Dardanus de Rameau: la ópera descubre al individuo

Publicado: febrero 10, 2016 Última Modificación febrero 8, 2016 Por: adminmusica

Elegir entre las casi cuarenta óperas compuestas por Rameau entre 1733 y el año de su muerte es realmente difícil: aprovechando la gran variedad de géneros operísticos de moda en su época, la tragédie-lyrique, la comédie-lyrique, la comedie-ballet y la opera-ballet, nos dejó un patrimonio musical de inestimable valor y diversidad. Cada una de sus óperas tiene vida propia, una belleza musical y una fuerza teatral que no encontramos en las otras; como si en cada una de ellas Rameau hubiera querido experimentar nuevas magias sonoras y nuevos secretos teatrales, nuevas armonías, ritmos y juegos escénicos. Pero a pesar de tan fascinante diversidad su lenguaje operístico esconde algunos elementos constantes que parecen madurar partitura tras partitura, a partir de Hippolyte et Aricie del 1733 hasta llegar al fabuloso Dardanus.

Y es exactamente Dardanus la ópera que hoy quisiera analizar con ustedes por una razón muy sencilla: aunque la compuso en 1739, su partitura tuvo ocupado a Rameau hasta 1744. En estos cinco años el compositor francés se dedicó completamente a la revisión de esta ópera tan problemática y compleja para poder llegar a su forma “definitiva” (adjetivo más útopico que real). ¿Cuál es la razón de tanto trabajo y esfuerzo? Con Dardanus, Rameau cierra la primera fase de su trayectoria operística (iniciada en 1733) y abre la segunda y final que se cierra en 1764 con Les Boréades. En este sentido Dardanus nos ofrece una mirada completa sobre el gusto y el estilo de los primeros años y la madurez de los últimos, cuando ya había consolidado su éxito y su trabajo.

Siguiendo la estructura tradicional de prólogo y cinco actos, Dardanus cuenta la mítica historia de amor entre el protagonista, hijo de Júpiter, e Iphise, la cual, por voluntad del padre Teucro rey de Frigia, se tiene que casar con el aliado Antenor. Obviamente, como siempre, después de una serie de aventuras, de travesías, de luchas y monstruos fantásticos, la ópera se cierra con una alegre celebración del amor entre el protagonista y su fiel y atormentada amada. Una historia aparentemente tradicional, que bien hubiéramos podido osbervar en una ópera de Lully, se trasforma en las mano de Rameau y del escritor Charles-Antoine Le Clerc de la Bruère en una absoluta novedad.

Empecemos por el texto: dejando a un lado la rígida estructura en versos anapestos de la ópera de Lully, el libreto de Dardanus presenta un texto brillante y original, no solamente por su heterogeneidad métrica sino también por la fascinante alternancia de escenas maravillosas, mágicas, fantásticas y extremas (escena del mago Ismenor del II acto, escena del monstruo del IV acto) con escenas más íntimas y emotivas (introducción de Iphise del I acto y escena del sueño de Dardanus del III acto). Era todo lo que Rameau necesitaba para, finalmente, liberar sus fantasías, sus ideas musicales más brillantes y extremas. Dardanus es de hecho la ópera donde la inventiva y la originalidad musical de su compositor alcanza niveles casi insuperables.

El teatro está al centro, con sus tensiones, sus emociones, pero sobre todo con su significado y su estética. La música de Rameau se pone al servicio de la escena sin desaparecer en una posición de inferioridad. Con Lully y la ópera barroca en general (incluida la italiana) la música se limitaba a acompañar las emociones sin buscar profundidad, se unía al texto para crear un clima psicológico canónico y universal en donde todos vivían las emociones (casi) de la misma manera. Rameau cambia todo: su música, brillante, enérgica, elástica e increíblemente moderna, logra dar una nueva profundidad a lo que se vive en la escena. El texto junto al ritmo, a la melodía, a los instrumentos y a la estructura armónica de la partitura crean, por primera vez en la historia de la ópera, un espacio teatral más humano donde desaparece el valor universal de las emociones para mirar al individuo y a su complejidad existencial. Así cambia la música. Así cambia, para siempre, el teatro musical.

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