viena y, como si la carta anterior lo impulsara a crear, pasó el resto del verano trabajando en dos sonatas para piano, las op. 54 y op. 57. Salió a dar largos paseos por los bosques cercanos de Viena, uno de los cuales recuerda el propio Ries:

“Nos extraviamos a tal punto que no regresamos a Döbling hasta casi las ocho de la noche. El maestro había estado tarareando, y muy a menudo aullando, siempre arriba y abajo, sin cantar ninguna una nota definida. Cuando le pregunté qué era lo que imaginaba respondió: “Se me ha ocurrido un tema para el último movimiento de la sonata (op. 57)”. Cuando entramos a la habitación corrió hacia el piano sin quitarse el sombrero. Yo me senté en un rincón y pronto se olvidó de mí. Él improvisó durante al menos una hora hasta lograr el hermoso final de la sonata. Finalmente se levantó, Se sorprendió que todavía estuviera allí y dijo: ‘No puedo darte una lección hoy, debo trabajar un poco.”

El título de la sonata fue obra del editor, pero Beethoven no tuvo, por una vez, motivos para objetar. Sin duda es su obra más apasionada y su expresión musical más violenta. Aunque es poco probable que un evento específico lo haya inspirado, por esa época se había peleado con uno de sus amigos más cercanos, Stephan von Breuning, por lo que a escala local la sonata podría entenderse como el desahogo de la ira de Beethoven. Pero la obra va más allá. Es un desafío demandante para el mundo o, como dijo el compositor Hubert Parry, “aquí el alma humana hizo preguntas poderosas a su Dios y obtuvo su respuesta.”

De hecho, la op. 57 ha inspirado más comentarios que quizás cualquier otra sonata para piano de su época. Lenin, por ejemplo, reconociendo sus defectos como crítico musical, escribió:

“No conozco nada que sea más grande que la “Appassionata”; me gustaría escucharla todos los días. Es una maravillosa música sobrehumana. Siempre pienso con orgullo, tal vez de forma ingenua, en las maravillosas cosas que los humanos pueden hacer.”

Tras la expectante introducción al Allegro assai, el primer movimiento avanza con un vigor virtualmente implacable y, por primera vez en un primer movimiento de sonata, Beethoven suprime la habitual repetición expositiva, para no sostener el argumento. El Andante es como la calma entre dos tormentas y es un conjunto de variaciones sobre un tema más armónico que melódico. El Allegro final sigue sin descanso, pero más bien parece continuar donde se detuvo el primer movimiento. Es otro movimiento de violencia apasionada, que culmina con una coda en un Presto de drama demoledor.

Fuente: Notas al programa del ciclo de sonatas de Beethoven de Artur Pizarro para la BBC Radio 3

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