La ópera, el arte de las emociones

Publicado: agosto 14, 2018 Última Modificación agosto 14, 2018 Por: adminmusica

Todos tenemos una idea de lo que es una ópera. Pero, ¿qué hace que una ópera sea una ópera? La ópera, esencialmente, es una forma de contar una historia a través de la música y el canto. Desde su invención a fines del siglo XVI en Italia, ha evolucionado continuamente, convirtiéndose en la forma de arte universal tal como es conocida en la actualidad. Drama, poesía, artes visuales y, a veces, la danza interactúan con la música para crear una alquimia única que cambia espectáculo tras espectáculo, producción tras producción. Una ópera se compone de cuatro elementos esenciales: el libreto, la música, el canto y la puesta en escena.

El libreto

El libreto es el “guión” de una ópera. Puede ser una creación original, a veces escrita por poetas o novelistas famosos (como Hugo von Hofmannsthal y Stefan Zweig para las obras de Richard Strauss), pero a menudo es una adaptación de obras de teatro (Shakespeare fue una gran fuente de inspiración para libretistas), cuentos o novelas. Los temas desarrollados en libretos son varios: amor prohibido, infidelidad, venganza, anhelo de poder, guerra, mitos antiguos o acontecimientos históricos.

Todas las pasiones humanas están representadas en la ópera. El amor, la tragedia y la muerte a menudo están en el corazón de la trama. Los personajes, a veces divididos entre sus sentimientos y su deber, se enfrentan a situaciones extraordinarias y se dejan llevar por sus intensos sentimientos. Amor a primera vista, sacrificio, encantamiento, coraje, suicidio o asesinato: todos los extremos pueden suceder. Algunos personajes son castigados por sus crímenes, otros encuentran redención o sufren remordimientos… ¡y algunas veces hay un final feliz!

La música

La música es un componente necesario e inextricable de la ópera, pero es sorprendente hoy en día pensar que no siempre ha desempeñado el papel principal. Para los primeros compositores, que se inspiraron en la tragedia griega, fue ‘Prima le parole, dopo la musica’ (‘Las palabras primero, la música después’). A lo largo de la historia, el libreto y la música alternativamente han reclamado su supremacía, aunque en realidad se complementan y se exaltan mutuamente, intensificando pasiones y emociones en las acciones de los personajes.

Los compositores explotan el extraordinario poder sugestivo de la música para crear atmósferas particulares que el texto o la puesta en escena no pueden crear. Algunos autores usan motivos musicales recurrentes para representar un personaje, una emoción o un concepto. En Tristan und Isolde, Wagner usa extensamente motivos para indicar, por ejemplo, el dolor de Tristán, la llegada del amanecer, el mar o la poción de amor que condena a los amantes a amarse mutuamente a perpetuidad. Los primeros acordes de la ópera que representan el destino inminente de los amantes resuenan varias veces a lo largo de la obra hasta que encuentran resolución hasta los momentos finales.

El canto

A diferencia de otros tipos de música, el canto operístico es muy estructurado y tiene diferentes tipos de voces asociadas con diferentes tipos de roles.

Hay diferentes voces clasificadas en seis categorías principales, desde la más alta a la más baja: soprano, mezzo-soprano, contralto para mujeres; y tenor, barítono y bajo para hombres. Además, las voces se caracterizan de acuerdo con su poder y agilidad: pueden ser livianas, líricas o dramáticas. Una voz ligera no es muy poderosa pero puede alcanzar fácilmente las notas altas, a diferencia de una voz dramática que es poderosa pero menos ágil.

Cada tipo de voz se asocia tradicionalmente con roles particulares, ya sean héroes o villanos. En Carmen de Bizet, Carmen es una seductora: así que la canta una mezzo-soprano con una voz oscura y cálida. Gilda en Rigoletto de Verdi es una soprano lírica: su voz clara y aguda simboliza su pureza, inocencia e ingenuidad.

La puesta en escena

Antes del siglo XX, la dimensión teatral en una representación de ópera quedaba de lado. La puesta en escena se hizo importante cuando la programación de los teatros de ópera se centró más en el repertorio existente que en la creación nueva.

Esto no significa que ir a la ópera fue de alguna manera menos entretenido en el pasado. Los escenarios de ópera siempre han sido un lugar extraordinario, con efectos visuales espectaculares y una gran maquinaria. Las posibilidades de las puestas en escena se han beneficiado del progreso técnico, y ahora se usan efectos especiales, tecnología digital y proyecciones de imágenes en muchas producciones.

Una puesta en escena no es una simple ilustración de un trabajo: lleva un nuevo concepto o significado. Cada director propone una nueva lectura de una ópera. Esta visión puede ser cercana al libreto y las concepciones del autor o una interpretación más personal de la obra. Algunos directores transponen la acción a otra época, en otra situación o en un contexto intemporal e inmaterial. Estas transposiciones ponen de manifiesto ciertas dimensiones de las obras y enriquecen su significado al revelar algunos de sus aspectos desconocidos. Por ejemplo, en una producción moderna, los temas desarrollados en una ópera barroca se pueden tratar como muy reales. Estas perspectivas adoptadas por los directores cambian la forma en que el público ve y entiende las obras. La ópera se recrea y se reinventa constantemente. Antes del alzarse el telón, nadie sabe qué sucederá en el escenario. Eso es lo que hace que la ópera sea tan emocionante.

Fuente: Opera Vision

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