Concierto para piano y orquesta no. 5 op. 55

Publicado: septiembre 30, 2017 Última Modificación septiembre 30, 2017 Por: adminmusica

Sergei Babayan, piano

Orquesta del Teatro Mariinski, dirige Valery Gergiev

 

El Quinto concierto para piano y orquesta de Prokofiev tuvo su estreno en la Unión Sovietica en 1939, pero no con el autor al piano, sino por un joven pianista llamado Sviatoslav Richter. Según algunos datos, este ejecutante tardó solamente un mes en aprendérselo y ejecutarlo ante el público, ¡un verdadero talento!

 

Con relación a esta composición se pueden hacer algunas observaciones. Su orquestación es relativamente simple, con pocos instrumentos: caja orquestal, algunos instrumentos de cuerda, 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 2 trompas, 2 trompetas, 2 trombones y timbales. Por ejemplo, a diferencia de otros compositores, los cuales “van preparando” la entrada del piano, Prokofiev en esta obra hace entrar a este instrumento desde el inicio a plenitud, con todo su potencial.

 

El segundo movimiento es sumamente llamativo. Aquí Prokofiev emplea magistralmente el glissado en forma reiterativa, de forma algo parecida al último movimiento Concierto no. 2 de Franz Liszt. Este segundo movimiento nos muestra un maravilloso juego entre la orquesta y el piano, con efectos rítmicos que en ciertos aspectos también nos recuerdan una composición posterior de Prokofiev, nada menos que Pedro y el Lobo (1936). Ello nos provoca hasta una sensación de “buen humor”, llegando quizás a despertarnos una sonrisa. Podemos apreciar que este segundo movimiento es la parte más destacable y atractiva de todo el concierto.

 

El tercer movimiento se caracteriza por un verdadero “frenesí”, con gran despliegue técnico por parte del piano. El cuarto, larghetto, es el más prolongado y melódico de todos, hasta desarrollándose, de manera “sufrida”, por momentos algo melancólica.

 

El último movimiento recobra un gran ímpetu y finaliza de manera sumamente enérgica.

 

Algunos críticos han levantado observaciones negativas hacia este concierto debido a que, a diferencias de los cuatro restantes, no se pueden encontrar ni una sola melodía “memorable” y, según su biógrafo Harlow Robinson, Prokofiev se vale solamente de recursos técnicos. El mismo Prokofiev llegó a mencionar en 1941 con relación a esta composición: “la obra resultó ser complicada (…) es cierto que buscaba simplicidad, pero también tenía miedo de que eso se convirtiera en estribillos de fórmulas antiguas, en una “sencillez antigua”, que le sirve muy poco al compositor que busca lo nuevo (…) trataba de buscar una simplicidad nueva, pero entonces resultó que esa nueva simplicidad, con sus nuevas técnicas y más que nada sus nuevas entonaciones, no se percibía en modo alguno como tal sencillez”.

 

Fuente: Jorge de Hegedüs para hagaselamusica.com

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